
Junto a otros universitarios, Griselda Vázquez organiza talleres, conferencias y más actividades para que el estudiantado fortalezca vínculos y encuentre más formas de convivir entre tareas, exámenes y clases
La universidad puede ser un salón de clases, un laboratorio, una biblioteca; sin embargo, también es el espacio donde alguien conoce a sus amigos, descubre un nuevo pasatiempo, se anima a participar en algo que nunca había hecho o simplemente se queda un rato más porque encontró con quien convivir.
Para Griselda Vázquez, esa otra parte de la vida universitaria es precisamente la que vale la pena construir. A partir de escuchar diversas inquietudes y necesidades, Gris y otros jóvenes involucrados en la organización de actividades en el CUAltos comenzaron a buscar propuestas más allá de lo académico. Conferencias, talleres, actividades culturales y espacios recreativos forman parte de una intención más amplia, hacer de la universidad un lugar donde los estudiantes también puedan encontrarse.
“Nos dimos cuenta de que la universidad no solamente debe ser un espacio para venir a clases; también es donde pasamos gran parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, conocemos personas y nos sentimos parte de una comunidad”, explica.
Desde esa perspectiva surgen actividades que invitan al estudiantado a involucrarse en variadas actividades. Si bien la participación puede durar apenas un par de horas, organizar dichos eventos implica más de lo que se alcanza a ver desde afuera.
Primero nace la idea, después deben revisar si puede realizarse; luego, pensar en los horarios de los estudiantes, encontrar un espacio, gestionar permisos, conseguir materiales, preparar la difusión y coordinarse con las personas que participarán. Además, hay que encontrar ponentes, revisar sus horarios y procurar que los temas sean compatibles con lo que los estudiantes están aprendiendo en sus carreras.
“Ya el día del evento, quizás, se ven unas cuantas horas de actividad, pero le echamos muchas ganas siempre”, cuenta. Pero aun con la planeación, siempre existen imprevistos.
Para Gris, uno de los aprendizajes más importantes ha sido aprender a trabajar con recursos, tiempos y posibilidades reales. Una buena idea no siempre puede realizarse como fue imaginada, pero no significa que deba desecharse: “Hemos aprendido a buscar muchas alternativas, gestionar apoyos y, sobre todo, a adaptarnos”. En ese proceso también han encontrado que no siempre las actividades más grandes son las que generan mayor participación; algunas veces ocurre lo contrario.
“Una actividad sencilla puede provocar que los alumnos se acerquen mucho y comiencen a convivir entre ellos”, relata. Lo han observado en talleres y sesiones pequeñas, donde la cercanía permite que la conversación fluya de manera más natural. Es ahí donde el propósito de organizar estas actividades deja de ser solamente llenar un horario con una propuesta más. Para Gris, el verdadero significado aparece cuando los estudiantes se apropian del espacio. “En ese momento deja de ser una actividad que organizamos y se convierte en un espacio para los estudiantes”.
Verlos participar, reír, invitar a otras personas o simplemente quedarse un rato más hace que todo el trabajo previo tenga sentido. También recuerda que decidió involucrarse en esto porque detrás de cada actividad existe la posibilidad de generar un vínculo. “Me gusta convivir, porque me gusta ayudar y porque me gusta participar”.
Ese vínculo también puede romper, aunque sea de forma temporal, las divisiones en la universidad. Gris ha observado cómo estudiantes que probablemente nunca habían hablado, forman equipos durante una actividad y ese primer acercamiento puede convertirse luego en un saludo, una amistad o incluso una colaboración académica.
La diversidad de carreras, además, abre posibilidades que van más allá de la convivencia. Los estudiantes encuentran, en otras disciplinas, herramientas para desarrollar nuevas soluciones; la interacción entre áreas puede convertirse en el comienzo de proyectos que continúen después de la universidad.
Es por ello que, cuando Gris piensa en lo que ha aprendido de todo este proceso, una de las primeras palabras que menciona es escuchar. Organizar actividades para otros estudiantes implica entender qué necesitan, qué les interesa y qué puede resultarles realmente útil o significativo.
También ha aprendido sobre responsabilidad, gestión y trabajo en equipo. Pero, sobre todo, quisiera que quienes participan se lleven la idea de que la universidad también puede ser un espacio que ellos ayuden a construir. “Me gusta que ellos se lleven como buenos recuerdos, pero sobre todo la sensación de que la universidad también les pertenece, que ellos pueden participar en construirla, en hacer algo mejor”, afirma.
Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.
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