Foto: Abraham Aréchiga

El agua y las fuentes ornamentales en la ciudad de Guadalajara, deben ser entendidas no sólo como elementos estéticos, sino como componentes capaces de influir en la vida social y en la identidad urbana, así lo explicó académico del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) y doctor en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad, Jesús Mora Mora, en su libro El urbanismo ornamental. Fuentes urbanas, la tríada; ciudad, hombre y el agua.

A partir del concepto de urbanismo ornamental, el autor plantea que lo ornamental puede aportar, aunque no de forma automática, a la construcción del tejido social. “La pregunta inicial de la investigación fue qué tanto aportan los espacios públicos, a través del urbanismo ornamental, a la construcción social”, señaló Mora Mora.

La investigación se basa en un trabajo de campo en el que la metodología incluyó el mapeo de fuentes en plazas y parques, observación directa del uso de los espacios en distintos horarios y registros fotográficos de su estado físico y funcional realizado exclusivamente en la ciudad de Guadalajara.

En total, se visitaron 87 espacios públicos y 167 fuentes, desde parques metropolitanos y plazas públicas hasta glorietas y rincones barriales.

Foto: Mariana Quintero (CUAAD)

Uno de los principales hallazgos del libro es que no existe una relación directa entre la presencia de fuentes y la consolidación del tejido social.

Sin embargo, Mora Mora destaca que cuando las fuentes se encuentran en buen estado y activas, pueden convertirse en puntos de encuentro y referencia simbólica. “Hay espacios visualmente agradables donde el tejido social no está consolidado, y otros donde, aun cuando la fuente parece no aportar, sí existe una construcción social fuerte”, explica el autor.

“La fuente puede funcionar como un nodo urbano porque representa pertenencia y sentido de lugar; cuando está deteriorada, deja de cumplir esa función”, expresó.

Según explicó el autor, las fuentes han evolucionado de ser meros elementos utilitarios a convertirse en símbolos patrimoniales que definen la belleza urbana y la identidad colectiva.

Por ello, plantea la necesidad de repensar la ciudad como un espacio común y compartido. Para el autor, el entorno urbano es el “segundo hogar” de sus habitantes, por lo que el cuidado del espacio público y de los elementos ornamentales debe asumirse como una responsabilidad colectiva para fortalecer la identidad y la vida comunitaria.

El libro puede descargarse del siguiente enlace: https://goo.su/KRhi

TEXTO: Emmanuel Rangel | CUAAD

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