Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz, dictó la conferencia magistral «Cultura de Paz desde la Salud» en el marco del XXVII Congreso Internacional de Avances en Medicina (CIAM), donde destacó que los médicos son los misioneros de la salud que, al encontrar esa vocación, no sólo inyectan medicamentos, también felicidad y esperanza.
“Todos tenemos una salud de vida desde que llegamos al planeta: cargamos un código de vida y con una misión: es hermoso encontrar una misión al servicio tan fundamental y extraordinario, como la búsqueda de la felicidad que un médico inyecta y, al mismo tiempo, recupera la felicidad y esperanzas”, explicó.
La profesora de la UNAM y activista por los Derechos Humanos y los pueblos indígenas, dijo que la actual generación ha trabajado en generar conocimientos con la esperanza de que las próximas generaciones lo retomen con valores humanistas, el cual se transmitirá a través del legado intelectual y, por lo tanto, deberán cuidarlo como una misión de vida, social, intelectual y espiritual.
“Es una misión social y espiritual porque tocar la vida es tocar las energías más profundas de otro ser o de personas. Y, además, que estén preparados espiritualmente para encarar el curso de la vida para la humanidad”, dijo.
La Premio Nobel de la Paz también habló de la guerra, que la entiende como la ruptura violenta de la armonía global que afecta a la población más vulnerable como niñas, niños y mujeres y, en general, apresura la maduración de las nuevas generaciones, tal como a Menchú Tum le ocurrió en Guatemala cuando era niña.
“Cuando hablamos de la paz estamos hablando de la guerra, donde las víctimas son la población civil que no preparó su mente ni sus condiciones físicas, pues se prepararon para la vida, la fe y la convivencia armónica”.
Ella no evitó hablar de las consecuencias de los ataques de Estados Unidos, Israel e Irán, que traerán consecuencias sociales y medioambientales.
“Hablar de cultura de paz parece extraño sin que hable de drones: no soy insensible de lo que pasa en el Medio Oriente y soy la persona que no duerme parte de la noche porque me imagino las consecuencias para la madre naturaleza, el mar, oxígeno y células”.
Para Rigoberta Menchú, la paz es una obligación de todos, no sólo de los gobiernos o de los que venden armas, porque –propuso– la paz como la guerra, debe financiarse y negociarse desde los soldados para evitar masacres.
“¿Cómo expreso mi solidaridad? Ya no tengo solidaridad, tengo indignación, pero creo en la humanidad y las personas, porque debemos autoprotegernos con lo que tenemos”, concluyó Rigoberta Menchú.









