El agua es vida, la comunidad también
El problema del agua en la AMG ha salido por fin a la superficie: entre protestas ciudadanas y medidas anunciadas por parte de las autoridades, debajo de la incertidumbre acerca de cuándo y si se logrará realmente resolver la crisis hídrica que enfrentamos, queda la seguridad de que será un proceso largo y complicado para toda la población
La mala calidad del agua en el Área Metropolitana de Guadalajara ha afectado a más de 600 colonias de los diferentes municipios. Desde inicios de este año, la población ha denunciado olores fétidos, coloración oscura o amarillenta, lo que ha provocado inconformidad y, en algunos casos, daños a la salud.
El pasado 11 de octubre, colectivos de activistas y ciudadanía en general salieron a manifestar a las calles su inconformidad y exigir soluciones ante esta crisis sanitaria. Por su parte, el gobierno anunció que para atender el problema realizará tandeos de agua en buena parte del área metropolitana, mientras se inicie la construcción de un nuevo acueducto.
“Es necesario hacer un estudio de análisis, cuidadoso y una modelación por computadora, para determinar si existe realmente el beneficio como se está presumiendo desde gobierno o no, o si hay un riesgo. Eso es lo que se tiene que hacer antes de garantizar un servicio eficiente, se está confiando mucho en el conocimiento empírico y reconocido de los operadores ya antiguos del sistema”, dijo al respecto Arturo Gleason, investigador de la Universidad de Guadalajara.
Estas medidas, al igual que la movilización ciudadana y los análisis de investigadores, hacen vislumbrar que la resolución del problema del agua en Guadalajara será un proceso a largo plazo y con resultados inciertos.
La protesta corrió por las calles

Los domingos en Guadalajara suelen ser tranquilos. Menos ruidosos, más contemplativos. Sin embargo, el pasado 11 de octubre fue diferente. Más de diez mil personas se congregaron, antes de las doce del día, en las inmediaciones de la glorieta de La Minerva para protestar por su derecho al agua limpia, libre de contaminantes, de olores y colores que han perturbado su calidad de vida desde hace varios meses.
Personas de la tercera edad, niños y niñas, colectivos de artistas y activistas, madres, padres, amigos y colegas periodistas comenzamos a caminar entre consignas por la avenida López Mateos, con el propósito de llegar hasta las inmediaciones de Casa Jalisco.
Las consignas eran varias y en todas se pedía respetar el derecho a la vida, a la salud pública y al acceso universal del agua potable como líquido vital para la supervivencia de nuestra especie.
“Somos parte de un ecosistema envenenado y apenas nos llegó a la ciudad, para que nos demos cuenta que debemos, que necesitamos hacer algo por el cuidado del agua”, comentó Christian, con los pies de su hija de no más de cuatro años que cuelgan de sus hombros. “Buscamos justicia, castigo para quienes contaminan nuestros ríos, que tengamos un servicio digno y justicia para la gente del Salto”.
El río de gente fue moviéndose empujado por la brisa de la perseverancia y de la unión colectiva, mientras que los carteles señalaban la falta de atención del gobierno, el miedo a la privatización, la precariedad y el hartazgo social por abrir la llave de su domicilio y recibir un líquido con olores nauseabundos, colores extraños o baja y nula presión.
“Llegamos a un punto insostenible”, son las palabras de Nikolo, un joven con un conocimiento profundo en el tema de enfermedades renales. “El agua de Guadalajara está cargada de nefrotóxicos, que a la larga generan enfermedad renal crónica, esto ya es insostenible, literalmente el agua nos está matando”, mencionó.
Vallas negras y grandes nos recibieron al llegar a las inmediaciones de Casa Jalisco, para evitar que las y los manifestantes pudieran acercarse a aquel edificio blanco, protegido de esquina a esquina. Las manos fueron más y con la fuerza de varios hombres y mujeres, las vallas fueron removidas, haciendo que la marea de gente se colocara justo delante.
De inmediato, mujeres policías, con cascos y escudos con el emblema de la ciudad se posicionaron frente de las y los asistentes, para contener a toda costa a la multitud que buscaba aproximarse a la casa del Gobernador de Jalisco.
Bertha tiene 65 años, era la primera vez que acudía a una manifestación. Se encontraba justo al lado de los cuerpos uniformados: “Siento mi dolor compartido aquí con los manifestantes, no es justo que nos bañemos con agua con heces fecales”. Su exigencia es que los presupuestos sean utilizados de manera correcta en las plantas potabilizadoras.
Para Rosa también fue su primera marcha, pero la motivación de venir no solo nació de lo que ella vive en la ciudad: “Si nosotros como ciudadanos no hacemos nada, nadie lo va a hacer, ahorita pasa aquí pero puede afectar la vida de todas las demás personas, y puede que digamos ‘es que a mi no me pasa’, pero si no te manifiestas ahora ¿quién lo va hacer?”, reflexionó.
Entre aplausos y ovaciones, fue recibido el “bloque negro”, integrado en su mayoría por jóvenes estudiantes que tenían a la mano cubetas con globos de diferentes colores, llenos de agua sucia extraída de sus hogares. Posicionándose hasta el frente de la manifestación, junto a las y los policías, comenzaron a lanzarlos.
Inmediatamente, los uniformados reaccionaron con un chorro de agua a presión. Comenzaron así las detenciones, el gas pimienta que cegó la vista, las personas con sangre en el rostro corriendo de un lado al otro, buscando ayuda. Sin embargo, a lo lejos se escuchaba otra consigna, una que motivó a las personas a no abandonar las filas de la manifestación: “No tenemos miedo, no nos vamos”.
La impresión que dejó el cierre de la marcha, es que en realidad nada terminó. Apenas empiezan los tandeos, las afectaciones al servicio, los proyectos para intentar resolver el problemas, y, con toda seguridad, también continuará la protesta ciudadana.
Tandeos, una solución a medias
El Siapa, organismo público que provee de agua a los diferentes municipios del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), anunció desde la semana pasada que diferentes colonias serán afectadas con menor o nula presión del agua en sus hogares, derivado de un “tandeo” en el que se proveerá de manera rotativa a algunas colonias mientras otras se quedan sin el servicio.
Esta propuesta funcionará de manera temporal durante seis meses, según el gobernador del estado, Pablo Lemus, en lo que se termina de construir el Acueducto Sustituto Chapala–Guadalajara, un proyecto de infraestructura hídrica que busca reemplazar el antiguo sistema que abastece a más del 60 por ciento del AMG.
Para el doctor Arturo Gleason Espíndola, investigador del departamento de técnicas y construcción del CUAAD, los tandeos son una propuesta arriesgada que podría incluso empeorar la calidad del agua.
“Mover los flujos de agua de un lado para otro, sin tener el conocimiento de cómo se están moviendo, podría mejorar la calidad, pero en otros escenarios empeorarla. Es el grado de incertidumbre, en 8 mil 500 kilómetros de redistribución, lo que vuelve complejo determinar qué efectos puede tener sobre la calidad del agua”, comentó.
Según mencionó, es urgente tener un estudio más complejo sobre la magnitud y estado de la red hidráulica del AMG, ya que algunas partes tienen más de 80 años de operación y bajo o nulo mantenimiento. Por lo que seis meses de desabasto en el AMG podrían resultar insuficientes para la resolución de un problema de tal magnitud.
“Hace falta un diagnóstico a fondo que permita conocer con claridad el sistema de abastecimiento que tiene captación en Chapala, Los Pozos y Calderón, el estado de sus tuberías de extracción. Y después investigar el tema de la distribución, sobre todo desde la planta de Miravalle, salen seis tuberías de gran calado, construidas entre 1955 y 1983. Entonces, ya toda esta infraestructura es vieja, por lo que es imposible conocer el estado en el que se encuentra”, agregó.
Sobre el riesgo de una posible privatización del servicio de agua potable en el estado, misma que ha sido negada por el gobernador en múltiples ocasiones, el investigador añadió: “Podría el estado endeudarse con más y más obras que no solucionarían la problemática del agua, y eso me preocupa. No veo que haya soluciones reales si no corrigen de fondo la corrupción, el desorden y la ineficiencia que tiene el Siapa. Esto es grave y no está dentro del proyecto del acueducto. No se vale decir que con esa obra se resuelve el problema de fondo y nos puede comprometer a todos los tapatíos y tapatías a pagar una obra privada”, concluyó.


