sábado, agosto 29, 2026
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Cómo fue elegir una carrera en el CUAltos

Tres estudiantes comparten sus experiencias al elegir su licenciatura y cómo fueron los primeros pasos en este camino universitario

Elegir una carrera universitaria no siempre comienza con una certeza. Para algunos, la decisión llega después de meses de investigar; para otros, aparece después de comparar opciones, cambiar de idea o descubrir, casi por accidente, aquello que realmente quieren hacer y para lo que son buenos.

Para Valeria Jiménez, Mateo González y Alexa Navarro, estudiantes de primer ingreso del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), llegar a la universidad significó también cerrar una etapa de dudas y comenzar a construir una respuesta a una pregunta que probablemente muchos jóvenes se han hecho, ¿qué quiero hacer con mi futuro?

Sus respuestas son distintas, pero tienen algo en común, pues ninguno llegó a su carrera sin cuestionarse antes.

Una carrera en el lugar donde vives

Valeria Jiménez, de 18 años, eligió Ingeniería agroindustrial después de mirar con atención su entorno. Originaria de Tepatitlán, una región caracterizada por su actividad agrícola y ganadera, encontró en la carrera una manera de combinar la ingeniería con uno de los sectores productivos más importantes de Los Altos de Jalisco. 

Soy consciente del enorme potencial que tenemos en la región, y quería hacer algo que me beneficiara económicamente”, explica.

Para ella, la agroindustria representa una oportunidad de ir más allá de la producción de materias primas y aprender a transformarlas mediante tecnología y procesos que permitan generar productos con valor agregado. Sin embargo, no siempre estuvo segura de querer ir en esa dirección.

Durante la preparatoria consideró estudiar Medicina, Veterinaria e incluso Ingeniería industrial. Fue hasta que comenzó a investigar los planes de estudio y las industrias de la región que encontró una alternativa que reunía varios de sus intereses. “La agroindustria fue el punto medio perfecto donde se juntaron la ingeniería y las fortalezas de algo que no es complicado de desarrollar en Los Altos, así que me decidí por ella”, cuenta.

Ahora que comienza su formación universitaria, espera adentrarse en las áreas de química de alimentos, microbiología, conservación y diseño de plantas procesadoras, además de aprovechar los laboratorios y talleres.

Cuando una experiencia cambia la decisión

Para Mateo González, de 19 años y estudiante de Veterinaria, la relación con los animales comenzó mucho antes de pensar en la universidad. Desde pequeño, cuenta, sentía curiosidad por entender cómo funcionaban y siempre había estado cerca de ellos. 

Sin embargo, poco antes de iniciar la preparatoria, Mateo tomó la decisión del rumbo que tomaría su vida Y, aunque también consideró otras posibilidades, e incluso llegó a pensar en estudiar algo relacionado con los negocios, nada terminaba de llenarlo. Su corazón ya había tomado la decisión mucho antes de que la razón lo hiciera, una tarde en un rancho de su familia.

Mientras ayudaba en el lugar, presenció el nacimiento de un becerro que tuvo complicaciones; a los 15 años observó cómo un veterinario resolvía la situación y aquello terminaría por confirmar lo que ya intuía. “Me acuerdo que pensé ‘Esto es lo mío, yo no me veo encerrado en una oficina’”, recuerda.

Entre sus objetivos están aprender a diagnosticar, adquirir experiencia clínica y desarrollar habilidades tanto quirúrgicas como zootécnicas. Pero su expectativa sobre la universidad no se limita a las aulas, también espera construir una red de compañeros que compartan su misma pasión.

Del laboratorio de la preparatoria a CUAltos

Alexa Navarro, de 18 años, tampoco tuvo una decisión inmediata. Antes de elegir Químico farmacobiólogo consideró estudiar Medicina y carreras relacionadas con las ciencias ambientales. Una de sus principales dudas era si podría enfrentar la carga académica de una carrera con materias de química y matemáticas.

La respuesta apareció durante la preparatoria, cuando durante una clase de química los llevaron al laboratorio para realizar prácticas de química orgánica y biología. “Me di cuenta de que el tiempo se me pasaba volando ahí adentro”, cuenta. 

Para Alexa, Químico farmacobiólogo le permite combinar su interés por la ciencia con su deseo de contribuir al área de la salud. El campo profesional también fue parte de su decisión, pues la carrera puede llevarla hacia áreas como el laboratorio clínico, la investigación farmacéutica o la biotecnología.

Ahora, como estudiante de primer semestre, espera crear bases sólidas en el trabajo de laboratorio y familiarizarse con materias y docentes que la apoyen a desarrollarse cerca de áreas relacionadas con bioquímica, microbiología y farmacología.

La duda forma parte del camino

Quizá esa sea una de las partes menos visibles al elegir una carrera, pues antes de la inscripción, los horarios y el primer día de clases existe un proceso lleno de preguntas. ¿Qué pasa si me equivoco? ¿Y si la carrera es demasiado difícil? ¿Y si existe otra opción que me guste más? ¿Qué quiero hacer cuando termine?

Hoy los tres están del otro lado de esa decisión. Apenas comienzan su vida universitaria. Todavía les quedan materias, prácticas, trabajos, exámenes y probablemente nuevas dudas. También queda por descubrir si aquello que imaginaron antes de entrar coincide con lo que encontrarán durante los próximos años.

Pero por ahora queda claro que, para enfocarnos en el rumbo que deseamos en el futuro, lo primordial es quitarse el miedo, tomar el timón y dar el primer paso para iniciar el recorrido.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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