
Aunque mayormente pasa desapercibida, la labor en una biblioteca es fundamental en el proceso de aprendizaje y para sostener la vida académica y donde, a veces, además, hay espacio para lo inesperado
Entrar a la biblioteca del CUValles es encontrar un espacio circular, con una decoración según la época del año y pequeñas plantas, donde el personal bibliotecario recibe a la comunidad universitaria. A primera vista, todo parece ordenado y silencioso. Sin embargo, detrás de esa aparente calma existe un trabajo que pocas veces se nota.
Para muchos usuarios, ser bibliotecario se reduce al préstamo de libros o al clásico “shh” para pedir silencio. Pero su labor va mucho más allá, puesto que orientan, escuchan y, en ocasiones, se convierten en un espacio seguro de contención emocional.
Mientras platicaba con Verónica Macedo, bibliotecaria desde hace 21 años en el centro, llegó un estudiante visiblemente angustiado. Con paciencia y empatía, ella lo escuchó, orientó y acompañó hasta que pudo tranquilizarse. Momentos como éste muestran que la biblioteca no sólo resguarda libros, sino también historias y emociones.

A las siete de la mañana inicia la jornada de Ana Rosa Cabañas, otra bibliotecaria del CUValles, quien recibe a los usuarios, registra entradas y gestiona préstamos. Minutos después, Verónica Macedo recorre la biblioteca para observar la dinámica del lugar y anticipar las necesidades de la nueva jornada.
“El día comienza recibiendo a los usuarios, así como con la entrega y préstamo de libros. También revisamos los espacios y acomodamos el mobiliario”, explica Ana Rosa Cabañas.
Conforme avanza la mañana, el ambiente cambia. Lo que inicia como un espacio tranquilo pronto llega a parecer un centro comercial, lleno de estudiantes. “A esa hora, el ambiente es dinámico, los espacios están saturados”, señala la maestra Macedo.

Mientras los usuarios leen, estudian o utilizan las computadoras, gran parte del trabajo ocurre fuera de su vista. Detrás de cada libro disponible hay un proceso de catalogación que permite su localización en el sistema; así como un control constante del material, libros que se acomodan, se reparan o se retiran cuando ya no están en condiciones.
A estas tareas se suman otras, como la generación de estadísticas sobre el uso de los servicios o la planificación de actividades académicas y culturales. “También hay labores administrativas que no se ven, como la gestión de recursos o la organización de actividades”, explica Macedo. La biblioteca ofrece talleres para distintos públicos, desde niños hasta adultos mayores, como círculos de lectura y cuentacuentos.
Entre la rutina también hay espacio para lo inesperado. Hay usuarios que buscan libros “perdidos” que, en realidad, ellos mismos han solicitado, o notas de amor olvidadas entre las páginas, comparte Macedo. Son pequeños hallazgos que recuerdan que la biblioteca resguarda conocimiento, pero también historias.

Más allá de los retos cotidianos, ambas coinciden en que su labor tiene un impacto directo en la vida académica de la universidad. “Somos parte fundamental en el proceso de aprendizaje”, afirma Ana Rosa Cabañas.
“Contribuimos a crear un espacio para el estudio, la reflexión y el intercambio de ideas”, agrega Macedo. Sin embargo, también reconocen que su trabajo suele pasar desapercibido. “Mi trabajo va más allá de sólo prestar libros”, enfatiza Ana.
“Es un trabajo muchas veces invisible, pero indispensable”, concluye Macedo.
Hacia el futuro, ambas imaginan bibliotecas más innovadoras, tecnológicas y flexibles, capaces de adaptarse a nuevas formas de aprendizaje sin perder su esencia como espacios de conocimiento.
Así, lo que para muchos es únicamente un lugar de estudio silencioso, se revela como un espacio vivo, donde cada libro, cada estante y cada usuario forman parte de un trabajo constante y silencioso que sostiene la vida académica de la universidad.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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