
Aunque no es un espacio que invite a la permanencia, sus escalones se han convertido en punto de encuentro para estudiantes que allí van a descansar o simplemente a pasar el rato
Los “no lugares” son espacios urbanos de transición, meramente de flujo, que no invitan a la permanencia o a la convivencia entre personas. Es decir, son lugares de total anonimato. Pueden ser estaciones de transporte público, puentes peatonales o, incluso, la calle. Acuñado en 1992 por el antropólogo Marc Augé, el término nos ayuda a entender estos espacios que no fueron pensados para ser habitados.
Al llegar al CUAAD, antes de pasar por los rehiletes de entrada, te dan la bienvenida una serie de escalones. Una escalera que no llega a ningún lado, pero que curiosamente pareciera invitarte a tomar asiento. A pesar de haber un parque a unos cuantos pasos, estudiantes del centro se han apropiado de este “no lugar” y a todas horas del día se pueden observar grupos de amistades compartiendo un rato sentados en sus escalones.
“Un jugo, un cigarro y una platicada”, es así como Janet Mejía y Bruno Salazar, estudiantes de Arquitectura, describen esta esquina, como su “spot” de todos los días. Pues disfrutan el espacio entre clases para salir y distraerse un poco.
Quizás para la arquitectura, estas escaleras no cumplen con la lista de características para ser considerado un espacio público de calidad que te invite a la permanencia; a simple vista, pareciera ser una adición improvisada al edificio. Sin embargo, ofrece un instante para sentarte, un poco de sombra, un momento de espera o despedida con tus amistades, un apoyo para buscar tu credencial o, simplemente, un escalón para pasar el rato mientras observas el mar de estudiantes entrando a clase o el macro maniobrando esa curva de la última estación.
Debajo de la sombra, Demián, Valeria e Ismeraí, estudiantes de Diseño Gráfico, dicen entre risas: “Es nuestra primera vez aquí”, pero consideran que fue el spot perfecto para terminar sus raspados y después regresar a clase. Minutos después otro estudiante se sentó en los escalones mientras llegaba el auto que pidió por plataforma.
Al día siguiente, en el mismo lugar me volví a encontrar con Janet Mejía, esta vez escribiendo en su libreta y fumando un cigarro: “Es mi lugar de escape más cercano», dice, «cuando hay sombra”, pues le gusta mucho ir allí a tomarse un café y reflexionar.
“Hay pocos espacios fuera del CUAAD donde podemos sentarnos”, comenta por su parte Elena, estudiante de Artes Audiovisuales en el DIS, mientras se come una mandarina. A pesar de tener el parque Mirador a un lado, hay una reja que impide el fácil acceso pues “implica mucho tiempo atravesar la calle” y cruzar un estacionamiento. Usualmente, después de sus clases Elena se queda a platicar con sus amigos en esta esquina, pues después de las 4:00 hay sombra. A pesar de ser un lugar sin nombre o de paso, parece ser que la mayoría de los estudiantes del CUAAD tenemos una historia en estos escalones.
“Las escaleras a ningún lado” son un pequeño rincón del centro universitario, uno de tantos espacios que en un primer instante no fueron pensados para ser habitados, pero que la cotidianidad y la presencia de más de ocho mil estudiantes ha transformado para que dejaran de ser “no lugares” y se convertieran en puntos de encuentro en el día a día a falta de otros espacios accesibles para simplemente pasar el rato.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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