viernes, agosto 14, 2026
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La juventud que falta en Jalisco

Cada vez más jóvenes son “levantados” mientras buscan trabajo. Este es el perfil de muchos de los miles de desaparecidos que engrosan las estadísticas en Jalisco. En tanto, los colectivos, que hacen su labor entre la indiferencia y muchas veces la discriminación, siguen su búsqueda incansable

Especial

Frente a la mirada extrañada de los paseantes dominicales del Centro tapatío, Héctor Flores pega la primera cédula de búsqueda de la jornada en un poste de la calle Corona. Es la fotografía de su hijo Héctor Daniel Flores Fernández. Antes de continuar, se detiene a mirar el rostro de Dani, cuya esposa esperaba a una bebé; él trabajaba como mesero y aprendía a reparar motocicletas, una pasión compartida con su papá. Pero su vida se interrumpió el 18 de mayo de 2021 cuando supuestos policías lo sacaron a la fuerza de su casa y se lo llevaron.

El de Héctor Daniel es uno de entre los 16 mil 192 rostros de personas desaparecidas en Jalisco registradas desde 1965. Como él, que tenía 20 años al momento de su desaparición, cuatro de cada diez personas ausentes en la entidad tienen entre 14 y 29 años, de acuerdo con cifras estatales y federales. Pero la edad de las víctimas sigue bajando

Dolores del Carmen Chinas Salazar, coordinadora del Comité universitario de Análisis en materia de personas desaparecidas del CUCSH, explicó que históricamente el perfil se concentraba entre los 18 y 24 años. “Sin embargo, desde hace poco más de dos años el rango de personas desaparecidas es más joven, abarca de 15 a 19 años”, apuntó.

En el año 2024 el Registro estatal de desapariciones contabilizó en Jalisco 91 casos de jóvenes en este grupo de edad; para 2025 la cifra subió a 119, un incremento de 25 por ciento.

Esta estadística toma forma en la Plaza de Armas de Guadalajara. Como cada domingo, las familias del colectivo Luz de esperanza despliegan decenas de rostros en lonas donde predominan miradas jóvenes. La tendencia se reafirma con el pegamento de las más de dos mil fichas que se adhieren a postes, bolardos y, en esta ocasión, en las rejas que blindan el Palacio de Gobierno.

Héctor Daniel Flores Fernández y Dolores del Carmen Chinas Salazar, pegando fichas de jovenes desaparecidos en GDL.

Buscan ganarse la vida, y ¿a dónde van?

Para Chinas Salazar el contexto de inseguridad en Jalisco pone a la juventud en condiciones de vulnerabilidad, aprovechadas por la delincuencia organizada para el reclutamiento forzado, una de las explicaciones sobre el paradero de los jóvenes desaparecidos. “Ocurre desde el año pasado y de manera muy clara, con las falsas ofertas de empleo”, advirtió. 

Estos jóvenes no buscan integrarse conscientemente a las filas de la delincuencia, sino que son engañados al intentar mejorar sus condiciones de vida: “Una vez que llegan a ese lugar, ya no les permiten regresar con sus familias”, dijo.

Héctor Flores coincidió en que el crimen organizado amplió sus redes para el reclutamiento. Utiliza plataformas como TikTok, Instagram y Facebook –e incluso a otros jóvenes– para sumarlos al trabajo agrícola o a las células criminales.

“Sabemos de casos documentados sobre pizca de fruta en Jalisco, como en las berries en Ocotlán y Jocotepec, o el limón y aguacate en otras regiones. También se los están llevando a Tamaulipas. Es una esclavitud moderna”, denunció el buscador. 

Explicó que el crimen organizado se beneficia de personas más jóvenes para facilitar el reclutamiento. “A muchos se los llevan a morir. Se escucha muy feo, pero para el crimen organizado es más rentable porque, cuando ya no los necesitan, los matan. Es muy difícil que los liberen”, explicó.

Chinas Salazar planteó que la falta de generación de empleo formal es un modo de violencia estructural del Estado que impulsa a los jóvenes a tomar propuestas riesgosas. “Si un joven tiene necesidad de trabajar, que lo haga de forma segura, cuidada y vigilada por las autoridades laborales para evitar que sean víctimas de estos engaños”, pide.

Integrantes y volutarios del colectivo Luz de esperanza. Foto: Adrián Montiel

Buscarlos

“Me encuentro en esta situación no porque yo quiera, sino porque me veo obligado a buscar a mi hijo que está desaparecido”, contó Raúl Servín sobre la ausencia de su hijo Raúl Servín Galván, de 20 años, visto por última vez el martes 10 de abril de 2018.

Supo que su hijo quiso ayudar a uno de sus amigos al que mantenían hincado y encañonado personas armadas en la colonia Los Cántaros, de Tlajomulco de Zúñiga. Se lo llevaron a él, y dejaron al amigo.

Desde entonces Raúl ha inspeccionado cerros, lotes baldíos y casas abandonadas. Lo hace con varilla, pico y pala, desvelado tras largas jornadas como mesero. Escarba la tierra, descubre fosas y revisa restos para acortar la brecha entre él y su hijo.

“Tengo la necesidad de localizar a mi hijo y también voy a encontrar a los que Dios nos ponga en el camino”, dice.

Con esa misma convicción acudió a la prospección del rancho Izaguirre, junto con el colectivo Guerreros buscadores. “Mi primera impresión fue muy triste y devastadora al ver esas prendas tiradas, esos aparatos y objetos personales de los que pasaron por ahí”.

Entre los más de mil 800 objetos documentados por periodistas y activistas había pantalones de mezclilla, playeras, ropa interior de mujeres y hombres, calzado de todo tipo, cobijas, e incluso ropa de bebé. Al revisar las prendas, varias familias reconocieron las prendas de sus hijos.

Raúl Servín en entrevista - Fotografía: Adriana González

Las críticas del gobierno y sociedad

Raúl Servín dijo que, ante la discriminación de gobernantes y algunos actores de la sociedad, los colectivos son los que buscan, encuentran y entregan a los desaparecidos a sus familias para que puedan sepultarlos.

“Yo le pido a la sociedad que, lejos de criticarnos o estar diciendo que nuestros hijos desaparecidos andaban en malos pasos, mejor deberían de unirse y apoyarnos para localizar a los desaparecidos. Al final, nosotros somos buscadores, no cuestionamos a nadie”.

Porque, según Héctor Flores, todavía permean discursos revictimizantes sobre la presunta implicación en el crimen organizado. “Es más profundo que esos discursos. El tema en el país y en el estado, con tantos años de desigualdad y falta de oportunidades, es que las infancias ni siquiera tienen la oportunidad de salir adelante con la educación y caen en las garras del crimen organizado”.

Raúl Servín en entrevista - Fotografía: Adriana González

Los colectivos, voces preventivas

Para Chinas Salazar el gobierno estatal carece de una política y de inteligencia policial para prevenir el reclutamiento forzado a través de las redes sociales, implementar cursos en escuelas y, sobre todo, verificar la autenticidad de las ofertas de empleo.

“Quienes hacen esta labor son los colectivos y las familias, que están transmitiendo mensajes de prevención en redes; que van a las escuelas a informar sobre los riesgos del reclutamiento y el cuidado que deben tener con estas falsas ofertas de empleo”.

Héctor Flores y el colectivo Luz de esperanza también convocan a voluntarios a las pegas de fichas, quienes son, en su mayoría, jóvenes.

“Es muy bueno tenerlos en estas acciones; cada vez hay mayor empatía y sensibilidad entre los jóvenes porque, además de que son la principal población afectada, también contamos con ellos para que cambien las cosas el día de mañana”.

La jornada de pega de miles de cédulas de búsqueda a ratos es solemne, únicamente se escuchan las hojas rasgadas de las fichas viejas y el rumor metálico de las brochas que embadurnan pegamento. Una voz se alza sobre los motores y pasos de los paseantes.

Vivos se los llevaron, vivos los queremos», “¿¡dónde están los desaparecidos?! ¡Los queremos de vuelta y vivos!”.

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