De jugar en tierra a llenar estadios: las Leonas Negras y la historia del futbol femenil en México
Entre prejuicios, canchas improvisadas y rifas para obtener recursos, toda una generación de apasionadas por el futbol abrió camino para una liga que hoy es de las más vistas del mundo, pero que todavía busca equidad
Desde muy corta edad, Ana Cristina González, conocida como “Tity”, supo que su lugar feliz era una cancha de futbol, pateando un balón. Aún no imaginaba que, con el paso de los años, todos sus esfuerzos, sacrificios y luchas harían sus sueños realidad. Y esa realización fue impulsada en su paso por un equipo que fue fundamental para la historia del futbol femenil en México: las Leonas Negras.
Los inicios de Tity fueron quizás como los de muchas: impulsada por sus padres –él futbolista y ella basquetbolista–, de ahí que su niñez transcurriera entre canchas.
“Vi que lo que me daba el futbol no me lo daba ningún otro deporte, y esa felicidad la empecé a vivir y dije, ‘Este es mi lugar feliz’”.
En la década de los 90 jugar futbol, siendo mujer, era un reto y un acto de valentía, entre canchas improvisadas, sin pasto y sorteando cuestionamientos como, ¿qué hace una mujer aquí?
“En la colonia había una multicancha y se hacían las retas y los torneos. A mi equipo lo mencionaban como ‘el equipo de la morra’, y la morra era yo. Había que soportar frases como, ‘No tienes que estar aquí’, ‘Vamos a cuidar a la niña’, ‘Ya te metiste con los niños’; y era aguantar patadas, balonazos”, relata Tity.
Pero su historia cambió cuando, tras hacer pruebas para la selección Jalisco, en su etapa universitaria entró a formar parte del equipo femenil de la Universidad de Guadalajara.
A la pregunta de qué representan para ella las Leones Negras, responde tajante: todo. “Gran parte de mi corazón. Siempre me preguntan a quién le voy, pues a mis Leones Negros, a mis Leonas Negras, que tienen un lugar bien especial, mi Alma mater, con quien me desarrollé, quien me dio la oportunidad de crecer, con quien llegué a selección nacional y jugué dos universiadas mundiales”.
Fotografía: Luis Manuel Sosa Gutiérrez
Cortesía Leonas Negras
Una historia de pioneras
Mucho antes de que los estadios se llenaran y los partidos fueran transmitidos en vivo, hubo equipos que sostuvieron el futbol femenil en México. En Guadalajara, las Leonas Negras fueron de esos equipos que entonces no aparecían en televisión, pero que sí quedan en la memoria de quienes saben que jugar también es resistir.
Sin contratos, sin reflectores y con recursos limitados, empezaron a jugar por convicción, por mera pasión; combinaban el futbol con estudios, trabajo; costeaban sus traslados, jugaban contra hombres, prejuicios y con uniformes heredados.
En su época, las Leonas Negras no sólo competían: abrían camino. Representaban la posibilidad de que las mujeres ocuparan un espacio que históricamente les había sido negado. Cada partido era, en el fondo, una forma de reclamar ese lugar.
Jugadoras que entrenaban después de limpiar vidrios tirados en un campo de tierra. Jóvenes que competían sin saber siquiera que existía un camino profesional; que lo hacían por algo más difícil de explicar: la pasión por el futbol.
Hoy, cuando miles de personas llenan estadios y corean el nombre de las futbolistas, la historia parece distinta. Pero no lo es del todo, está construida sobre los pasos de esas pioneras que jugaron cuando nadie miraba.
La llegada de Ana Cristina a las Leonas Negras coincidió con la etapa dorada del equipo. Algunas de sus jugadoras formaban parte de la selección nacional, tal es el caso de Carla Rossi y Alejandra Dávila.
“Ganamos cuatro Universiadas nacionales y dos terceros lugares. Siempre nos trajimos medalla, así que yo mucho de lo que le debo al futbol, se lo debo al proceso que tuve con ellas”.
Ver jugar a esa generación dorada era un espectáculo aparte; su lucha, su entrega y la pasión y amor por los colores universitarios quedaban de manifiesto en cada balón disputado. Ahí nadie se rendía, todas luchaban por el mismo objetivo.
“Había garra, amor, pasión, teníamos mucha unión, y eso hizo la gran diferencia, el amor, la pasión, el defender la playera”, cuenta Tity.
Este equipo, del que formó parte por diez años, le enseñó a trabajar para lograr sus metas, a nunca rendirse, a no abandonar, a pesar de las carencias.
“Teníamos que botear, dominar el balón en los semáforos para sacar para los viajes, para los nacionales. Siempre nos apoyó la universidad en los torneos oficiales, pero nosotras queríamos jugar la liga mexicana, en todos los nacionales, la Copa Telmex”, confiesa.
Cortesía Leonas Negras
Cortesía Leonas Negras
Construir sin olvidar el origen
En la cancha donde celebró varios títulos, Alejandra Martín del Campo “La Bocho” dirige a su equipo. La exjugadora de Leonas Negras, parte de aquella generación dorada, vive el reto desde el banquillo: reconstruir, convencer y volver a ganar.
El contexto no es sencillo. Aunque el talento existe, el proyecto actual de Leonas Negras atraviesa un momento de transición. Desde su perspectiva, hay materia prima, pero falta consolidar el camino.
“Tenemos muchas chicas, hemos hecho visorías, hay calidad, pero nos falta un poco más de apoyo y certeza en los torneos que vienen. Estamos en una reestructuración, platicando con nuestros directivos para ver qué es lo que viene para el proyecto, que lo que menos queremos es que desaparezca. Al contrario, que se potencie, que llegue al máximo”.
Si antes el reto era abrir espacios, hoy es formar mentalidades. Alejandra lo identifica con claridad: las nuevas generaciones enfrentan una realidad distinta, con más oportunidades, pero también con menos paciencia.
“A veces queremos tres entrenamientos y ser campeonas. Yo trato de transmitirles que valoren todo lo que generaciones atrás hicimos para que ellas tuvieran esta oportunidad, porque se les diera un equipamiento deportivo, tuvieran un lugar fijo para entrenar, viajes”.
Para“La Bocho”, mirar atrás no es nostalgia, es responsabilidad. Saber que fue parte de una generación que “picó piedra” le da sentido a su presente.
“Me siento orgullosa, fui parte de que ellas ahora no sufran tanto. Hay que hacerles ver lo que costó para que valoren lo que tienen. En lo deportivo hay avances, mejor preparación física, mayor estructura, pero falta ese último salto competitivo”.
Al mirar hacia afuera, sabe que la brecha es evidente. Proyectos internacionales que invierten millones en infraestructura femenil contrastan con la realidad mexicana. Pero ella está concentrada en el proyecto.
Su presencia en el banquillo no es casualidad. Es, en sus palabras, un compromiso. Habla desde la memoria de un equipo que acostumbraba ganar, pero también desde la exigencia del presente. Sabe que el camino no es inmediato.
Las Leonas Negras son el equipo de su vida, para el que solo tiene agradecimiento. “Nosotras jugamos para demostrar la garra que es la Universidad de Guadalajara. Bien lo dice nuestro lema: ‘Piensa y trabaja’. Y eso hacemos”.
Fotografía: Luis Manuel Sosa Gutiérrez
Leonas Negras y la resistencia antes del espectáculo
Antes de todo lo que vive el futbol femenil en la actualidad, hubo quienes apostaron por el proyecto cuando todavía no era más que un sueño. Carlos Vargas López es uno de ellos, uno de los impulsores de las Leonas Negras, y quien recuerda que todo comenzó casi como una apuesta contra la lógica de su tiempo.
“El coraje de las muchachas, el coraje de que querían ser y que nadie nos pelaba. Yo pensaba que había mucho talento. Soy un eterno enamorado del deporte en general y aproveché la oportunidad para picar piedra”, cuenta Vargas López.
Pero sostener ese sueño implicaba mucho más que entrenar o competir. Era, literalmente, sobrevivir. “Picamos piedra, pero de las grandes, con un objetivo: fortalecer el futbol femenino y que llegara a ser lo que es ahora”.
Hoy, frente a una liga profesional consolidada, el contraste es evidente, pero es consciente de que las Leonas Negras contribuyeron para que llegara a ser lo que es ahora.
“Cooperamos mucho. Yo invertí aguinaldos, mi sueldo, para que llegara a ser lo que es ahora; por eso les digo que le echen ganas, porque sufrimos mucho”.
Más que un proyecto deportivo, Leonas Negras se convirtió en una causa personal, y en esas historias se encuentra una parte fundamental del presente que hoy vive el futbol femenil en México.
Foto: Adriana González
Semillero de una liga en construcción
Antes de que existiera la Liga MX Femenil se gestaba una historia silenciosa. En la UdeG las Leonas Negras no sólo competían: formaban talento que, años después, terminaría nutriendo el crecimiento del futbol femenil en México.
Para Alberto Castellanos, presidente del Patronato de Leones Negros, el papel de este equipo es claro: ha sido pionero. “La UdeG ha sido referente en el futbol femenil desde hace muchísimo tiempo, desde antes de la liga profesional en México. Tuvimos jugadoras que incluso se fueron al extranjero a jugar, a pesar de no ser profesionales en México”.
Ese protagonismo no se construyó con reflectores, sino con constancia. Campeonatos nacionales, procesos formativos sólidos y una generación de jugadoras que logró trascender, incluso sin estructura profesional, marcaron una época.
Cuando la liga profesional finalmente se creó en 2017, muchos clubes no tenían estructura femenil. Leones Negros sí, levantaron la mano, pero no pudieron integrarse por no pertenecer a primera división; pero decenas de jugadoras formadas en el equipo comenzaron a nutrir a los nuevos planteles del país.
“El último dato que tuve eran 23 ó 25 jugadoras que salieron de aquí a primera división.Pero no sólo futbolistas, también entrenadoras y formadoras surgidas de este proyecto han dejado huella en la liga”.
En los últimos años, el proyecto ha dado un paso clave: construir identidad y hoy el equipo cuenta con imagen, logotipo y uniformes propios.
“Ya tienen su marca, su identidad propia para dignificar las condiciones en las que compiten, al menos dentro del ámbito universitario y amateur. Lo mínimo que podemos hacer es darles condiciones dignas para competir”.
Foto: Abraham Aréchiga
A pesar del crecimiento, hay una meta que sigue en el horizonte: verlas en primera división. “Ojalá pronto podamos tenerlas en la liga femenil nacional, ése sería el sueño«. No depende únicamente del club, sino de las reglas de la propia federación”.
A pesar del crecimiento mediático de la liga, Castellanos es claro: la realidad económica sigue siendo desigual. Desde una experiencia cercana, incluso como padre de una futbolista, ha visto las dificultades que enfrentan muchas jugadoras.
“Hay chicas que se van a otra ciudad a jugar por cinco o diez mil pesos, pagando renta, transporte, eso no debería suceder. Aunque hay clubes que han elevado el estándar como Tigres, América y Chivas, todavía hay un trecho enorme entre lo que se gana y lo que se genera”.
Ante este panorama, esta Casa de Estudio apuesta por un modelo distinto: combinar deporte y educación.
“Tratamos de que las chicas, además de jugar, puedan estudiar, para que el día de mañana tengan otra vía. Muchas jóvenes abandonan el futbol sin haber construido un futuro fuera de la cancha. Hay chicas que se quedan en el camino sin futbol, y sin carrera”.
Fotografía: Luis Manuel Sosa Gutiérrez
Fotografía: Luis Manuel Sosa Gutiérrez
Auge en México
En menos de una década, México no sólo creó una liga femenil, creó la más vista del planeta y, detrás de todo esto, están las historias de quienes hace más de dos décadas empezaron a abrir el camino para que las mujeres también pudieran demostrar su talento pateando un balón.
Después de décadas de equipos universitarios y amateurs, la profesionalización llegó en 2017, con la creación de la Liga MX Femenil de 16 equipos en su torneo inaugural. Allí se estableció un límite de edad (sub-23 en un inicio) y se dio el primer paso hacia contratos y estructura formal.
La consolidación sin embargo llega a partir de 2022, con la expansión a 18 equipos, la llegada de jugadoras extranjeras y mayor presencia de marcas y patrocinios, con lo que la liga se posiciona como la más vista del mundo en futbol femenil. El récord histórico se hizo en el Estadio BBVA, con más de 51 mil asistentes para la final Tigres vs Rayadas.
Sin embargo, el crecimiento del futbol femenil en México no se entiende sin nombres como Maribel Domínguez, que jugaba disfrazada de niño para poder competir; Charlyn Corral, que tuvo que emigrar para desarrollarse profesionalmente; y una nueva generación encabezada por figuras como Katty Martínez, Lizbeth Ovalle y Alicia Cervantes, que hoy están bajo los reflectores, pero aún luchan por condiciones equitativas.
En ese contexto, proyectos como el de las Leonas Negras de la Universidad de Guadalajara se convirtieron en refugio, escuela y trinchera. Ahí se formaron futbolistas que hoy nutren a un buen número de equipos de la Liga MX Femenil, entrenadoras que dirigen en primera división y que forman parte de selecciones nacionales, generaciones que aprendieron a competir cuando el futbol para mujeres no tenía estructura, pero sí identidad y mucho corazón.
Incluso su presencia ya se nota en el arbitraje: cada día son más mujeres las que se suman a esta profesión, tal es el caso de Katia Itzel García, árbitro FIFA participante en la reciente justa mundialista, en conjunto con Sandra Ramírez Alemán, Exleona Negra, quien también debutó en este mundial como quinto árbitro en el partido entre Países Bajos vs Japón.
El crecimiento del futbol femenil en México es una historia de resistencia y, aunque aún falta camino por recorrer, gracias a ese grupo de mujeres que lucharon por sus sueños hoy las nuevas generaciones gozan de mejores condiciones para sobresalir en un medio dominado por los hombres.
Facebook: Federación Mexicana de Fútbol Asociación
De jugadora a entrenadora
Para Ana Cristina, dejar la faceta de jugadora no fue fácil. La depresión post-deportista existe y es una realidad: extrañaba entrenar, cuenta, pero las oportunidades llegaron rápido, desde que salió de Leonas Negras.
“Entre a trabajar a Chivas San Rafael, se abrió la posibilidad de estudiar en la Escuela Nacional de Directores Técnicos y terminando, gracias a Eva Espejo, pude llegar a Pachuca como su auxiliar, donde estuve año y medio. De ahí se da la oportunidad de ir otro año y medio a Ciudad Juárez, como entrenadora del primer equipo, fue una etapa complicada, pero agradecida de todo lo que viví ahí”.
Posteriormente emigró a Tigres, con la categoría sub-19, en la parte de la formación, que siempre ha disfrutado, y donde vivió una época de mucho aprendizaje durante tres años, para después incorporarse a la selección nacional como auxiliar en el equipo sub-16.
Ahora su esfuerzo ha traspasado fronteras y recientemente fue anunciada como la auxiliar técnico de la selección femenil de Ecuador, que estará dirigida por la también mexicana Eva Espejo.
Hoy el panorama para las nuevas generaciones de mujeres futbolistas es diferente, el cambio es real, explicó, y aunque se tiene que trabajar mucho aún, cada vez se acortan más los procesos.
Ver estadios llenos, partidos televisados y equipos de otros países que vienen a disputar encuentros, hacen que se le enchine la piel.
“Actualmente es todo diferente, física, táctica y nutricionalmente, ya tienen un equipo multidisciplinario atrás que se preocupa por ellas. Antes era muy difícil. Creo que hay menos margen de error, ya van a venir mejor preparadas que nosotras”.
Sobre los aspectos pendientes, expresó que aún falta camino por recorrer en temas como el salario, pero considera que se han preparado para poder levantar la mano para ese tipo de oportunidades.
“Sabemos que en nuestro país tenemos una tendencia machista, pero las oportunidades están llegando también para las mujeres. La equidad va llegando, creo que nos está alcanzando, ahorita con la regla de la liga que tiene que haber dos mujeres en cuerpos técnicos, son oportunidades que tenemos que aprovechar; eso nos compromete a seguir preparándonos para esas oportunidades”.
¿Qué le dirías a la “Tity” de hace 20 años que luchaba por su sueño del futbol?, se le pregunta. “Que no deje de ser tan terca, que esa terquedad, que esa insistencia, que esa pasión y amor por lo que hace le va a traer frutos y que siga peleando por esa buena causa, porque lo que no le tocó a ella le va a tocar a otras generaciones, y es un gusto ver eso”.
Fotografía: Luis Manuel Sosa Gutiérrez
Las mujeres que marcaron el camino
Lupita Worbis
Mediocampista histórica de selección
Jugó en Estados Unidos y Europa cuando no había liga en México
Referente en procesos formativos femeniles
Maribel Domínguez “Marigol”
Considerada la mejor jugadora en la historia de México
Máxima goleadora histórica de la Selección Mexicana
Jugó con hombres, e incluso se hacía pasar por niño para competir
Mundialista (1999, 2011) y olímpica (Atenas 2004)
Llegó a jugar en Europa con el Barcelona
Charlyn Corral
Jugó en Europa (Atlético de Madrid, Levante)
Campeona de goleo en España
Ganadora del Premio Nacional del Deporte
Referente ofensiva de México por más de una década
Representa la generación que se tuvo que ir del país para crecer
Katia Martínez “Katty Killer”
Una de las máximas goleadoras históricas de la Liga MX Femenil
Figura clave en Tigres (equipo dominante de la liga)
Presente en múltiples finales del torneo
Alicia Cervantes
Máxima Goleadora de Chivas (161)
Ha sido líder de goleo en la liga
Lizbeth Ovalle
Considerada una de las jugadoras más talentosas de México