lunes, noviembre 2, 2026
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Imelda Virgen, un símbolo contra el feminicidio

Imelda Virgen fue hija, hermana, psicóloga, ilustradora, actriz, maestra de yoga, profesora universitaria, rescatista de perros. El 29 de septiembre de 2012, fue asesinada a golpes por órdenes de su exesposo, Gilberto Enrique Vázquez Cortés, motivado por celos. Desde entonces es un símbolo de la lucha en contra de la violencia contra las mujeres y los delitos de feminicidios. Crímenes que, de acuerdo con datos del Censo de Procuración de Justicia, siguen en la impunidad: en 2025 las fiscalías de toda la nación registraron 4 mil 523 casos, consumados o en grado de tentativa, de los cuales sólo el 15 % se judicializaron, a pesar de tratarse del delito de violencia de género más extremo.

Esa noche del 28 de septiembre doña Mary tuvo un presentimiento. En su corazón sabía que algo malo había pasado. Sospechó de inmediato que Gilberto le había hecho algo terrible a su hija. Unos días antes éste le había dicho: “Si no es para mí, no es para nadie”. Después de horas de espera, de llamadas sin respuestas y de decenas de “no tarda en llegar”, a las tres de la mañana tuvo la certeza. Una patrulla de la policía se paró en frente de su casa. Con dificultad, apoyándose en su bastón, salió a su encuentro. “¿Conoce a Imelda Josefina Virgen Rodríguez?”, le preguntaron los uniformados. “Urge que alguien de la familia vaya a la Cruz Verde de Tlaquepaque. Está golpeada y hay que reconocer a un detenido”. “¡Gilberto!”, gritó ella, y se sintió desfallecer. 

“Cuando llegamos a la Cruz Verde, una trabajadora social nos dijo que había fallecido. Ya estaba afuera en la camilla, para llevarla al Semefo. Ni me dejaron verla, y es mi dolor más grande. Sea como sea de cómo haya estado, ¿por qué no me dejaron verla?”.

Imelda era una mujer tranquila, conciliadora, sonriente; prefería buscarle el lado lindo a la vida. Tenía muchas responsabilidades: psicóloga y profesora en las preparatorias 16 y 17 de la UdeG, y académica en el CUAAD; trabajadora administrativa en el sindicato de la universidad, y representante del SEMS ante el comité de prevención del COESIDA.

Era una mujer que no se sentaba a esperar a que le cayera algo del cielo: trabajaba, creía en algo, tenía objetivos. Y, poco a poco, intentaba contagiar a los demás con esas ideas. 

Si ella podía hacer tanto sola, después de su muerte la familia decidió unirse y hacer más. En 2012, las hermanas impulsaron el movimiento “Justicia para Imelda Virgen, justicia para todas”, con el fin de visibilizar la impunidad y acompañar a otras mujeres. Se sumaron a ellas colectivas y miles de mujeres.

Cómo símbolo para exigir justicia por todos los feminicidios cometidos en Jalisco, queda en su memoria la Antimonumenta en la Plaza Imelda Virgen y un condena de 73 años y 4 meses de prisión para el exmarido y los dos autores materiales. Aunque esto no sirvió para dar paz ni a Imelda ni a su familia.

Doña Mary falleció el 8 de diciembre de 2018, debido a complicaciones de cáncer, sin alcanzar a ver la sentencia definitiva por el feminicidio de su hija.

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