
En los movimientos del océano hay un momento especial conocido como marea baja: se da cuando el intermareal rocoso queda expuesto y el equipo de peces aprovecha para realizar muestreos
El domingo 17 de mayo, el equipo de peces –que integramos cuatro estudiantes que colaboramos directamente con Víctor Piñeros, investigador del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) y quince voluntarios más– dejamos nuestras casas cuando aún era de noche. A las 3:00 horas de la madrugada comenzó la jornada para alcanzar la marea baja, que llegaría a las 4:45 horas, objetivo principal del viaje.
No había luz, no había carros y tampoco ruido; únicamente estábamos los miembros del equipo, que acomodábamos hieleras, redes y mochilas en el transporte de la universidad para comenzar la aventura.
Después de un viaje de 40 minutos por una carretera llena de oscuridad, llegamos a Tenacatita, una playa con una bahía pequeña de aguas cristalinas y un importante arrecife de coral. Al llegar al sitio sólo se escuchaban las olas y nuestras pisadas; el sol aún no salía y las estrellas nos acompañaban en nuestro camino hacia playa La Mora, caracterizada por su zona rocosa y arrecifal, ideal para la búsqueda de peces.
El doctor Víctor Piñeros, profesor e investigador del Departamento de estudios para el desarrollo sustentable de zonas costeras (DEDSZC) y experto en peces, dividió el equipo en varios grupos para abarcar todas las pozas formadas por las rocas. “Parce, levante la mano quien ya haya venido a muestrear con nosotros”, decía el doctor Piñeros mientras iluminaba a cada uno con su linterna. El muestreo tenía como fin buscar recolectar peces para la tesis de Aarón Yebra, recién egresado de la carrera en Biología marina, quien trabaja en la caracterización de la comunidad intermareal en distintos puntos de la costa sur de Jalisco.
A medida que transcurría el tiempo se presentaron varios retos, puesto que la falta de luz volvía todo más complejo; las rocas mojadas y sus diferentes tamaños también agobiaban por el miedo a resbalar. En la oscuridad, las linternas se llevaban todo el protagonismo. Provistos de pequeñas redes recolectábamos peces entre las rocas y las grietas para, posteriormente, colocarlos en bolsas. Poco a poco, la práctica hizo el trabajo más sencillo. Entre las pozas encontramos un pulpo, algunos nudibranquios, anémonas y otros bichos que viven en el intermareal, volviendo todo más interesante. Al terminar de revisar una poza nos movíamos a otra; encontramos peces de diferentes colores y tamaños.

Al finalizar el muestreo comenzó a amanecer. El cielo se pintó de tonos rosados, mientras las aves marinas comenzaban a volar y las olas seguían rompiendo suavemente en la orilla. Poco a poco el mar empezó a reflejar los colores del cielo. Después de varias horas de trabajo, regresamos al transporte para subir todo y regresar a Melaque, donde al llegar colocamos las bandejas y comenzamos a clasificar los peces en sus respectivos grupos para tomar fotografías, obtener muestras para procesos moleculares y preparar ejemplares destinados a la colección de Ictiología del DEDSZC.
Mientras algunos etiquetábamos, otros separaban organismos, tomaban muestras, conservaban ejemplares, identificaban especies o tomaban fotografías. Cada quien tenía una tarea distinta, y trabajamos con velocidad. Y aunque pudiera parecer sencillo identificar los peces, resultó todo un reto. La taxonomía puede ser tan divertida como compleja. Entre guías de identificación, fishbase y algunos debates, Aarón preguntó, “Profe, ¿cual es la diferencia entre un rectifraenum y un acapulcoensis?”. Eran tan parecidos, y al mismo tiempo tan diferentes, que terminaron sacándonos una carcajada a varios. Entre risas y frases como “¡Mírale la aleta!” o “¡Búscale un punto!”, el equipo intentaba llegar a un acuerdo.
Después de muchas horas de trabajo, bostezos, risas y debates sobre tortillas y arepas, el equipo logró recolectar alrededor de 500 peces pertenecientes a 20 especies diferentes, sumándole un gran valor a la tesis de Aarón y a la colección del departamento.
Al final, quedó la sensación de haber sido parte de algo más grande, puesto que el trabajo de campo no sólo se trata de recolectar organismos, sino de aprender a observar, colaborar y descubrir que cada especie, por pequeña que sea, cuenta una historia dentro del ecosistema intermareal.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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