
El inicio del semestre y la llegada a las nuevas instalaciones del CUChapala
despiertan en los estudiantes entusiasmo, expectativas e incertidumbre
Suena la alarma más temprano. Regresan los horarios, las tareas y las responsabilidades. Para algunos estudiantes volver significa reencontrarse con sus amigos y retomar proyectos; para otros, llega acompañado de una pregunta difícil de ignorar, ¿realmente podré con todo lo que viene?
En el CUChapala este ciclo tiene un significado especial: la comunidad estudiantil comenzará una nueva etapa en sus nuevas instalaciones. La emoción por conocerlas se mezcla con los nervios frente a nuevos retos, materias y proyectos.
Para comprender las emociones que acompañan este regreso, entrevistamos a la maestra Blanca Perla Zaragoza Herrera y a algunos estudiantes del CUChapala que nos muestran cómo se vive este momento desde las aulas.
Después de las vacaciones, levantarse temprano, concentrarse y organizar las actividades puede resultar más difícil de lo esperado. De acuerdo con la maestra Perla, psicóloga y con maestría en Pedagogía e innovación, no existe un tiempo exacto para recuperar el ritmo. Todo depende de la rutina que cada estudiante mantuvo durante el periodo vacacional. Cuando el cambio es abrupto, en especial en los horarios de sueño y en la cantidad de actividades diarias, la adaptación puede tardar más.
Para algunas personas bastarán unos días; para otras, un par de semanas. Por ello, recomienda evitar comparaciones y no exigirnos funcionar al cien por ciento desde el inicio. Adaptarse gradualmente no representa falta de compromiso, significa, más bien, reconocer que volver a clases también implica una reorganización física y emocional.
Entre los estudiantes del CUChapala, las nuevas instalaciones despiertan una emoción particular. “Me siento emocionado por el regreso a clases, principalmente por el nuevo centro universitario. No puedo esperar para conocerlo y espero aprender muchas cosas nuevas”, comparte Alex Ponce Ruelas.
Juan Pablo Posada también vive este inicio con optimismo. Para él, representa continuar avanzando en su carrera, aprender y participar en proyectos que fortalezcan su formación y su portafolio profesional. Miranda Escobar coincide: “Me siento emocionada por las nuevas cosas que vendrán, los aprendizajes y los retos. También están los nervios de conocer el nuevo centro universitario y de los proyectos por venir”.
Estos testimonios confirman lo señalado por la maestra Perla: el regreso no provoca una sola emoción. Es posible sentir entusiasmo, nervios, curiosidad e incertidumbre al mismo tiempo.
El inicio del semestre suele venir acompañado de presión por establecer metas académicas y profesionales. Pareciera que todos deberían saber exactamente qué quieren lograr. Sin embargo, la especialista considera válido comenzar sin tener todas las respuestas. Incluso, cuando las metas están definidas, pueden surgir cambios que obliguen a modificar estrategias o replantear objetivos.
Ajustar un plan no siempre significa fracasar; también puede ser una manera de avanzar. Lo importante, explica, es conservar el interés por aprender y no perder la motivación.
Al comenzar las clases pueden surgir inseguridades como “voy atrasado”, “no soy suficientemente bueno” o “este semestre será demasiado difícil”.
Jordy Casillas, estudiante del CUChapala, reconoce sentirse nervioso, pero también optimista por conocer las nuevas instalaciones, avanzar en su carrera y fortalecer su portafolio. Entre sus motivaciones está prepararse para conseguir un buen trabajo y hacer sentir orgullosos a sus padres.
“Nuestros pensamientos pueden hacernos una mala jugada antes de que las cosas sucedan”, advierte la maestra Perla.
Cuando las responsabilidades parecen abrumadoras, recomienda dividirlas en metas pequeñas: una tarea, una lectura o un pendiente a la vez. Lo que parece imposible en conjunto puede volverse manejable al transformarse en pasos concretos.
La maestra Perla destaca que los amigos, compañeros y docentes pueden ser fundamentales durante la adaptación. “A veces, una conversación para expresar cómo nos sentimos puede disminuir mucho la carga emocional”, señala.
Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Hablar con un compañero, un profesor o una persona de confianza puede evitar que alguien enfrente sus dificultades en silencio.
Sentir cierto estrés al comenzar el semestre puede ser habitual. No obstante, la psicóloga recomienda prestar atención cuando la preocupación se vuelve constante o interfiere con la vida diaria.
Entre las señales que no deberían ignorarse menciona la dificultad para dormir, la falta de apetito, los problemas de concentración, el cansancio permanente, la irritabilidad, los dolores musculares o de cabeza, y la pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban.
Cuando el malestar afecta las relaciones, el desempeño académico o las actividades cotidianas, es recomendable buscar apoyo profesional. “Todas las emociones son válidas y merecen ser escuchadas”, afirma la maestra Perla. Si una situación afecta la tranquilidad o el bienestar, existe una razón suficiente para solicitar acompañamiento psicológico.
Desde la perspectiva de la especialista, cuidar la salud emocional implica organizar el tiempo para estudiar, pero también descansar, convivir, hacer ejercicio, alimentarse adecuadamente y dormir lo suficiente.
El éxito académico no depende nada más de las calificaciones, también se construye al reconocer nuestros límites, ajustar expectativas y pedir ayuda cuando es necesario.
Este ciclo abre las puertas de un nuevo espacio universitario, pero también de nuevos aprendizajes, retos y proyectos. Nadie necesita tener todo resuelto desde el primer día. Porque volver a clases significa avanzar paso a paso y comprender que adaptarse también forma parte del camino; ninguna meta académica debería alcanzarse a costa del bienestar mental.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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