viernes, agosto 21, 2026
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La memoria contra el despojo: el rescate del hospital Hilarión Romero Gil

Gracias al trabajo conjunto de un patronato y un arquitecto egresado de la UdeG, hace unos años pudo salvarse de la demolición este edificio ubicado en Ameca; sin embargo, después de una parcial restauración y su reapertura como centro cultural protegido por el INAH, el edificio ahora enfrenta otra amenaza: el abandono

Especial

Hace unos años, el tiempo comenzó a borrar el escudo de la V Región Militar. Pero aún se distinguen una estrella y segmentos de la banda tricolor en la barda perimetral. Detrás del muro emerge el Centro cultural regional Hilarión Romero Gil, un antiguo hospital de estilo afrancesado construido hace más de un siglo. Sin embargo, ese edificio estuvo a punto de desaparecer a principios del año 2000: el Ejército planeaba demoler su viejo cuartel a fin de construir viviendas para militares.

Una mañana de por aquellos años, el arquitecto egresado de la Universidad de Guadalajara, José Asunción Flores Castellanos, recibió a un grupo de ancianos representantes del Patronato de beneficencia privada Hilarión Romero Gil, fundado en 1953, en la oficina del Instituto de investigaciones sobre centros históricos y patrimonio cultural, AC, quienes le mostraron documentos y le advirtieron del riesgo que corría el edificio. Le pidieron ayuda.

El arquitecto se apersonó en el Centro INAH Jalisco a denunciar la arbitrariedad, pero le negaron la posibilidad de declarar el inmueble como monumento histórico. Argumentaron que el número inscrito en la fachada, 1901, lo dejaba sin la protección federal; así comenzó una disputa en los terrenos del archivo y la burocracia, con expedientes, fotografías y testimonios para intentar salvar el edificio.

La voluntad de Hilarión

El arquitecto Flores Castellanos examinó una copia del testamento del filántropo Hilarión Romero Gil, donde descubrió una cláusula que ordenaba construir hospitales con la venta de La Estanzuela, hacienda ubicada en Teuchitlán, “… para fundar y sostener un hospital en la Villa de Mascota: la segunda, para fundar y sostener otro en la ciudad de Ameca…”.

Tras la muerte del mecenas, acaecida el 28 de enero 1899, su última voluntad tomó forma: se integró la junta de la Fundación de beneficencia Hilarión Romero Gil, que planeó y levantó los nosocomios.

El hospital de Ameca, de estilo afrancesado, lo diseñó el ingeniero y arquitecto Guillermo de Alba. Se terminó de construir en 1901, año en que también comenzó a atender a pacientes. Pero nadie contaba con la Revolución: entre 1912 y 1913, las facciones revolucionarias se asentaron en Ameca

Un año después, los generales le pidieron al patronato un ala del hospital para atender a sus heridos. Aceptaron. Tal vez pensaron que sería temporal: nunca recuperaron el edificio.

El Ejército, en vez de entregarlo, echó a los médicos y heridos”, explica Flores Castellanos.

Copia del testamento de Romero Gil fechado en 1889. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos
Arquitecto José A. Flores Castellanos

“Un Infonavit para soldados”

El arquitecto viajó a Ameca para reconstruir la historia. Comprobó que el Ejército usó el viejo hospital como cuartel de caballería. También fue escuela militar y hasta una cancha de tenis.

En el año 2000, era una bodega. 

“Y se les ocurrió demolerlo para hacer unos edificios tipo Infonavit”, detalló el arquitecto. Cuando conoció el proyecto, la decisión estaba tomada: existía una maqueta y los permisos ya estaban autorizados.

Primer Patronato Hilarión Romero Gil

El arquitecto acudió entonces a la Procuraduría de Desarrollo Urbano (Prodeur), donde le expuso al procurador en turno, Jaime Cuevas Adame, los planes de los militares en un inmueble de valor patrimonial.

“Planteé que se trataba de un edificio cuya construcción se terminó en el siglo XX, pero su concepción e inicio de obra ocurrió en el siglo XIX”.

El 11 de abril de 2000, el periódico Público informó: “Sedena regresará finca que ocupó durante 83 años”.

En la nota citan al presidente municipal de Ameca, Marco Antonio Pérez Hernández, quien aseguraba que el Ejército devolvería la finca por una “mediación de la Presidencia de la República ante el alto mando de la Sedena”. La XV Zona Militar haría los trámites para la entrega.

Además, el día 17 de abril, la Prodeur envió a los medios un boletín informativo sobre la posible intervención y rehabilitación del lugar.

La visibilidad pública del asunto dio un respiro al arquitecto y al patronato. Había voluntad política, pero faltaba la declaratoria del INAH y pruebas irrefutables.

Oficio de Prodeur. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos

Carrera por evidencias

Flores Castellanos trabajó, junto con el patronato, para reunir evidencia, redactar un proyecto técnico y así acreditar el valor histórico del inmueble.

Durante algunos meses analizó el testamento que le había entregado el patronato para ubicar temporalmente el inicio de las obras. Además, reunió fotografías de la época y consiguió una imágen aérea del hospital. También buscó testimonios.

Uno de ellos fue el del cronista de Ameca, Francisco Mejía Mata, quien acreditó el inicio de la construcción del hospital en el siglo XIX .

“A mediados del año 1899 se iniciaron los trámites legales para que la fundación Hilarión Romero Gil tuviera el reconocimiento respectivo y cumplir la voluntad del benefactor de esta región jalisciense”, se lee en el dictamen.

El proyecto se presentó a la directora del Centro INAH Jalisco, Maribel Miró Flaquer. “Aceptó que se trataba de un edificio del siglo XIX”, cuenta el arquitecto Flores Castellanos.

El dictamen técnico 00/IX/036/SMHIST-V llegó el 14 de septiembre de 2000. Éste le confería al inmueble protección, conservación y restauración como monumento histórico civil relevante.

Después de la inspección de la obra, se suspendió el proyecto. Pero faltaba una pieza para acreditar la propiedad del patronato.

Dictamen técnico del exhospital. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos

El contrato

En el dictamen, el cronista narra que en 1914, año de la ocupación del lugar, los soldados quemaron papeles relacionados con la propiedad. La suerte, o mejor, la apertura de expedientes militares en el gobierno de Vicente Fox, le sonrieron al arquitecto Flores Castellanos: recibió una caja con documentos.

De allí extrajo un documento inesperado, un contrato de arrendamiento. Los militares lo habían ocultado durante la administración del general Marcelino García Barragán cuando dirigió la Sedena, hacia la década de los 60 del siglo pasado.

El jefe de ingenieros de la V Región Militar, mayor Rogelio Brambila Pelayo y el presidente del patronato, Anselmo Ramírez Meza, firmaron el contrato para arrendar el lugar el primer día de 1955 por 500 pesos mensuales.

“Con este documento y una copia de escritura que tenía el patronato emprendimos un juicio ad perpetuam: se hizo valer la copia, como si fuera original. Logramos acreditar la propiedad”.

Dictamen técnico del exhospital. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos

Una restauración incompleta

En una ceremonia, la Sedena devolvió el antiguo nosocomio el 9 de enero de 2002. Del porche del edificio retiraron el fragmento del texto de un presidente. Del interior extrajeron la heráldica, escudos e insignias militares.

En agosto del mismo año, el patronato cedió en comodato el exhospital al municipio de Ameca para euso exclusivo de actividades culturales, con la condición de darle mantenimiento.

Para revertir los daños de más de ocho décadas, el arquitecto presentó un proyecto de restauración en siete etapas, de las que sólo se ejecutaron tres, para consolidar los muros de carga de las primeras secciones.

Sin embargo, el proyecto de restauración quedó a medias.

Hace por lo menos quince años, la administración municipal en turno dejó de enviar los informes obligatorios al Conaculta, del que recibían fondos federales. La falta de interés sacó al sitio de la lista de beneficiarios de apoyos para la restauración.

“El proyecto se dejó de lado porque un presidente municipal ya no le quiso seguir. Habría que retomarlo, porque le falta mucho, 60 por ciento”.

El escudo militar de la barda casi ha desaparecido del muro. El edificio permanece. Pero ahora la amenaza ya no viene de una demolición, sino del abandono.

Dictamen técnico del exhospital. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos
Dictamen técnico del exhospital. Cortesía del arquitecto Flores Castellanos

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