lunes, octubre 5, 2026
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Depresión en personas de la tercera edad: una enfermedad silenciosa

El envejecimiento saludable se convierte en una estrategia clave para la prevención de estos trastornos en las personas mayores, puesto que favorece la construcción de entornos que impulsan la autonomía, la participación y el sentido de propósito

Especial

En los últimos años, la atención de trastornos de ánimo como depresión, ansiedad y distimia se han focalizado sobre todo en poblaciones más jóvenes; sin embargo, estas enfermedades no discriminan por edad y pueden llegar a ser un detonante que afecte la calidad de vida de las personas mayores de 60 años. 

Camuflada entre los “síntomas normales” del envejecimiento, la depresión avanza silenciosamente cada vez más y más en personas de la tercera edad. 

Vejez no es igual a depresión 

La Organización mundial de la salud (OMS) informó que en el año 2025, 5.7 por ciento de las personas mayores de 60 años presentó depresión, caracterizada por un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés en actividades cotidianas y otros síntomas cognitivos, somáticos y afectivos que persisten durante al menos dos semanas. No obstante, datos del Instituto nacional de personas adultas mayores (Inapam) en México, recabados mediante la Encuesta nacional de salud y envejecimiento (Enasem), reportó que 59 por ciento de las personas mayores entrevistadas presentaba depresión, cifra muy superior a la reportada globalmente.

Aura Violeta García Aguilar, psicogeriatra adscrita al servicio de Psiquiatría del Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde, resaltó que uno de los principales problemas para identificar el trastorno dentro de esta población es la normalización de los síntomas, que se asocian con los que son considerados como comunes en la vejez. 

“Síntomas como insomnio o somnolencia, cambio en el estado de ánimo, aislamiento, dolores crónicos, mareos y pérdida de la memoria son de los más comunes cuando se padece trastorno depresivo y no son provocados por la edad, por lo que deben de ser atendidos. Incluso, en las personas de la tercera edad los síntomas de depresión son hasta dos veces más prevalentes que en la población general”, destacó García Aguilar. 

Foto: Fernanda Velazquez

Por ello, es muy importante que reciban apoyo psiquiátrico y médico en general con el objetivo de generar un tratamiento apto para cada paciente y determinar si cuenta con alguna enfermedad crónico degenerativa; acompañado también de atención psicológica constante y oportuna. 

“El tratamiento para depresión o para ansiedad es el que utilizamos en cualquier grupo de edad, buscando conciliación con otros medicamentos que se utilicen para enfermedades como hipertensión, diabetes o condiciones cardíacas. Está demostrado, por ejemplo, que el tratar en esta etapa de la vida la depresión y la ansiedad reduce el riesgo de deterioro cognitivo o pérdida de memoria o de funcionalidad, así como la mortalidad en enfermedades cardíacas, y hasta un mejor control metabólico”, declaró. 

García Aguilar recalcó que trastornos como ansiedad y depresión debilitan la capacidad de concentración y de coordinación: “Existen comisiones internacionales que estudian los factores protectores para la memoria o para el deterioro cognitivo y, justamente, la depresión, la ansiedad y las alteraciones del sueño entran en un porcentaje modificable en esta etapa de vida. Es relevante porque muchas veces también estas quejas como de memoria se asocian con una enfermedad puramente neurológica, y si tratamos, por ejemplo, un estado de ansiedad o depresión, pueden mejorar de forma notable”. 

Aunque estos problemas se han focalizado en poblaciones mucho más jóvenes, principalmente adolescentes y adultos jóvenes, el suicidio también es una causa de muerte para personas mayores de 75 años, con una cifra de aproximadamente diez casos por cada 100 mil habitantes.

Foto: Abraham Aréchiga

Rutina para combatir el desánimo 

Datos del gobierno federal señalan un enfoque de envejecimiento saludable, promovido por la OMS, donde se plantea que todas las personas deben tener la oportunidad de desarrollar y mantener capacidades funcionales que les permitan vivir con bienestar en la vejez. Desde esta perspectiva, el envejecimiento saludable se convierte en una estrategia clave para la prevención de la depresión en las personas mayores, puesto que favorece la construcción de entornos que impulsan la autonomía, la participación y el sentido de propósito.

Tania Matilde Granado Gil, coordinadora de la licenciatura en Gerontología del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá) de la UdeG, explicó que en las personas de la tercera edad muchas veces existen condiciones que pueden limitar su movilidad; sin embargo, es importante siempre preservar su independencia física, psicológica y financiera. 

Según explicó Granado Gil, para los adultos mayores es fundamental tener una rutina de sueño asignada; evitar, de ser posible, pasar tanto tiempo en cama; darse baños de sol por la mañana, no mayores a 15 minutos; evitar la inactividad física y participar en actividades del hogar o recreativas con normalidad. 

“Solemos ser muy protectores con las personas de la tercera edad cuando, muchas veces, no es necesario; esto puede ocasionar que vayan perdiendo su autocuidado. El restringir el movimiento altera factores neurológicos que son claves para la posibilidad cerebral y la regulación afectiva, generando deterioro cognitivo”, mencionó la académica. 

Además de ejercicios físicos y actividades cotidianas, recomienda actividades que estimulen social y cognitivamente a las personas mayores: “Es recomendable no abordar depresión, ansiedad y aislamiento únicamente como problemas individuales, sino mediante actividades que fortalezcan de manera simultánea autonomía, participación social, sentido de pertenencia, funcionalidad y propósito de vida”, dijo. 

“No basta con ‘mantener ocupada’ a la persona mayor. La actividad debería ser significativa para ella, respetar sus preferencias, capacidades, historia de vida y contexto sociocultural. Por ejemplo, un ‘taller de manualidades’ puede tener mayor impacto si se vincula con algo significativo para la persona: enseñar una técnica que conoce, elaborar objetos para su familia o participar en una exposición comunitaria. Así, la actividad no sólo entretiene, sino que puede generar sentido de propósito, reconocimiento y participación social”, agregó.

 

SUAM: una opción para continuar aprendiendo 

Desde hace trece años el Sistema universitario del adulto mayor (SUAM), de la Universidad de Guadalajara, ha abierto más de 20 convocatorias para que toda persona mayor de 60 años pueda acudir a alguno de sus más de 30 talleres, ofertados de manera presencial y en formato virtual. 

“A partir de 2013 abrimos la primera convocatoria, que tenía como objetivo formar a personas mayores para que pudieran tener una vejez activa, propositiva, lo más autónoma posible. Desde entonces y hasta el día de hoy llevamos 28 convocatorias y alrededor de 9 mil personas mayores han pasado por las aulas del SUAM”, comentó su exdirector, Juan Manuel Durán Juárez. 

Tal es el caso de Jorge Domínguez, quien a sus 71 años continúa fiel a lo que le dictan sus pies. Desde hace cuatro trimestres es alumno del curso de Danza regional, donde, según comenta, “cumplió su sueño dorado de la juventud”.

“Uno piensa, o la sociedad dice, que hay una edad en la que no hay nada nuevo que aprender y te pones ese límite; pero la verdad es que no, cuando se quiere, se puede. Como decía mi abuela, ‘el cuero es el que se arruga’, pero la mente continúa viva e inquieta por aprender. Yo he recomendado el SUAM a otros amigos que ahora también están aprendiendo, conociendo nuevas personas y viviendo nuevas experiencias”, dijo. 

Además de danza y otros cursos que se relacionan con la actividad física, el SUAM ofrece diversas opciones para seguir estimulando la mente, el pensamiento y la socialización: “Nuestros cursos tienen un enfoque en salud y desarrollo, humanidades, idiomas y cómputo, agricultura y plantas, artes y recreación”, destacó Durán Juárez. 

“Necesitamos crear conciencia en la sociedad de que no deben ser discriminadas las personas mayores por su edad; no deben ser maltratadas, se tienen que respetar sus derechos humanos. Es un proceso que se va generando también en la sociedad hacia las personas mayores”, agregó. 

Javier García de Alba, director del SUAM, dijo que estos cursos sirven para establecer un puente generacional, además de mantener activas y empoderadas a las personas que se encuentran en esta etapa de la vida y evitar su marginación. 

“El SUAM es gratuito y no se requiere tener un grado escolar para participar. Es un programa matutino, diseñado para que el adulto mayor pueda moverse; su periodo es de cuatrimestres, lo que lo vuelve generoso y responde a una necesidad de derechos humanos”, dijo García de Alba.

Las sedes del SUAM encuentran distribuidas en Jalisco de la siguiente manera: en el Área Metropolitana de Guadalajara están las instalaciones centrales en la calle Liceo 210, Centro Histórico de Guadalajara, entre San Felipe y Reforma; y en los centros universitarios del Sur, con sede en Ciudad Guzmán; de la Costa Sur, con sede en Autlán de Navarro; de los Lagos, en Lagos de Moreno y de la Costa, con sede en Puerto Vallarta.

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