Paralelamente a esta práctica, la UdeG comenzó a documentar los microbiomas del bosque. La investigación identificó microorganismos como Bacillus subtilis y Mycobacterium vaccae (bacterias no patógenas que se encuentran en lo suelos); ectomicorrizas (cooperación entre hongos y plantas) y fitoncidas (compuestos volátiles como aceites de árboles), entre otros procesos que se trasladan en el aire del bosque.
Los estudios revelaron que los vientos que llegan del Océano Pacífico atraviesan el valle hasta el bosque y siguen su camino cargados de microbioma.
“Atraviesan el bosque, los vientos se cargan de humedad y del microbioma del bosque que llega a la parte sur de Guadalajara: por esto se genera una condición de beneficio muy importante”, apuntó el investigador.
Además, la geodiversidad del Bosque la Primavera revela características que muchas veces los visitantes no advierten.
“Tenemos uno de los volcanes más pequeños, el Chiquihuite, hasta las imponentes montañas, pasando por mesetas, lomeríos y el emblemático Río Caliente, cada rincón cuenta una historia geológica de 140 mil años”.
Las aguas termales que salen del subsuelo —calentadas por la actividad volcánica aún presente— han sido valoradas desde tiempos mesoamericanos por sus propiedades curativas.
“Siguen teniendo esa misma calidad que reportaba Mariano de la Bárcenas a finales del siglo XIX: para tratamientos de la piel, el aparato digestivo, y esto es un punto importante”.
Hoy, el Río Caliente es un espacio familiar y recreativo que, insiste Curiel Ballesteros, puede recuperar su función terapéutica. En sus aguas habitan especies de peces y algas que se han adaptado al calor. Esto crea nichos que contribuyen a la regeneración del ecosistema.
Sin embargo, el bosque enfrenta presiones. Arturo Curiel explicó que cuando se elaboró el programa de manejo del bosque, se identificaron 27 amenazas que van desde el cambio de uso de suelo y los incendios forestales —que en este siglo han llegado a consumir 11 mil hectáreas— hasta la caza furtiva y la fragmentación por cercados que impiden la movilidad de venados y otras especies.
Uno de los episodios más críticos fue la exploración geotérmica de la CFE en los años ochenta.
“Nos quedamos sin geysers en los años 70 y, cuando comenzó la exploración en los años 80 bajo el impulso de Miguel de la Madrid, se les concesionó a la CFE 6 mil hectáreas”, dijo.
El contraste con el Parque Nacional Yellowstone es revelador: siendo el lugar con mayor potencial geotérmico del planeta, Yellowstone no permite explotación alguna porque ha priorizado otros valores: los descubrimientos científicos sobre el ADN humano a partir de microbios en sus aguas termales.
Frente a este panorama, los baños de bosque, con el microbioma que beneficia a los visitantes, son una herramienta de reconexión y de salud. No se trata solo de estar conscientes de los valores del bosque, tarea que continúa con la difusión de sus propiedades biológicas, sino unirlas con la experiencia sensorial.
«El sonido del río es importante para la tranquilidad y, de repente, meter la mano y tocar el agua. El sentido del tacto es importante, como el de la vista. La idea es vivirlo con todos los sentidos”, dijo.
Es una experiencia que invita a la pausa, a vivir el momento: oler, escuchar, tocar y sentir. Es más que un paisaje, es la fusión para disfrutar el bosque y agregarle una capa más de su importancia para el disfrute de nuestra y las futuras generaciones.