Escribió Miguel de Unamuno en un prólogo: “… qué más fina amistad que leerle a uno?” Y tiene razón, ya que de su autoría se cuentan más de cuarenta libros entre ensayos, novelas, relatos, obras de teatro y poesía. Destacan La tía Tula, Rimas de dentro, Amor y pedagogía, Niebla, Andanzas y visiones españolas.

A pesar de esa inmensidad de libros, y de otro tanto de lectores que tuvo antaño (Pedro Salinas los calificó como “devotos del maestro”) él es ahora otro escritor que engrosa la lista de los más leídos por sus frases célebres. Una de ellas sostiene: “¿No te entienden? Pues que te estudien o que te dejen; no has de rebajar tu alma a sus entendederas”.

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 1864—Salamanca, 1936), realizó sus estudios en Madrid y fue profesor de Lengua y Literatura Griega en la Universidad de Salamanca y rector de la misma en dos etapas: de 1900 a 1914 y de 1931 a 1936. Su vocación de maestro se reflejó en su obra escrita destacando la novela (o nivola) Amor y pedagogía, que es una crítica a la exagerada planeación pedagógica que deja al margen la espontaneidad.

Unamuno en su artículo “Mi primera visión de Méjico” (Revista Moderna de México. Febrero, 1907), informa de la juventud de su progenitor: “Mi buen padre fue lo que en mi tierra llaman un indiano. Salió jovencito de Vergara, su pueblo natal, y se fue a México en busca de fortuna. Residió en Tepic”. Escribió otro artículo titulado “Méjico y no México”. En él muestra su desconcierto en el cambio ortográfico de la “j” por la “x”. Y razona: “La tendencia natural de un idioma es a acercarse en su escritura a la ortografía fonética”. Y agrega: “…en el castellano domina la fonética”. Este texto fue escrito en 1898 y publicado en Madrid. Ahí, a vuela pluma afirma: “…la próspera república de Porfirio Díaz”… Dos años después estalló la Revolución mexicana.

Amado Nervo le envío cartas a Unamuno con motivo de sus colaboraciones en la Revista Moderna. En una de ellas le avisa: “Hemos transformado la Revista Moderna en un magazine mensual que, además de la literatura de antaño, se ocupará de ciencia y política…”. Aprovecha la misiva para agradecerle un artículo —de “juicio” lo califica Nervo—, sobre el libro Éxodo: “…tan sincero, tan generoso y en cual, a través de una rudeza de buena cepa, se transparenta el afecto”. Líneas antes, le comenta sobre el estilo: “…no vale la pena escribir si ha(n) de venir a decirse las mismas cosas que se han dicho hasta la saciedad, en la propia forma en que se han dicho”. La carta está fechada el 6 de octubre de 1903, en México; y luce al margen el sello: Casa Museo Unamuno.

Azorín en 1913 acuñó el término Generación del 98 para circunscribir a los escritores españoles que compartían una visión renovadora. Además de él, los otros fueron: Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle-Inclán y Antonio Machado. Fue el año en que España perdió a las Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Esto provocó que sus temas fueran, principalmente, la identidad nacional y el existencialismo.

Niebla, la mejor novela de Unamuno, es una nivola al decir del autor. Con este término o neologismo, la distingue de la narrativa del siglo XIX y anuncia otra forma de narrar: se privilegian los diálogos evitando las descripciones largas de paisajes y vida pasada de los personajes; y un elemento inusitado: el personaje dialoga con el autor. Otra característica es la temática donde se explora, entre otros temas, la existencia humana.

María Zambrano en su texto “La religión poética de Unamuno” sostiene: “…la religión que don Miguel aceptó no coincide exactamente con la católica, en la que nació y se crió. Y a la que nunca que se recuerde, presentó guerra”. Los personajes unamunianos viven en sus creencias, con la placidez de la costumbre.

Con Azorín, admirador de Unamuno y compañero de Generación, compartió, en lo político, su preocupación por la España de 1898; aunque lo hicieron en bandos distintos. Es de citar la crónica que escribió Azorín sobre la llegada de Unamuno, en 1906, a Madrid. En ella describe la emoción de la espera en la estación ferroviaria.  “…se trata de un hombre sincero, con personalidad original, fuerte, honda, y que, en todo caso, su discurso no será un discurso vulgar”, se lee en el cuerpo del texto.

Sabio, fue uno de los atributos con que se ha descrito a Unamuno. Se registra en “Genio y figura” una anécdota en donde un estudiante le pregunta por qué es sabio. Él contestó:  «No soy sabio, solo soy un hombre que ha leído mucho y ha pensado mucho sobre lo que ha leído».

El combativo Miguel de Unamuno fue desterrado a Fuerteventura por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera. Su vida fue un peregrinaje de actividades en las que resaltan dos: el escritor y Rector de la Universidad de Salamanca. Unamuno y Jugo sorprendió al rey Alfonso XIII y a los presentes cuando, en 1905, se le otorgó la insignia de Caballero Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII. En sus palabras de aceptación afirmó con franqueza: «Es para mí un honor recibir esta condecoración que tan merecidamente se me otorga».

—Don Miguel —contestó el Rey—, en estas ocasiones todos me dicen que no lo merecen.

—Los que eso dicen —reviró Unamuno—, suelen tener razón en la mayoría de los casos.

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