lunes, marzo 9, 2026
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Inteligencia artificial: retos, oportunidades y transformación educativa

El debate sobre esta nueva tecnología ya abarca todos los sectores, no solo profesionales, sino de la vida humana en general: sus pros y contras van desde las grandes posibilidades que ofrece como herramienta de apoyo hasta riesgos como el sesgo de automatización o la pérdida de habilidades cognitivas. En este contexto, las universidades tienen un papel fundamental para estudiar e incorporar la IA en sus procesos académicos y de enseñanza-aprendizaje

Especial

La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como uno de los ejes de transformación más relevantes en el ámbito educativo a nivel global. Las universidades enfrentan el desafío de adaptarse a un entorno digital en constante cambio, donde esta tecnología redefine los procesos de enseñanza, investigación y producción del conocimiento.

En la Universidad de Guadalajara (UdeG), especialistas y académicos coinciden en señalar que la clave no es prohibir su uso, sino incorporarla de manera crítica, ética y estratégica para fortalecer la formación integral de los estudiantes.

IA en la UdeG

La inteligencia artificial se ha convertido en un tema central no solo para las universidades, sino para todos los sectores de la sociedad, dijo Rubén García Sánchez, de la Coordinación de Enlace con la Red Universitaria para la Calidad y el Éxito Estudiantil, de la Dirección General de Universidad Virtual y Aprendizaje Digital para Toda la Vida (UDGPlus). Señaló que esta tecnología está impactando profundamente los procesos educativos, de investigación y las dinámicas profesionales.

“La inteligencia artificial se ha vuelto ya un tema de primer nivel, no solamente para las universidades, sino para todas las profesiones, negocios y organizaciones. Está transformando todos los procesos cotidianos. Ahora ya tiene una dimensión geopolítica; hay conflictos por el tema de la inteligencia artificial, en términos de quién produce los chips para sostenerla”.

En el ámbito universitario, subrayó que la adaptación es indispensable y que las universidades están cambiando, ya que no pueden dejar de lado el papel que tendrá la inteligencia artificial en todas las profesiones del mundo.

“No es un tema que se pueda prohibir; sí usarla, pero desde una perspectiva crítica y tratando de vincularla a procesos de cambio que ya eran necesarios, no solo porque llegó la inteligencia artificial. Hay aplicaciones de IA para todo lo que se puede imaginar, en todos los ámbitos de la labor humana; no hay un solo ámbito donde no exista una aplicación, y están transformándose no con una velocidad de meses o años, sino semana a semana”.

Respecto a las acciones emprendidas por la Universidad de Guadalajara, dijo que se han impulsado procesos de formación docente, con diversos cursos para el profesorado sobre qué es la inteligencia artificial y cómo aplicarla en el aula y en la práctica docente.

“La universidad cuenta con un licenciamiento en Google Classroom; al ser versión Plus tiene otras ventajas, entre ellas Gemini, que es una inteligencia artificial de Google a la que ya tienen acceso los profesores”.

También explicó que se ha trabajado en el aprendizaje activo, una estrategia que implica que los estudiantes se hagan partícipes de su proceso formativo, no solo que reciban contenidos de manera pasiva, sino que generen y demuestren competencias para aplicar ese conocimiento.

“Se elaboró una guía al inicio de todo este proceso; actualmente se está trabajando en su actualización y profundización, especialmente en los aspectos éticos y en las formas de evaluación”.

Sobre los retos actuales, afirmó que el principal es la adaptación de los programas de estudio y de las prácticas docentes al nuevo entorno digital, en un contexto complejo donde la inteligencia artificial puede convertirse en un enemigo o en una ayuda muy importante.

En el ámbito de la investigación, advirtió que existen tanto riesgos como oportunidades, ya que la IA puede acelerar los procesos, pero también facilitar la deshonestidad académica, una línea delgada que habrá que saber navegar.

“La gobernanza de la inteligencia artificial tiene que ser colectiva; debe participar la mayor cantidad de personas posible, incluyendo estudiantes, profesores y directivos. Las soluciones que se construyan deben ser aceptadas y entendidas por todos para que puedan conducir a los resultados que se buscan”.

Agregó que es necesario encontrar caminos para aprovechar la tecnología y avanzar en la construcción de estrategias pedagógicas, adaptarse a los cambios en las profesiones y responder a las nuevas habilidades que demanda el mundo de la vida y del trabajo, uno de los retos más importantes de la actualidad.

IMÁGEN CREADA CON GEMINI

IA y procesos de enseñanza-aprendizaje

La inteligencia artificial se ha incorporado de manera acelerada al ámbito educativo, transformando los procesos de enseñanza-aprendizaje y generando nuevos retos para docentes y universidades, aseguró Ramiro Israel Esparza Pérez, académico del Centro Universitario de Tlajomulco (CUTlajomulco).

“La inteligencia artificial ha entrado con, sin y a pesar de los docentes y las universidades. De acuerdo con estadísticas recientes, en bachillerato el 87 por ciento de los estudiantes la utiliza; el 81 por ciento en licenciatura y el 88 por ciento en posgrado; así como el 70 por ciento de los profesores de licenciatura y el 73 por ciento en posgrado”.

Esto significa que los estudiantes están incorporando la inteligencia artificial como parte de su proceso de aprendizaje para buscar información, obtener explicaciones de contenidos, estudiar para exámenes y redactar textos, pero también implica riesgos.

“Corremos el riesgo de que se orienten hacia un uso que impida aprender de manera adecuada. Uno de ellos es el sesgo de automatización, que ocurre cuando el alumno acepta toda la información generada por la IA como verdadera, aunque no lo sea. La inteligencia artificial puede presentar alucinaciones, es decir, hechos falsos expuestos con gran confianza”.

A ello se suma la “psicofancia”, definida como la tendencia de los modelos de IA a estar siempre de acuerdo con el usuario, por lo que muchas veces ofrecerán lo que la persona quiere escuchar, aunque no sea correcto. También existe el riesgo de externalizar el razonamiento, es decir, que el estudiante deje de utilizar sus propios procesos cognitivos.

“Un estudio de hace un par de años del MIT observó que los alumnos que utilizaban ChatGPT para realizar ensayos tenían menor probabilidad de recordar lo que habían escrito en comparación con quienes utilizaron únicamente su propio razonamiento. Incluso, estudios con electroencefalograma mostraron menor activación de ciertas habilidades cognitivas en quienes utilizaron IA”.

No obstante, subrayó que también existen investigaciones que muestran beneficios cuando se emplea correctamente, ya que la IA puede favorecer el aprendizaje y el pensamiento de alto orden, siempre que se utilice como herramienta de apoyo y no como sustituto del pensamiento, que permita aprendizaje activo, retroalimentación en tiempo real y acompañamiento docente.

“Desde la academia, la clave está en la formación y supervisión. Si más del 80 por ciento de los alumnos la utiliza, es prácticamente una obligación de profesores y universidades incorporar estrategias para su uso adecuado. Esto implica considerar los sesgos y saber cuestionar las referencias bibliográficas que proporciona la IA”.

El académico compartió que otro punto central es la equidad, ya que, según datos del INEGI de 2024, solo el 43 por ciento de los hogares en México tiene computadora y el 73 por ciento cuenta con acceso a internet. Por ello, las universidades deben ofrecer la infraestructura necesaria para garantizar el acceso a estas herramientas sin distinción.

En materia de evaluación, advirtió que, con un uso no supervisado de la inteligencia artificial, es posible obtener una calificación perfecta sin contar con los conocimientos necesarios, lo que representa un reto para diseñar nuevas formas de evaluación que permitan comprobar aprendizajes reales.

En cuanto al futuro laboral, mencionó que un estudio reciente de Banamex advierte que el 30 por ciento de los empleos formales en México está en riesgo debido a la inteligencia artificial y la automatización, lo que obliga a replantear los planes de estudio.

“Tenemos que cambiar la universidad no hacia el panorama actual ni al de 2026, sino hacia uno proyectado a 5, 15, 20 o 30 años. La inteligencia artificial es positiva y ofrece muchas ventajas cuando se utiliza adecuadamente; es una herramienta, no un sustituto del docente ni de la universidad. Si se usa correctamente, potencializará las habilidades del estudiante y su aprendizaje; de lo contrario, puede truncar su desarrollo”.

Recordó que, aunque la IA existe conceptualmente desde 1955, fue hasta 2022, con la liberación de ChatGPT al público en general, cuando se incorporó de manera decisiva al pensamiento y a la cultura contemporánea.

“Es fundamental que la enseñanza de estas herramientas forme parte del currículum básico en las universidades y que los profesores sean tutores en su uso adecuado. Es importante profesionalizar al docente y asumir el liderazgo en este proceso: somos nosotros quienes debemos tomar la batuta en el uso de la inteligencia artificial, porque los estudiantes la utilizarán con o sin nosotros”.

IA en las políticas editoriales

IMÁGEN CREADA CON GEMINI

El uso de la inteligencia artificial en los procesos editoriales se ha convertido en un tema central de discusión a nivel internacional. Así lo explicó Rodrigo González Reyes, editor adjunto de la revista Comunicación y Sociedad del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), quien dijo que esta publicación ha comenzado a redefinir sus políticas frente a esta nueva realidad tecnológica.

“Primero tenemos un debate en términos de las revistas en general en el mundo, donde justamente el asunto es ver qué cosas buenas y qué cosas negativas nos da la IA, a partir de encuentros entre editores y editoras en los que se analizan los pros y los contras de estas herramientas”.

Explicó que uno de los principales puntos de preocupación es la autoría, es decir, quién produce un texto y qué proporción de este está elaborada por una persona o por una herramienta de IA.

“Por otro lado, las automatizaciones nos permiten generar procesos editoriales mucho más rápidos, revisar textos y realizar correcciones editoriales y de estilo. Por ello, muchas de nuestras políticas actuales siguen en discusión y renovación; por el momento, debemos confiar en la calidad moral de los autores. En poco tiempo será imposible distinguir un texto generado por IA de uno producido genuinamente por un autor sin estas herramientas”.

En ese sentido, la revista ha actualizado sus políticas para exigir transparencia en el uso de estas tecnologías, solicitando a las y los autores que declaren abiertamente hasta dónde llega su utilización.

“Las IA no pueden convertirse en autores; no puedes tener un artículo y decir que es de la autoría de Rodrigo González y ChatGPT. Puede utilizarse como apoyo en tareas específicas, como la revisión de texto, el rastreo documental o la corrección de resultados, siempre y cuando se declare su uso y no sustituya la autoría de la persona”.

Otros esfuerzos incluyen talleres donde se visibiliza el problema y, al mismo tiempo, se brindan herramientas para concientizar a autores y audiencias sobre el uso responsable de la inteligencia artificial.

Puntualizó que, más allá del debate inmediato sobre la autoría, existe un riesgo de fondo: el vaciamiento de contenidos. Señaló que si la investigación se basa excesivamente en contenidos generados por IA, se corre el riesgo de perder la experiencia humana que nutre el conocimiento científico.

“El problema es que se puede perder la creatividad, la esencia y la experiencia humana en el trabajo de investigación. Es como el agua de una pecera que circula todo el tiempo y no se cambia: por más que pase por el filtro, llega un momento en que deja de tener riqueza. Ese es uno de los grandes problemas a largo plazo, porque al final se trata de un reciclaje: la IA retoma lo que ya se ha producido”.

Subrayó que la IA es una herramienta que debería ayudar a mejorar los procesos; el problema surge cuando hace el trabajo por nosotros.

“Lo que hagamos junto a ella va a definir el futuro, no solo en las revistas, en la producción científica y en la divulgación del conocimiento, sino en cualquier área donde la creatividad y el conocimiento sean el elemento central”.

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