Las abejas son vida

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Con un zumbido agudo, y el vaivén de las abejas, la adrenalina crece. El ahumador las ahuyenta de los visitantes del colmenar, quienes están protegidos con un traje y una máscara; los insectos pican y no llegan a la piel gracias a los guantes. Los más experimentados se cubren tan sólo el rostro: son tolerantes al veneno y están acostumbrados al dolor.

Sergio Álvarez Barajas y Rafael Ordaz Briseño, académicos de la Universidad de Guadalajara, rondan la colmena; uno echa humo, el otro lleva un aparato elaborado por un alumno, que es más económico que el comercial, el que con una descarga eléctrica atrae a los insectos, y éstos pican un guante de laboratorio que recolecta el veneno.

Al imaginar a las abejas, la mayoría de las veces las personas piensan en sonidos y picaduras, pero poco sabemos respecto a sus metabolitos (productos): miel, propoleo, polen, cera. Además está el veneno que sirve como tratamiento médico; algunos de estos conocimientos son milenarios.

Veneno sanador
A uno de los académicos le duele un brazo. Entre sus dedos tiene a una abeja y se entierra el aguijón. Después la retira. El órgano permanece inyectando el líquido. En segundos la piel se inflama más que con una picadura de mosco: “Hay destrucción celular localizada”, dice, pero en 10 minutos terminará el dolor de la picadura, el del brazo y la abeja morirá”.

La apitoxina, es decir, el veneno de la abeja, en particular de la especie Apis mellifera, ha sido probada por los estudiosos del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), de la UdeG, contra más de 100 enfermedades: afecciones como hipertensión, diabetes, fibromialgia e infecciones digestivas, respiratorias, hasta en los ojos, todas con resultados favorables.

“Cuando no hay una sanación completa, existe control”, explica el biólogo y médico Álvarez Barajas, adscrito al Departamento de Biología Celular y Molecular. Por ejemplo, con este tratamiento un diabético ya no requiere inyectarse insulina, porque “el veneno de la abeja será el promotor en la fabricación de la misma”.

Las propiedades de la cera como cicatrizante ya eran conocidas por Álvarez Barajas, quien la estabilizó y aplicó en heridas, escoriaciones e intervenciones quirúrgicas. Elaboraron un ungüento con cera y apitoxina (con nueve antibióticos naturales), aceleraron la cicatrización en cuatro días y evitaron infecciones por virus o bacterias. Aplicado en las dosis adecuadas, considera que tiene más beneficios y es más rápida la curación.

Tratan casos de VIH-SIDA
Otro avance preliminar demuestra que el uso de la apitoxina y el propoleo deterioran los virus causantes del SIDA y promueven el crecimiento de defensas en el organismo. “La combinación entre apitoxina y propoleo hacen una poderosa mezcla, que permite la destrucción de la capside (cápsula) del virus del SIDA. No solamente lo decimos nosotros en nuestras investigaciones. También lo dice la Universidad de Washington y varias en Argentina y España. Entonces, estamos a la par en este tipo investigaciones”.

En la actualidad, los académicos del CUCBA impulsan un programa de apoyo a 25 pacientes con SIDA. Con el tratamiento han mejorado su calidad de vida y han resuelto infecciones oportunistas, como sífilis y tuberculosis. Uno de los pacientes, “con el aumento de los CD4, CD8 y CD20, que son células del sistema inmunológico, con evidencias de análisis clínicos, podemos asegurar que ya no tiene tuberculosis”.

Sin miedo por conocerlas y cuidarlas
Ordaz Briseño, vestido con una camisa de mezclilla de manga larga, se para entre las abejas. No tiene miedo. Está al pendiente de su alimentación, reproducción y sanidad. Para él representan “la vida”.
Con más de 35 años dedicado a estos insectos, Ordaz Briseño es responsable del apiario del CUCBA, espacio adscrito al Departamento de Producción Animal, donde capacita a biólogos, agrónomos, veterinarios y, junto con Álvarez Barajas, realizan estudios sobre apitoxina desde hace más de cinco años.

La meta es seguir estudiando y trabajando para “obtener nuevos tratamientos” contra enfermedades. Reconoce que aunque “no es una panacea, sí tiene muchas cosas que todavía no hemos descubierto”.
Para realizar más estudios y mejorar instalaciones, pide más apoyo y recursos, así como la participación de más alumnos en esta área, a fin de obtener más conocimientos y dar solución a los males humanos.

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