miércoles, enero 21, 2026
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Hannah Arendt: una filósofa en tiempos de oscuridad

A cincuenta años de su muerte recordamos su legado y obra que versa sobre el totalitarismo, el mal y la libertad

Hannah Arendt nació en Linden, Hannover, en 1906, en el seno de una familia judeoalemana. Estudió filosofía en Marburgo, con Martin Heidegger; en Friburgo, con Edmund Husserl; y en 1929 se doctoró en Heidelberg con una tesis sobre El concepto de amor en San Agustín, dirigida por Karl Jaspers.

Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, huyó ilegalmente de Alemania, luego de ser interrogada durante ocho días por la Gestapo. En París trabajó en organizaciones para refugiados judíos y en 1941 emigró a los Estados Unidos, donde fue profesora de teoría política hasta su muerte en diciembre de 1975.

Arendt fue una de las pensadoras más lúcidas del siglo pasado. Su primera obra capital, Los orígenes del totalitarismo (1951), le granjeó prestigio dentro y fuera de la academia. Se trata de un estudio, sobre los regímenes soviético y nazi, que posee una actualidad notable.

El totalitarismo, sostiene, ha destruido el hilo de la tradición occidental; gran parte de nuestros conceptos morales y políticos son hoy inútiles. Porque el totalitarismo es un fenómeno horrorosamente original que “difiere esencialmente de otras formas de opresión política que nos son conocidas, como el despotismo, la tiranía y la dictadura” (Alianza Editorial, p. 617).

Es imperativo «pensar sin barandillas» (Denken ohne Geländer), renunciar a dogmas y clichés, sostenía, y atrevernos a forjar nuevos conceptos y estilos de pensamiento. Fue así que comprendió el Holocausto o el Gulag, fenómenos de dominación total que desafían nuestros estándares morales y políticos tradicionales.

La “solución final” de Hitler al problema de la cuestión judía no sólo buscó matar a seres humanos sino volverlos menos que humanos: reducir su pluralidad a algo superfluo y eliminar en ellos toda traza de espontaneidad. Los campos de concentración y exterminio, señala Arendt, “sirven de laboratorios en los que se pone a prueba la creencia fundamental del totalitarismo de que todo es posible” (p. 589). Los campos nazis y soviéticos, en suma, hicieron patente la existencia de un “mal absoluto” y “radical”.

La tradición, insiste la autora de Entre el pasado y el futuro, ha colapsado. No obstante, ello no impide que podamos reapropiarnos de sus fragmentos de manera original y creativa, con ojos libres de prejuicios y taras ideológicas. Pues somos los portadores de una herencia sin testamento: gozamos de un amplio espacio ético-intelectual para movernos con soltura por las ruinas de la tradición.

El pasado 4 de diciembre se cumplieron cincuenta años de la muerte de Arendt. El propósito de su vida fue comprender lúcida y serenamente los horrores políticos del siglo XX, sin renunciar a la esperanza de recobrar la dignidad de la política: porque “aun en los tiempos más oscuros tenemos el derecho a esperar cierta iluminación” (Hombres en tiempos de oscuridad, Gedisa, p. 11).

Depende de nosotros —dado que nada es inevitable en la historia— descender al abismo de nuevas formas de dominación totalitaria o decidirnos a actuar de concierto para crear comunidades políticas donde la libertad pública florezca. Recordar la vida y obra de Hannah Arendt nos inspira a elegir lo segundo.

SOBRE EL AUTOR

Es profesor de filosofía, teoría política y literatura en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Estudió la licenciatura en filosofía en la UdeG y la maestría, en la misma disciplina, en la New School for Social Research, de Nueva York. Es subdirector de la Cátedra Fernando del Paso y subdirector de la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz”.

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