martes, octubre 20, 2026
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Cuerpo, movimiento e imagen: el ballet como medio de comunicación

Michelle Gallegos Benavides busca combinar su talento en el escenario con las herramientas que ha adquirido en el CUCosta

A los seis años, Michelle Gallegos Benavides no quería saber nada del ballet y no le gustaba la música clásica. Por eso, cuando comenzó a bailar, eligió el jazz. Lo que entonces parecía una preferencia infantil terminaría convirtiéndose, años después, en una historia de reencuentro con la danza y con una pasión que hoy busca mantener presente en su vida.

Estudiante de cuarto semestre de la ingeniería en Comunicación multimedia en el Centro Universitario de la Costa (CUCosta), comenzó a tomar clases junto con su hermana como una actividad extracurricular. A los 16 años, cuando volvió a bailar en Puerto Vallarta, se acercó primero a la danza contemporánea; sin embargo, observar las clases de ballet despertó su curiosidad hasta llevarla a probar esa disciplina, que terminó convirtiéndose en su favorita.

El ballet reúne dos dimensiones, dice: el arte y el esfuerzo físico. Detrás de los movimientos que parecen sencillos vistos desde el público, hay fuerza, resistencia y una preparación que no siempre se alcanza a percibir. “Es un arte y un deporte”, explica. Pero lo que más le atrae es la capacidad de los bailarines de transmitir emociones y contar historias sin pronunciar una sola palabra.

“Los bailarines, a veces, no saben cómo comunicarse verbalmente; entonces, siento que encuentran este refugio y seguridad al poder expresarse sin la necesidad de las palabras al utilizar su cuerpo, sus movimientos”, comparte.

Esa posibilidad de comunicar a través del cuerpo también conecta con su formación universitaria en Comunicación multimedia, donde encuentra otras herramientas para transmitir ideas y emociones, desde las imágenes hasta los recursos audiovisuales. Por eso, le gustaría unir ambos caminos mediante la fotografía de bailarinas, la producción de videos de danza o la participación en los aspectos técnicos de un espectáculo, como la iluminación, las cámaras y el audio.

Aunque todavía no ha tenido la oportunidad de desarrollar un proyecto de este tipo, imagina un futuro en el que su carrera le permita contar las historias que descubre en el baile. No busca dedicarse profesionalmente a la danza, quiere encontrar maneras de mantenerla cerca y compartirla con otras personas.

El camino para conseguirlo no siempre ha sido sencillo. Reconoce que ha dudado de sus capacidades y que en varias ocasiones ha pensado en abandonar las clases. A las inseguridades se sumaron dificultades económicas que la llevaron a dejar la danza contemporánea y continuar únicamente con ballet.

Con el tiempo, también ha aprendido a reconocer los pequeños momentos que hacen que valga la pena continuar: los nervios antes de una presentación, repasar mentalmente una coreografía y convivir con compañeros que entienden esas mismas emociones. Incluso, llegar al salón y acostarse un momento en el piso le transmite seguridad.

La danza le ha enseñado disciplina, perseverancia y resistencia mental, pero también a valorar algo tan sencillo como saber que tendrá una clase.

Entre sus metas está llegar a bailar en puntas, una experiencia que admira y que espera vivir algún día. Mientras tanto, desea que el ballet siga formando parte de su vida, ya sea desde las clases o mediante proyectos que conecten su pasión con la Comunicación multimedia.

“Si les gusta, que lo hagan; si no se quieren dedicar a eso, lo pueden hacer como un hobby y está bien”, aconseja. Además, recuerda algo que todos deberíamos tener en cuenta: “la vida es muy corta para no hacer cosas que les gustan”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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