
Pasan los años, cambian los lugares y las formas de crecer, pero hay algo que no debería cambiar nunca: toda infancia merece ser vivida con cuidado, con cariño y en paz
Todos, alguna vez, fuimos niños. Pero la infancia no cabe en una sola forma de recordarse. Cambia con el lugar donde se crece, con la familia que acompaña esos años, con los juegos que llenan la tarde y con las cosas que, mucho tiempo después, siguen regresando a la memoria.
En el CULagos, sede San Juan, esas infancias conviven aunque hayan nacido en épocas, casas y mundos distintos. Al recordarlas, vuelven como escenas que todavía laten en quienes las vivieron.
En algunos casos, la niñez transcurre mucho más cerca del campo, de los juegos al aire libre y de la familia. Así la recuerda Adriana Reyes Reyes, encargada de la Unidad de primer contacto, quien creció en una comunidad rural de Lagos de Moreno entre piedras, comiditas, juegos y la compañía de sus hermanos, sus primos y su papá.
“Creo que eso me permitió vivir una infancia más bonita, más en contacto con las personas y con la naturaleza”, dice.
También estaban las cosas que no siempre se podían tener, como juguetes, regalos o caprichos. Quizá por eso, cuando mira hacia atrás, recuerda la importancia de cuidar y valorar lo que tiene hoy en día.
Otras infancias se vivieron en el hogar, en el calor que dejan ciertos cuartos, ciertas personas y ciertos domingos. En la memoria de Eleana Enriqueta García Rivera, egresada de la licenciatura en Educación, primero aparecen sus hermanas, el cuarto que compartía con ellas y los juegos de todos los días.
Recuerda con cariño a su abuela. Los domingos con Chabelo, el desayuno después de misa, los dulces que ella le compraba y la emoción de quedarse a dormir en su casa. “La extraño”, dice. En esa frase cabe una niñez entera, hecha de costumbre, ternura y de esos momentos pequeños que con los años se vuelven enormes.
En la infancia de Ilse Nizel León Lomelí, estudiante de séptimo semestre de la licenciatura en Lenguas y culturas extranjeras, la casa de sus abuelos también ocupa un lugar importante, donde ella y su hermana pasaban buena parte de las tardes mientras esperaban a su mamá después de la escuela. Y está ese cuarto donde, junto a sus primas, la cama dejaba de ser cama y se convertía en escenario.
“Mis primas, mi hermana y yo nos la pasábamos cantando encima de la cama, fingiendo que dábamos conciertos con sus canciones”, recuerda. Su niñez sigue viva en esa alegría sencilla de jugar acompañada, de inventarse un mundo entre varias y de hacer especial una tarde cualquiera.
También hay niñeces que se recuerdan desde la calle y desde la sensación de estar acompañado por más gente que la familia.
Roxanna Vázquez, estudiante de décimo semestre de Abogado semiescolarizado, mira su infancia desde la diferencia entre Querétaro y San Juan. Aquí, dice, había una libertad que todavía le parece muy valiosa, salir a jugar, convivir con otros niños y crecer con la certeza de que siempre había alguien cuidando.
“Si no te estaba cuidando tu mamá, te estaba cuidando la vecina; siempre estabas cuidada y protegida, hasta por la señora de la tiendita”.
Con el tiempo también entendió cosas que de niña no alcanzaba a ver, como la situación económica de sus padres y esas veces en que no siempre podían comprarle lo que quería. Lo que entonces se sentía como una negativa, ahora lo mira desde otro lugar.
Para Anahí Márquez, estudiante de octavo semestre de Abogado semiescolarizado, la infancia se recuerda desde el hogar.
Habla de San Juan como un lugar bonito para crecer, pero sobre todo de la forma en que sus padres la acompañaron. “Yo, afortunadamente, crecí en un entorno de amor, que mis papás siempre me prestaron atención, que siempre estuvieron al pendiente de mí”, cuenta.
En su memoria siguen vivos los juegos con cuerda, el resorte y esa sensación de una niñez más inocente, con más respeto a los mayores y con más tiempo para jugar afuera. Crecer también cambia lo que uno entiende de esos años.
En el caso de Emmanuel Galindo, estudiante de octavo semestre de Videojuegos, la niñez quedó atravesada por un cambio que a otros no les tocó igual. A la suya, todavía le tocaron las televisiones de caja, las revistas, las enciclopedias, las tareas hechas con recortes y las búsquedas más lentas. Pero también alcanzó a ver el momento en que internet y los dispositivos empezaron a ocuparlo todo.
“Siento que estuvimos en el pleno boom de cómo creció la tecnología y tuvimos de todo un poco”, dice. Su recuerdo queda justo ahí, en medio de una transición, una infancia que todavía alcanzó cierta lentitud, pero que ya empezaba a moverse hacia otra cosa.
En esa misma conversación, Gabriela Elizabeth de la Torre Flores, estudiante de séptimo semestre de la licenciatura en Lenguas y culturas extranjeras, llevó el recuerdo hacia una preocupación mucho más presente. Después de hablar de las diferencias entre las infancias de antes y las de ahora, dijo que lo que más le desearía a los niños de hoy es seguridad.
“Creo que me gustaría que los niños de ahora tuvieran seguridad. O sea, seguridad en las calles, seguridad en su familia, en su escuela”, expresó. En su reflexión también aparece algo que varias de las estudiantes fueron señalando mientras comparaban sus recuerdos con la niñez actual. Ya no siempre es posible salir a jugar con vecinos, convivir con la misma libertad o crecer sin miedo a lo que puede pasar afuera, o incluso dentro de casa. Y ahí queda una reflexión importante, que la infancia pueda vivirse sin violencia, sin abuso y sin temor.
Las infancias pueden ser muy distintas entre sí. Pueden crecer en el campo, en la casa de los abuelos, en una calle llena de vecinos, en una familia atenta o en una época atravesada por pantallas. Pero, más allá de esas diferencias, queda un deseo que las une: que los niños puedan vivir bien su niñez. Que tengan tiempo para jugar, personas que los cuiden, espacios donde se sientan seguros y una vida que no esté marcada por el miedo.
Porque cambian los años, los lugares y las formas de crecer, pero hay algo que no debería cambiar nunca: toda infancia merece ser vivida con cuidado, con cariño y en paz.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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