Pese a la recolección y reciclaje de los plásticos, una buena parte de ellos llega a ríos, océanos y lagunas, donde poco a poco se degradan hasta convertirse en pequeñísimos fragmentos que se dispersan en el medio ambiente, e incluso en los organismos de los seres vivos.
“Con el tiempo estos plásticos se van erosionando y generando microplásticos. Y éstos son una problemática mucho mayor, porque no podemos recolectarlos, no podemos hacer nada”, advirtió Balcazar López.
Los microplásticos no sólo permanecen en el ambiente, abstractos e inamovibles; estos compuestos se han convertido en más que basura, desintegrándose como nanopartículas casi imperceptibles que se elevan en el aire o que llegan a cuerpos de agua, de donde posteriormente se abastecen los sistemas de distribución de líquido, haciendo que ingresen al organismo de miles de personas.
Aunque todavía no existen estudios concluyentes sobre los daños que pueden producir los microplásticos en los seres vivos, científicos en Estados Unidos han llevado a cabo experimentos en modelos in vitro y modelos animales reportando daño al ADN y alteraciones genéticas, que son considerados factores de riesgo para la aparición de distintos cánceres.
En el artículo “Impacto potencial de los microplásticos en la salud: una revisión de su distribución ambiental, exposición humana y efectos tóxicos”, del Centro de investigaciones en ciencias ecoambientales de la Academia China de Ciencias, se recopiló información que revela que la circulación sanguínea puede transportar microplásticos a órganos del cuerpo como el bazo, el hígado, los pulmones y, en mayor medida, el colon, e incluso pueden aparecer en la leche materna, las heces o la placenta.
“La aparición de microplásticos en la placenta humana enfatiza aún más que estos químicos no degradables tienen una influencia intergeneracional potencial en el cuerpo humano y pueden afectar al feto en desarrollo. Por lo tanto, se debe prestar más atención al impacto potencial de la exposición temprana de los bebés y el desarrollo temprano de los embriones”, refiere el estudio.
Por otra parte, la presencia de estos microplásticos también se ha documentado en espacios como playas y mares, resultado de la disolución de materiales más grandes o debido a la contaminación que producen actividades industriales que generan aguas negras y residuales.
Desde planteles como el Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) se ha documentado la presencia de estos microplásticos en el zooplancton y en otros organismos marinos que sirven como alimento para otras especies, revelando que estas nanopartículas están altamente presentes en las zonas más cercanas a la franja urbana.
“Estas especies se alimentan principalmente de la materia orgánica de su hábitat, donde se encuentran los microplásticos; al consumirlos, se quedan dentro de su organismo, evitando su crecimiento, debilitando su vida y la de sus especies depredadoras (invertebrados acuáticos, corales y hasta peces y mamíferos más grandes como ballenas y tiburones ballena), que luego son consumidos por los humanos”, alertó hace unos años la doctora Eva Rose Kozak, investigadora del CUCSur.