martes, septiembre 15, 2026
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Dejar la casa para encontrar otra. ¿Qué significa ser foráneo en la universidad?

Lejos de sus familias, integrantes de la comunidad del CUCSur comparten cómo fue dejar atrás las comodidades para emprender un viaje académico lleno de autodescubrimiento

Hay despedidas que comienzan mucho antes de dejar la casa. Para muchos jóvenes, estudiar una carrera también significa aprender a vivir lejos de su familia, hacer nuevas amistades, adaptarse a un lugar desconocido y, poco a poco, descubrir quiénes son cuando ya no tienen cerca todo aquello que conocían.

En el Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) esta experiencia forma parte de la vida cotidiana. Durante el ciclo 2026-B, de sus cuatro mil 407 estudiantes, 2 mil 761 son foráneos, equivalentes al 62.65 por ciento de su comunidad estudiantil. Jóvenes que llegaron desde distintos estados del país y del extranjero para estudiar una carrera.

Detrás de estas cifras hay historias de estudiantes que dejaron sus hogares para perseguir un sueño profesional. Una experiencia que también conoce Ana María de la O Castellanos Pinzón, rectora del plantel, quien fue foránea y tuvo que trasladarse de Unión de Tula a la Ciudad de México y, posteriormente, a Guadalajara para continuar sus estudios.

“Ser foránea significa también vencer miedos al lugar donde vas, dónde estás, con quién estás y dónde vas a estar. Ser foránea significa adaptarte a los lugares a los que no estás acostumbrado; también te crea disciplina, una disciplina que tienes que aprender para conocer nuevos ambientes, saber dónde moverte, porque cuando llegas a esos espacios llegas hasta con miedo”, comparte.

Irse de casa no es una decisión que tome solamente quien hace la maleta. Para Anaelí Flores, estudiante de primer semestre de Medicina y originaria de Manzanillo, Colima, dejar su hogar también significó modificar las pequeñas rutinas que compartía con su familia. “Extraño comer con mi familia. Eso es algo que no valoras hasta que lo pierdes”, cuenta.

La distancia también le ha enseñado a mirar de otra manera los tropiezos y a entenderlos como parte del proceso de crecer lejos de casa: “La vida se trata de experiencia. A mayores equivocaciones, mayor experiencia”, reflexiona.

Para Andrea Soltero, estudiante de primer semestre de Enfermería y originaria de Vega de Alatorre, Veracruz, la distancia se sintió desde los primeros días. Dejar su casa significó enfrentarse de golpe a una ausencia que se hacía presente en las cosas más sencillas. “Todas las mañanas lloraba, ‘Ay, ya me quiero ir a mi casa’. Extrañaba a mi mamá, a mi hermano, a mis amigas, mi casa en general”, recuerda.

Después llegó otra parte del proceso: aprender a organizar sus tiempos, resolver por sí misma las cosas cotidianas y comenzar a encontrar una rutina propia en un lugar que al principio todavía no sentía suyo. 

Con el paso de los semestres, la experiencia de ser foráneo también puede convertirse en una oportunidad para descubrir aspectos de uno mismo que quizá no habrían aparecido de haber permanecido en casa. Para Yanis Rodríguez, estudiante de sexto semestre de Biología marina y oriunda de Monterrey, Nuevo León, vivir lejos significó adaptarse a otra cultura. Incluso, su manera de hablar comenzó a cambiar. “También perdí mi acento”, reconoce.

Pero el cambio más importante no ocurrió en su forma de hablar, sino en la manera en que comenzó a mirarse a sí misma. “Para mí, ser un foráneo es conocerte en otro lado que no sea tu origen, conocer otra versión de ti y, en mi caso, amar esta nueva versión de mí”, comparte.

Después de varios semestres, Yanis también aprendió a valorar de otra manera el tiempo con su familia. La distancia hizo que los momentos juntos adquirieran un significado diferente. Para ella, después de todo lo que ha implicado aprender a vivir lejos, la experiencia puede resumirse en una palabra: “Siento que ser foráneo es muchas cosas, pero principalmente es ser una persona muy valiente”, dice con orgullo.

Celia Anahí Rodríguez, estudiante de noveno semestre de Biología marina y nacida en Gómez Palacio, Durango, salió de su casa a los 18 años. Venía de una familia muy unida, y al llegar a la universidad tuvo que aprender a vivir lejos de quienes habían sido sus principales apoyos: “Irte de tu casa es una de las cosas más fuertes que te puede pasar”.

Pero con el tiempo descubrió que irse también era la posibilidad de construir nuevos vínculos. “También descubrí que las familias se pueden crear en nuevos lugares”, cuenta. Sus amistades se convirtieron en una red de apoyo durante los momentos en que su familia estaba lejos. Así, la universidad dejó de ser solamente el lugar donde estudiaba, y pasó a ser una comunidad capaz de acompañarla.

Para Anuar Arenas, estudiante de octavo semestre de Biología marina y venido de Coxcatlán, San Luis Potosí, vivir lejos de casa transformó incluso su idea de pertenencia. Con los años, Melaque dejó de ser solamente el lugar al que llegó para estudiar; las amistades, los espacios recorridos y las experiencias compartidas hicieron que pudiera sentirlo también como suyo.

Para él, ser foráneo implica aprender a tener “varias casas, varios hogares,”. Cada lugar puede guardar una versión distinta de quien uno es. Y quizá ahí está una de las partes más extrañas de irse: regresar a casa y descubrir que ya no se siente exactamente igual. Porque dejarla no significa necesariamente dejarla para siempre, pero sí significa cambiar la relación que se tiene con ella.

Para Anaelí fue aprender a valorar lo cotidiano; para Andrea, descubrir que puede construir un hogar lejos del suyo; para Yanis, conocer una versión de sí misma que no sabía que existía; para Anahí, encontrar una familia en las personas que la acompañan; y para Anuar, comprender que quizá no existe un solo hogar, sino varios lugares a los que se puede pertenecer.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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