
Conocida como la Policlínica, es un centro médico y de enseñanza con enfoque social
El olor a limpiador mezclado con cuero inunda los pasillos del Centro de atención médica integral (CAMI) de Tepatitlán. A simple vista, el lugar puede parecer una clínica más con consultorios, un área de recepción, pacientes en busca de atención y especialistas que entran y salen de las áreas de trabajo. Sin embargo, detrás de esa dinámica también ocurre algo más importante: la formación de profesionales de la salud que aprenden, desde la práctica, que atender a una persona comporta más que acumular conocimientos técnicos.
Conocido por muchas personas como la Policlínica, el CAMI forma parte de los servicios de atención en salud vinculados a la Universidad de Guadalajara. Además de ofrecer consultas y tratamientos a bajo costo, funciona como un espacio académico donde estudiantes y especialistas en formación toman clases, realizan prácticas y atienden pacientes bajo un modelo que combina aprendizaje, servicio y responsabilidad social.
Para Miriam Contreras, odontóloga y estudiante de la especialidad en Ortodoncia, uno de los aprendizajes más importantes que deja el CAMI es comprender que la atención clínica no puede reducirse a una fórmula única. En el aula se aprenden procedimientos, protocolos y bases teóricas, pero en el consultorio cada paciente presenta necesidades distintas. “Lo clínico, muchas veces, no se reduce a una receta de cocina”, explica. Para ella, la práctica exige adaptar la teoría al contexto de cada persona, a las características de su tratamiento y a las decisiones que permitan brindar una atención de calidad.
Esa diferencia entre lo aprendido en clase y lo vivido en la consulta también aparece en la experiencia de Jennifer Hermosillo, estudiante de sexto semestre de la especialidad en Ortodoncia. En su trabajo diario atiende principalmente tratamientos con brackets, además de procedimientos de ortopedia maxilar, especialmente en niñas y niños cuyo crecimiento puede guiarse para corregir ciertas alteraciones. Ella dice que al atender pacientes reales, cada caso cambia. La edad, las características físicas, la respuesta del cuerpo y las condiciones particulares de cada persona hacen que ningún procedimiento sea exactamente igual a otro.
El CAMI permite que el aprendizaje deje de ser abstracto. La teoría se pone a prueba frente a pacientes con dudas, expectativas y contextos distintos. Ahí, los estudiantes no sólo deben saber qué hacer, sino cómo explicarlo, cómo acompañar y cómo generar confianza. Esa fue una de las experiencias más significativas para Gabriela García, estudiante de Nutrición que realiza su servicio en el CAMI. Actualmente, colabora en un proyecto de estandarización de historias clínicas, con el objetivo de facilitar la organización de información y contribuir a la digitalización de datos que puedan servir en el futuro para el seguimiento de pacientes.
Gabriela reconoce que una de las mayores diferencias entre el aula y la práctica está en el trato con las personas. En clase, muchas veces se aprende a hablar con tecnicismos y términos especializados; en consulta, en cambio, es necesario encontrar la manera de que cada paciente comprenda su situación y las indicaciones que debe seguir. “Hasta que no estás ya con el paciente te das cuenta de más cosas”, comparte. Su experiencia le ha mostrado que atender no es repetir conceptos, sino construir una forma de diálogo que permita obtener la información necesaria y, al mismo tiempo, hacer que la persona se sienta escuchada.
Esa dimensión humana también atraviesa la experiencia de quienes estudian especialidades odontológicas. Miriam considera que, al conocer el contexto de cada paciente, cambia la manera de mirar la atención. Dejar de ver únicamente un caso clínico permite entender que detrás de cada tratamiento hay una historia, una personalidad y una realidad que merece respeto. “Entender el contexto de cada persona te hace valorar y respetar un poco más”, señala. Para ella, esa comprensión fortalece la empatía y permite ofrecer una atención más sensible, sin perder de vista la calidad profesional.
En el caso de Jennifer, la relación con los pacientes también se convierte en una parte importante de la formación. Al tratar a personas durante varios meses, especialmente en tratamientos de ortodoncia, se genera un contacto continuo. Algunos pacientes llegan siendo pequeños y, con el paso del tiempo, quienes los atienden también los ven crecer, cambiar y agradecer los avances en su tratamiento. Esa cercanía permite comprender que la salud bucal no está separada del resto del cuerpo ni de la vida de las personas. Aunque muchas veces la ortodoncia se asocia únicamente con lo estético, las especialistas coinciden en que también cumple una función importante en aspectos como la masticación, el habla, la oclusión y, en muchos casos, la autoestima.
Por ésta y muchas otras razones el CAMI representa una alternativa importante para la comunidad. De acuerdo con las entrevistadas, los costos accesibles permiten que más personas se acerquen a recibir atención especializada, puesto que la mayoría de las consultas no supera los 100 pesos. Gabriela García coincide en que estos espacios cumplen una doble función, ya que acercan servicios a la comunidad y permiten que los estudiantes desarrollen experiencia real antes de egresar. La práctica en este tipo de centros ayuda a que quienes se están formando conozcan distintos tipos de pacientes, edades, necesidades y formas de atención.
Más allá de ser un centro de servicios médicos, el CAMI funciona como un espacio donde la universidad se vincula con la comunidad; donde la formación profesional se encuentra con necesidades reales y el conocimiento académico se convierte en atención concreta para quienes buscan mejorar su salud.
Para las estudiantes y especialistas entrevistadas, este espacio también confirma o fortalece la vocación. Aunque reconocen que la carga académica y clínica puede ser pesada, también encuentran satisfacción en saber que su trabajo aporta algo a otras personas.
Por último, el CAMI muestra que aprender en el área de la salud no consiste sólo en memorizar protocolos, dominar técnicas o aprobar materias; también implica reconocer que cada paciente es distinto, que cada consulta exige sensibilidad y que detrás de cada expediente existe una persona con una historia propia. Este espacio nos recuerda que la salud no nada más se atiende, sino que también se escucha, se acompaña y se aprende.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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