jueves, octubre 29, 2026
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Lo que el hospital les ha enseñado a dos internos del CUCS

Como parte del Día del médico, un par de estudiantes de pregrado recuerdan cómo nació su vocación y qué es eso que los mantiene dentro de esa profesión

Héctor Yahir Meléndez Jacobo, hoy médico interno de pregrado del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), esperaba su cita en el séptimo piso del Hospital Civil nuevo cuando salió un doctor disfrazado. Héctor era paciente de oncohematología pediátrica, donde lo veían desde su primera cirugía. Había visto al doctor así muchas veces: salía vestido de personaje para hablar con los niños y a veces tenía disfraces para que ellos también se los pusieran, aunque nunca fue su médico tratante.

Aquel día el doctor pidió atención a todos en la sala, presentó a un paciente, resumió su historia y su diagnóstico, y pidió un aplauso: el paciente había terminado su tratamiento contra el cáncer. Era la primera vez que Héctor veía a un niño tocar la campana, algo que afortunadamente hoy en día ocurre con frecuencia en ese piso.

“No suelo ser muy emocional, por así decirlo”, dice Héctor. Había señoras, niños y su mamá, que lloraba. “Les daba mucho gusto que el niño ya hubiera terminado su tratamiento y que ya estuviera bien”, explicó.

Le gustó que el doctor se disfrazara para acercarse a los pacientes y que, además, hiciera lo mismo cada vez que un niño se curaba. “Ese día dije que yo quería hacer algo así”, comenta. Poco después le dijeron que tenía que operarse de nuevo. El día de esa cirugía le dijo a su mamá que si salía bien, sería doctor y trataría de ayudar a otros como lo habían ayudado a él.

Con sus pacientes empieza por presentarse y preguntarles qué les ha pasado y qué cosas les gustan. Esa plática les da confianza a ellos y abre paso a preguntas más específicas para poder tratarlos mejor. También observa cómo se comunican los doctores, los residentes y sus compañeros, y toma lo que les funciona para hacerlo a su manera.

“Es una situación en la que estás en un hospital, pero nadie quiere estar en un hospital. Estás tenso, y que alguien te trate con calidez hace que te sientas más cómodo”, dice.

En el marco del Día del médico, la experiencia de Susana Vidal Fernández, médica interna de pregrado, muestra otra cara del internado, pues ella empezó con miedo. “Los primeros dos meses sentía ansiedad y miedo constantemente”, comenta.

“Es muy fácil dudar de todo lo que haces en el hospital o sentirte insuficiente”, relata. Con el tiempo encontró cómo manejar esas dudas, y asegura que la ayudaron quienes la rodean. “Las personas tan amables y maravillosas que me rodean me han ayudado mucho a sentirme cómoda y feliz”, explica.

Recuerda con claridad el parto de un bebé que no sobrevivió. “Ver el sufrimiento de una madre que no pudo experimentar ni unos segundos con su hijo, ha sido de los eventos más trágicos que me ha tocado ver en toda mi vida”, dice Susana. Sabe que no siempre se puede intervenir. “Ocasiones como ésa me recuerdan que muchas veces no podemos hacer nada más que acompañar a otros humanos en lo que son los peores momentos de sus vidas”.

Aun así, describe el internado como “un trabajo pesado como cualquier otro”, en el que se aprende algo todos los días. “Aunque tu rol no es el más importante, eres parte del engranaje que permite que el hospital funcione y aprecias el poder ser parte de algo mucho más grande que tú”, concluye Susana, al resumir el sentido formativo de su estancia en el hospital.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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