
Investigación del CUCBA busca aprovechar microorganismos acuáticos para ayudar a los cultivos de jitomate a enfrentar la salinidad, problemática que afecta la productividad agrícola en distintas regiones del mundo
Aunque el océano y la agricultura son mundos distintos, los microorganismos que habitan ambientes marinos podrían ofrecer soluciones a algunos de los desafíos más urgentes que enfrenta la producción de alimentos; como la salinidad del suelo, un problema que limita el desarrollo de los cultivos y reduce su rendimiento en numerosas regiones agrícolas.
Ahtziri Guadalupe Lomelí Mancilla, estudiante de la maestría en Biosistemática y manejo de recursos naturales y agrícolas, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), evalúa el potencial de una actinobacteria marina como una alternativa sostenible para ayudar a los cultivos de jitomate a enfrentar el estrés salino y favorecer su germinación y crecimiento.
“La idea es que estas bacterias puedan asociarse con las plantas y ayudarlas a resistir este tipo de estrés”, explicó la estudiante.
La salinidad se ha convertido en un desafío creciente para la agricultura debido a factores como el uso prolongado de fertilizantes y las condiciones ambientales asociadas con el cambio climático. Cuando las sales se acumulan en el suelo, las plantas tienen dificultades para absorber agua, aun cuando ésta se encuentra disponible, afectando su desarrollo desde las primeras etapas de crecimiento hasta la producción de frutos.
Las actinobacterias son un grupo particular de microorganismos que, aunque pertenecen al reino bacteriano, presentan un crecimiento filamentoso similar al de los hongos. Esta característica llamó la atención de los investigadores debido a que podría favorecer su asociación con las raíces de las plantas y contribuir a mejorar su tolerancia a condiciones adversas.
La bacteria estudiada, que forma parte de una línea de investigación desarrollada en el Laboratorio de ecosistemas marinos y acuicultura del CUCBA bajo la dirección del doctor Héctor Ocampo y la doctora Amayaly Becerril Espinosa, pertenece al género Streptomyces, ampliamente conocido por su importancia ecológica y biotecnológica; de hecho, estos microorganismos son responsables del característico olor a tierra mojada que se percibe después de la lluvia.
La investigación surgió a partir de una pregunta poco común: ¿puede un microorganismo adaptado al ambiente marino beneficiar a una planta terrestre? La hipótesis se basa en que las bacterias provenientes del océano ya están acostumbradas a vivir en condiciones con altas concentraciones de sal, por lo que podrían ayudar a los cultivos a enfrentar problemas similares.
Para poner a prueba esta idea, la actinobacteria fue aislada de una lapa marina asociada con algas; posteriormente, los investigadores realizaron distintas pruebas bioquímicas y moleculares para identificar características que pudieran favorecer el crecimiento vegetal y la tolerancia al estrés salino.
Entre los mecanismos evaluados se encuentran la capacidad de facilitar la disponibilidad de nutrientes para las plantas y la producción de compuestos que ayudan a disminuir algunos de los efectos fisiológicos provocados por el estrés; además, se realizaron pruebas para confirmar que la bacteria es capaz de establecer una asociación con las raíces del jitomate.
El trabajo experimental incluye distintas etapas del desarrollo de la planta; primero, se evalúa la germinación de las semillas bajo condiciones controladas de salinidad; segundo, se analiza el crecimiento de plántulas y, finalmente, el desarrollo y producción de frutos en condiciones de invernadero que se aproximan a escenarios reales de cultivo.
Los resultados obtenidos hasta ahora son alentadores. En pruebas de germinación realizadas bajo estrés salino, las semillas tratadas con la bacteria mostraron un incremento cercano a 20 por ciento en comparación con aquellas que no recibieron el tratamiento; asimismo, se observaron efectos positivos en el crecimiento de las plántulas.
Aunque la investigación continúa en desarrollo, los hallazgos sugieren que estos microorganismos podrían convertirse en una herramienta complementaria para fortalecer los cultivos frente a condiciones ambientales cada vez más desafiantes. Sin embargo, Lomelí Mancilla enfatiza que el objetivo no es sustituir los fertilizantes, sino aprovechar de mejor manera los recursos ya presentes en el suelo.
“Sin organismos no tenemos un suelo funcional. Cada vez entendemos más la importancia de los microorganismos para mantener la productividad agrícola y la salud de los ecosistemas”, dijo.
Más allá de los resultados obtenidos en el laboratorio y el invernadero, el proyecto también refleja una tendencia creciente en la agricultura moderna: el aprovechamiento de microorganismos benéficos para desarrollar estrategias más sostenibles y reducir la dependencia de insumos químicos.
Mientras las pruebas avanzan hacia etapas más cercanas a las condiciones reales de producción, la investigación continúa explorando el potencial de los microorganismos marinos como herramientas para una agricultura más sostenible. Los resultados preliminares sugieren que organismos provenientes del océano podrían convertirse en aliados inesperados para ayudar a los cultivos a enfrentar algunos de los desafíos ambientales más importantes de la actualidad.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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