Julio Villanueva Chang

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Julio Villanueva Chang llegó a la ciudad escribiendo y se fue, entre pláticas, cargado de libros y revistas. Suele acontecer cuando uno se acerca a la Feria Internacional del Libro, que el papel brota como por generación espontánea. Entre mesa redonda y mesa redonda, entre plática y plática, robo algunos minutos al autor de Elogios criminales (Planeta, 2009) para hablar sobre periodismo y crónica, sobre periodismo literario.
Instalados en la sala recepción del hotel Hilton, a la espera de John Lee Anderson, con quien irá a comer, Villanueva Chang demuestra porqué sus textos son tan esperados y porqué sus palabras tocan a las nuevas generaciones de periodistas.

¿Qué te dice de la salud del periodismo latinoamericano la vida en los congresos de periodistas, en los encuentros de cronistas?
Yo no soy un doctor que hace diagnósticos, y en segundo lugar es difícil conocer el cuerpo entero de una persona. Uno mismo no conoce su propio cuerpo y tenemos tendencia a maltratar lo que tenemos, y a sobrevalorar otras cosas. Creo que si hablamos del continente, el periodismo siempre está por debajo de las circunstancias y eso depende siempre de unos individuos que por su cuenta desean descubrir qué está pasando y contárselo al gran público.
No, creo que en todos los países hay buen periodismo y mal periodismo, como siempre lo ha habido, y esto casi me da vergí¼enza decirlo. Tenemos que ver casos para señalar lo que valga la pena.
John Lee Anderson carga una bolsa negra. Los libros dan forma a la abultada carga. Le esperan las encargadas de prensa de Anagrama. Camina hacia el elevador y voltea brevemente a ver a Villanueva Chang, que afirma: “¿Será que te espero?”, usando marcadamente por primera vez su acento peruano-limeño. Anderson contesta en su fuerte castellano: “Ahora bajo”, marcando así la duración de esta entrevista.

Alma Guillermoprieto dijo alguna vez que los jóvenes periodistas tenían que tomar tomar los medios
Hay un problema: la propiedad de los medios. Los medios que tienen, tenían o tendrán poder, están en manos de unas cuantas personas. Frente a eso uno es un empleado de esos medios, y el concepto de libertad y periodismo es bastante más relativo que antes. Porque uno no sabe cuáles son los intereses del propietario. Y si trabajas ahí, sabes a qué atenerte. Por ese lado profesional es algo iluso que pienses que puedes hacer la revolución desde dentro. Hay un asunto de honestidad, de amor propio que debe primar por encima de cualquier decálogo, manual de estilo o censura de cualquier diario.
Hay una cuestión peligrosa. Siento que por lo general a los periodistas no les importa la gente. Les importa hacer su trabajo. Les importa hacer bien su trabajo en el mejor de los casos. Quiere decir, entregar la nota a tiempo, con dos o cinco fuentes, escribirla correctamente. Se ha vuelto más irreflexivo. Si antes lo era, ahora más, debido a la velocidad de la competencia. Ahora una persona puede estar al mismo nivel que un medio al descubrir una noticia. Todo se ha vuelto incierto, por el mito de hacer que la gente crea que lo nuevo es que los comentarios de la gente tienen el mismo valor que los de un periodista. Claro que en algunos casos sí. Habría que ver caso por caso. Pero hasta ahora hay cierto analfabetismo en leer la realidad. Y el hecho de que Juan Pueblo escriba un insulto o una arenga, en la que cree y que eso circule como rumor, eso no lo autoriza para tener credibilidad instantánea. Creo que el problema contemporáneo de las nuevas audiencias y la tecnología en nuestro trabajo, es que la gente no sabe muy bien qué es verdad y qué no.

¿En ese contexto qué papel juega para ti la crónica?
Sirve para, de vez en cuando, desengañar. Creo que más que denunciar, una crónica (que es un reportaje muy bien escrito y pensado en escenas y resúmenes) tiene la oportunidad de desengañar. Responde en algo a esta bonita definición de Michel de Certeau que dice que “acontecimiento es lo que no se comprende”. Me parece que la crónica es un gran vehículo para narrar y explicar. Ya sabemos que los relatos son lo más natural. Lo artificial es el género y el formato en el que publicamos las cosas. De algún modo hay que rescatar la esencia del lenguaje que permite que nos acordemos de las historias y no tanto de la información. Rescatar la precisión rebelde que tiene la crónica que ayuda a mirar la realidad de una manera menos desenfocada.
La crónica tiene ese lado excéntrico de acercar la realidad a la gente, ya sea por radio, internet, televisión o por medios impresos, con una mirada con menos lagañas. Y con un trabajo y una disciplina mayores a las que se cree. Porque se cree que la crónica es un género más del ingenio y de la gracia, que del trabajo de un gran reportero. Creo que un periodista que quiera dignificar la crónica, trabaja siete veces más que en una nota informativa. Eso en cualquier lenguaje, ya sea en un podcast, en twitter o en una revista mensual.
John Lee Anderson sale del elevador rumbo a la comitiva que le espera. Ha dejado ya la bolsa negra cargada de libros. Villanueva Chang sonríe y con un apretón de manos da por concluida la charla. Es tiempo de que este joven maestro del periodismo latinoamericano se reúna con el legendario reportero que mejor conoce a los mandatarios de la región. Una dupla, que se antoja, pocas veces volverá a reunirse en el mismo lugar.

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