jueves, febrero 26, 2026
jueves 26, febrero, 2026
Fotografía: Adriana González

Mandatos invisibles: cuando amar significa ceder

Hay reglas no escritas que rigen los roles de género en una relación, sobre todo con respecto a lo que tienen o no tienen que hacer ellas. Estudiante del CUCSH creó un decálogo con base en entrevistas a jóvenes de Jalisco acerca de lo que se significa ser una “buena mujer”

Una joven consigue un ascenso con mejor remuneración económica en su empresa. Lo que debió ser un logro personal se transformó en un conflicto con la pareja que tenía en ese momento, también compañero de trabajo y al que ella le había conseguido el empleo. Sin decirle, el chico acude a recursos humanos para solicitar que igualaran su sueldo al de ella argumentando que eran pareja.

El encargado, también varón, accede a su petición y decide que el aumento sea dividido en partes iguales, pese a que ella tendría mucha más responsabilidad que él en el nuevo puesto. Cuando ella es notificada, sobreviene el enojo.

Al reclamar a la pareja, él le dice que es «histérica» y «dramática» por enojarse, argumentando que no importaba quién ganara más porque, al final, «el dinero sería para la casa», aunque no vivieran juntos. Ante su descontento, el encargado de recursos humanos le ofrece pagarle 200 pesos más que a él. La joven acepta con resignación y con rabia, pero también con la intención de no hacer más grande el problema con la pareja.

La historia ilustra cómo la autonomía financiera y profesional suele ser minimizada o bloqueada cuando se trata de mujeres y cómo la estructura laboral interviene para proteger la masculinidad de la pareja.

“Ningún otro compañero de trabajo tendría derecho a decir, ‘si ella está ganando más, iguálanos los sueldos’, pero como era su pareja, tanto él como el de recursos humanos decidieron que era una buena idea hacerlo”, afirma Damara Anguiano, maestrante de Estudios de Género en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Fotografía: Adriana González

Anguiano, psicoanalista con larga experiencia profesional, desarrolló una investigación acerca de lo que significa “ser una buena mujer” entre las jóvenes de Jalisco. Ahí se encontró con relatos como el de la joven profesionista y otros más que denotan cómo la cultura educa a la mujer para “ceder lo propio a condición de ser amada” y que muchas mujeres se quedan en relaciones no satisfactorias, sacrificando deseos o sueños personales y profesionales.

Podría pensarse que mujeres con estudios universitarios e incluso posgrado tienen más herramientas para detectar los diferentes tipos de violencias y evitarlos, quizás para algunas es así, pero en muchos casos los mandatos de género se quedan pegados en el inconsciente de las mujeres dejando pasar situaciones con las parejas con tal de no inquietarlos.

Mientras que la violencia física es evidente, mediante golpes o agresiones, la violencia psicológica y sexual suele camuflarse bajo lo que se considera la «normalidad» en las relaciones de pareja.

“La forma en la que nos van educando y criando desde que somos pequeñas, estructura este tejido psíquico que nos invita siempre a estar cediendo, que es mi hipótesis fundamental. Tiene que ver con que nos educan para ceder de manera amable y comprensiva y alegre; ceder lo propio a condición de ser amada, porque si no cedes, en primera no te van a dar amor; en segunda, corres el riesgo de que alguien llegue a arrebatártelo”, explica la investigadora.

Tras entrevistar a 18 mujeres entre 19 y 33 años, Anguiano estructuró sus historias en 10 mandatos o reglas no escritas que operan en la psique femenina y se hacen evidentes en la manera en cómo se desarrollan sus relaciones de pareja.

Las mujeres suelen querer ser funcionales en las relaciones, es decir, asumen la responsabilidad total de que la pareja funcione, que vaya bien y que no se note cuando va mal.

Fotografía: Adriana González

Una persona entrevistada para esta nota contó que su pareja siempre se enojaba porque llegaba tarde de trabajar. En vez de hacer más fácil su llegada a casa, él cenaba sin lavar trastes, se bañaba sin recoger la ropa sucia y se iba a dormir. Ella tenía que hacerse cargo y, además, tenía que buscarle al otro día para preguntarle por qué estaba enojado y le hacía desayuno para tenerlo contento.

Ella sentía que trabajaba mucho y “dejaba de atenderlo” por poner primero su profesión. Él jamás hizo algo para facilitarle la vida en las labores de casa. Estas actitudes tienen que ver con la responsabilidad que se atribuye a las mujeres para que todo y todos a su alrededor marchen bien.

“Varias lo dijeron explícitamente: ‘yo siento que a las mujeres nos toca hacer que las relaciones de pareja funcionen’. Y cada vez que hay un problema, nosotras proponemos hablar del tema y cada vez que hay un conflicto, nosotras proponemos resolver el conflicto y cada vez que hay algo que sale mal, nosotras somos las que tenemos que decir ‘bueno, vamos hablando”, afirmó Anguiano.

Por el contrario, si una mujer reclama o se enoja ante un problema o actitud de la pareja es tachada de “problemática”, de “histérica”, de que no está conforme con nada o que está “loca” por ver conflicto donde supuestamente no lo hay. Incluso en estos casos, son ellas las que tienen que olvidar el tema rápido, porque para una mujer no está bien sentir ira.

A una de las participantes de la investigación, la pareja le fue infiel. Cuando ella se entera, se enoja y lo termina. Él vuelve a buscarla con flores y chocolates pidiendo perdón y jurando que no lo volverá a hacer. Ella se lo piensa unas semanas, mientras la expareja insiste con regalos de por medio. Al final, ella lo perdona y reanudan la relación.

Unos días después él asistiría a una fiesta y ella se siente insegura porque la infidelidad sucedió justo en una fiesta a la que él fue. Ella le reclama por ir solo y la pareja le dice “esto ya lo hablamos y tú ya me perdonaste. Así es que a partir de ahora si te enojas por algo que ya perdonaste, pues vas a hacer que terminemos porque no eres capaz de perdonar rápido”.

“Hay una dificultad acerca de que una mujer se relacione con su ira. La ira está culturalmente designada para los hombres y, entonces, es muy difícil para las chicas que expresan su ira. Cuando se enojan son tachadas de dramáticas, histéricas, locas. A muchísimas les decían ‘estás loca’ incluso cuando él era infiel. Algunas llegaron a la conclusión de que todos los hombres son infieles, entonces, si me ponen el cuerno, ya no hago drama porque ¿qué puedo hacer si así son todos? Como una especie de resignación ante ello”, explicó Anguiano.

Fotografía: Adriana González

Una persona entrevistada para esta nota contó que su pareja siempre se enojaba porque llegaba tarde de trabajar. En vez de hacer más fácil su llegada a casa, él cenaba sin lavar trastes, se bañaba sin recoger la ropa sucia y se iba a dormir. Ella tenía que hacerse cargo y, además, tenía que buscarle al otro día para preguntarle por qué estaba enojado y le hacía desayuno para tenerlo contento.

Ella sentía que trabajaba mucho y “dejaba de atenderlo” por poner primero su profesión. Él jamás hizo algo para facilitarle la vida en las labores de casa. Estas actitudes tienen que ver con la responsabilidad que se atribuye a las mujeres para que todo y todos a su alrededor marchen bien.

“Varias lo dijeron explícitamente: ‘yo siento que a las mujeres nos toca hacer que las relaciones de pareja funcionen’. Y cada vez que hay un problema, nosotras proponemos hablar del tema y cada vez que hay un conflicto, nosotras proponemos resolver el conflicto y cada vez que hay algo que sale mal, nosotras somos las que tenemos que decir ‘bueno, vamos hablando”, afirmó Anguiano.

Por el contrario, si una mujer reclama o se enoja ante un problema o actitud de la pareja es tachada de “problemática”, de “histérica”, de que no está conforme con nada o que está “loca” por ver conflicto donde supuestamente no lo hay. Incluso en estos casos, son ellas las que tienen que olvidar el tema rápido, porque para una mujer no está bien sentir ira.

A una de las participantes de la investigación, la pareja le fue infiel. Cuando ella se entera, se enoja y lo termina. Él vuelve a buscarla con flores y chocolates pidiendo perdón y jurando que no lo volverá a hacer. Ella se lo piensa unas semanas, mientras la expareja insiste con regalos de por medio. Al final, ella lo perdona y reanudan la relación.

Unos días después él asistiría a una fiesta y ella se siente insegura porque la infidelidad sucedió justo en una fiesta a la que él fue. Ella le reclama por ir solo y la pareja le dice “esto ya lo hablamos y tú ya me perdonaste. Así es que a partir de ahora si te enojas por algo que ya perdonaste, pues vas a hacer que terminemos porque no eres capaz de perdonar rápido”.

“Hay una dificultad acerca de que una mujer se relacione con su ira. La ira está culturalmente designada para los hombres y, entonces, es muy difícil para las chicas que expresan su ira. Cuando se enojan son tachadas de dramáticas, histéricas, locas. A muchísimas les decían ‘estás loca’ incluso cuando él era infiel. Algunas llegaron a la conclusión de que todos los hombres son infieles, entonces, si me ponen el cuerno, ya no hago drama porque ¿qué puedo hacer si así son todos? Como una especie de resignación ante ello”, explicó Anguiano.

Esta idea de la responsabilidad única y de no enojarse es reforzada por la familia o las amistades que les piden a ellas esforzarse más en querer a la pareja, porque “a los hombres que te quieren no se les deja”, añadió.

Para la investigadora, estas historias representan a muchas otras mujeres que se quedan en relaciones en las que no son respetadas, ni están a gusto o contentas incluso entre mujeres a las que no les une ningún vínculo de matrimonio, financiero o de hijas e hijos con las parejas.

“Estos mandatos no intentan agotar todo, pero me parece que son una buena pista para desenredar eso que nos puede pasar a un montón de mujeres en las relaciones de pareja, que es que amar, para muchas, se convierte en un lugar muy peligroso, a veces físicamente porque hay hombres que son violentos, pero también peligroso simplemente en relación a tus sueños, a no poder cumplirlos”, concluyó.

Fotografía: Adriana González

Los 10 mandatos:

Menospreciarás lo femenino

“Es que a veces no está chido ser tan emocional, sería mejor ser más racional y no enamorarse”.

Harás funcionar las relaciones

“Entonces, sin querer, no porque así deba ser, nosotras somos las que negociamos, las que hablamos, las que planteamos, las que expresamos”.

Le perdonarás rápido.

“Es que sí me costó mucho trabajo identificar que yo me enojaba, porque sentía que las mujeres buenas no se enojan”.

Buscar ser elegida

“Como que la sociedad te enseña que una mujer siempre tiene que estar con un hombre porque puedes ser todo lo demás, o sea, puedes ser bonita, puedes estar delgada, puedes tener un súper trabajo y no sé qué; pero si te falta una pareja es así como que ‘entonces hay algo mal con ella”.

No desearás

“Yo perdí muchas de mis actividades cuando estuve en esta relación, por ejemplo, para mí el ejercicio es súper importante, entonces yo dejé el ejercicio todo ese tiempo que estuve con él”.

Harás de su deseo tu único deseo

“El problema fue que nos empezamos a volver nosotros dos y ya; o sea, algo que no me gustó fue que en la secundaria y en la prepa no tuve tantos amigos porque mi vida era él”.

No abandonarás a un hombre

“Mientras estuvimos juntos era impensable que yo pensara irme a otra ciudad o país a estudiar, porque ¿cómo lo iba a dejar, aunque fuera por un tiempo?”.

Llorarás, pero nunca harás llorar

“Y yo ya no quería estar con él, ya teníamos mucho tiempo juntos y yo quería tener otros novios porque estaba muy chica para quedarme con el primero, pero cada vez que lo quería terminar él se ponía a llorar y pues terminaba dándole otra oportunidad para no ser mala, él casi nunca lloraba”.

Aceptarás el castigo

“En su molestia me acuerdo que primero duró dos días sin contestarme mensaje y yo lo veía que seguía comentando en grupos y compartiendo cosas en las redes y a mí me ignoraba y ya después de dos días que me estuvo ignorando ya me empezó a responder, pero muy frío y eso para mí era muy doloroso, era como: es culpa mía, porque no hice lo que quería”.

Cederás a pesar tuyo

´”Ya de ahí para acá ya ha ido muy bien la relación, como ya no le hablo a los que eran mis amigos, no hubo problema”.

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