La falta de habilidades sociales y factores como la vergüenza al rechazo condicionan la posibilidad de que los adolescentes varones establezcan prácticas sexuales consensuadas con sus parejas u otras personas, revela una investigación realizada por Yunuén Hernández Díz, maestrante en Estudios de género del Centro Universitario de Ciencias Sociales (CUCSH) y Humanidades y colaboradora de la Defensoría de los Derechos UNiversitarios (DDU) de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
Como parte de la investigación y de su trabajo con varones adolescentes y jóvenes, Hernández Díz se dio cuenta que las prácticas sexuales sin consentimiento no suceden sólo por violencia, manipulación o coerción, sino por factores que tienen que ver con el manejo social y emocional.
“Con los adolescentes pasaba que de pronto había otros factores, como pueden ser las habilidades sociales, pero también distintos sentires, como ‘es que me daba mucha vergüenza ser rechazado, entonces, simplemente interpreté que como ella no se quitó, yo podía darle el beso’; o ‘me daba mucho miedo preguntar porque tal vez ella ya no querría tener nada conmigo’. Y aparecen otro tipo de experiencias que no necesariamente están vinculadas con la violencia sexual”, declaró.
Para el estudio entrevistó a 13 varones, de entre 15 y 24 años, a fin de mapear cómo cambian las interacciones de consentimiento a lo largo del desarrollo. En las etapas iniciales, la investigadora detectó que las primeras prácticas sexuales de los hombres suelen ocurrir con mujeres mayores, lo que introduce la variable de la edad como una relación de poder. Conforme los varones crecen, hacia los 20 ó 24 años, suelen tener la iniciativa donde el consentimiento se vuelve más complejo de negociar.

Las entrevistas mostraron que la mayoría de los hombres confían en el lenguaje no verbal para gestionar el consentimiento para iniciar o mantener vínculos de sexo afectivos con sus parejas, lo que propicia la ambigüedad en la comunicación; pues cada parte interpreta los hechos según su perspectiva, generando, a su vez, situaciones de posible violencia sexual.
Hernández Díz recalcó el miedo al rechazo que experimentan los varones ante las relaciones, la vulnerabilidad que eso les hace sentir y para lo cual no cuentan con redes de apoyo con otros hombres con quienes puedan procesar sus emociones. Esto es la semilla de la proliferación de comunidades de odio, como los llamados incels o la machósfera.
“Un fuerte miedo al rechazo, sobre todo en las primeras prácticas sexuales o en la adolescencia, pero que también se repetía en varones más grandes. Preferían no preguntar (a la pareja) para no tener que afrontar o cruzar este terreno emocional que implicaba un rechazo y saber que no tienen redes de apoyo, no tienen con quién hablar sobre este rechazo”, aseguró.
La también colaboradora de la Coordinación de Bienestar Integral del Sistema de Educación Media Superior, añadió que esta costumbre de no considerar el consentimiento proviene de las prácticas y formas de relacionarse entre varones cisgénero heterosexuales, en las que es común tener “juegos” que implican tocar los genitales, invadir o violentar los espacios o zonas íntimas sin preguntar.
“A partir de esta investigación me di cuenta de que la transgresión del consentimiento sexual no ocurre inicialmente en el cuerpo de las mujeres, sino en el cuerpo de otros hombres y de ahí, entonces, pasa a estas dinámicas con otras mujeres, en el caso de las relaciones heterosexuales”, explicó.

Tolerar esta falta de consentimiento implica, además, que adolescentes y jóvenes varones acepten vínculos o relaciones sexuales que no desean o con los que no se sienten agusto, debido a que hay un mandato de masculinidad que indica que un hombre siempre quiere tener sexo”, subrayó.
“Está este mandato de la hipersexualidad de que los hombres siempre tienen que estar disponibles, siempre tienen que estar buscando sexo o cualquier práctica sexual o pensar en ello. Esta creencia de que ‘el hombre propone y la mujer dispone’, pero es importante pensar en cómo otras expectativas, otros mandatos referidos a la masculinidad atraviesan el consentimiento sexual, como es el mandato de la invulnerabilidad masculina. El consentimiento sexual no es únicamente coital, sino relacional, lo que implica muchas veces atravesar este terreno que a los hombres se les ha prohibido desde esta masculinidad hegemónica”, aseguró.
Recomendaciones para gestionar el consentimiento:
- Priorizar la comunicación verbal: garantizar que ambas partes desean la práctica, evitando las interpretaciones erróneas del lenguaje no verbal.
- El consentimiento como ética del cuidado: entender el consentimiento como una responsabilidad de cuidado hacia la otra persona, independientemente del vínculo.
- Gestión emocional y redes de apoyo: que los hombres aprendan a gestionar el rechazo y aprender a gestionar la frustración sexual y atreverse a hablar de ella.
Crear espacios seguros: fomentar redes donde los varones puedan ser vulnerables, llorar o expresar miedo sin bromas que restauren la masculinidad hegemónica.









