Batman el señor de las sombras

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En 1939, hace 70 años, apareció por vez primera la historieta de Batman, que hoy puebla la cultura y la imaginación de millones alrededor del mundo.

En 1969 el poeta mexicano José Carlos Becerra (nacido en Tabasco en 1932 y muerto trágicamente la primavera de 1970, en Italia), en la revista Amaru, de Lima, Perú, seducido por el hombre murciélago, publica uno de sus más logrados textos (quizá cautivo del primer filme del personaje Batman, estrenado en 1966, con base en la serie televisiva en la que estuvo propuesto Bruce Lee para encarnar al personaje, pero por racismo —por ser de origen chino— se le negó el papel; luego haría el de Kato, en el Avispón verde).

Bajo el nombre de “Batman”, Becerra escribe un poema cuya estructura y desarrollo es fiel a la historieta:

Sigue la noche subiendo la noche,
y en cada uno de los peldaños que va pisando, una nueva criatura
de la oscuridad rompe su cascarón de un picotazo,
y en sus alas que nada retienen, el vuelo balbucea los restos del
peldaño o cascarón diluido en el aire;
y mientras tanto tú no llegas aún para salvarte y salvar a esa mujer
que según dices
debe ser salvada…

El nacimiento del Hombre murciélago
La historieta, que dio vida a Bruno Díaz, como le conocemos en México, tiene una historia singular y, ya en estos tiempos, muy larga. Fue a finales de los años ‘30, cuando la empresa DC Comics, competida y menguada por el éxito de otro personaje —Superman—, tuvo necesidad de crear a uno que pudiera realizar el milagro de estar a la altura del “volador” extraterreno, caído en los campos de la Unión Americana y recogido por una familia de agricultores.

Fue entonces, y a partir de este problema comercial, cuando Bob Kane y Bill Finger presentan bocetos de un ser que ahora reconocemos hasta en la lejanía: el Hombre Murciélago, que era —y es— muy distinto en sus características a Superman:

“Batman no utiliza poderes, sino la inteligencia y una gran actitud física…”. Así, “esto sumado a que en esa época comenzaron a verse grandes avances tecnológicos y justamente colocarse a la vanguardia en ese plano es lo que da al millonario Bruce Wayne —Bruno Díaz— las ventajas en sus enemigos”.

En mayo de 1939, Detective Comics, en su número 27, presentó a su primer Batman. Pero fue hasta 1940 cuando se le une el “Joven maravilla” —Robin—, y hasta entonces “el personaje, en la primavera de ese año, ya estuvo listo para tener su propia revista. Y aparece el número primero de Batman. Su éxito fue rotundo y apabullante, “llegando a la televisión a fines de los años ‘50, de la mano del actor Adam West; en 1989 Batman llegó al cine y su gran aceptación produjo la realización de dos películas dirigidas por Tim Burton.

uizás estas dos primeras entregas están a la altura del arte y son de lo mejor que ha creado la industria de Hollywood. Aunque existe una primera cinta del director Leslie H, interpretada por el propio West en 1966, y que en español llevó el sencillo nombre de Batman, la película.

Ciudad Gótica, sus criaturas
El vigilante enmascarado —nacido de la casualidad, cuando Robert Kane descubre un murciélago en su oficina— debía tener una permisible ciudad, un sitio aparte.

No podía ser París, ni Tokio, y no debía ser Nueva York, pero sí una ciudad que reflejara a la ciudad más violenta del mundo de su tiempo —que ahora puede ser la ciudad de México—; en los años ‘30 y desde su fundación, la Gran Manzana fue y ha sido una de las más terribles en ese sentido, pero también de las más fascinantes. ¿Habrían imaginado los creadores del Señor de las Sombras, que en el siglo XXI se derrumbarían sus grandes edificios?

De allí que posiblemente un personaje de tal magnitud necesitara de una ciudad propia, un espacio propio y apto para sobrevivir: Ciudad Gótica. Y, además, unas criaturas semejantes al propio Batman: esto es, enemigos que fueran —como Ciudad Gótica, un espejo de Nueva York— espejos del Hombre murciélago.

La máscara del murciélago
Si seguimos la historia de Bruno Díaz, nos damos cuenta de inmediato que el Bruno-niño, a quien le asesinan a sus padres al salir del teatro, no podía ser sino una criatura tan demencial y profunda como lo es el personaje en sí. Batman —per se— resulta una acumulación de sombras y de locura.

Porque, ¿qué se puede pensar de un ser que coloca en su rostro una máscara para poder ser? Ya los antropólogos Geneviève Allard y Pierre Lefort, en su estudio sobre el asunto, en su libro La máscara (FCE, 1988), nos entregan algunas conclusiones: “El portador de una máscara se identifica siempre (o tiende a identificarse) con lo que representa”; “El disfraz es una imitación, y por tanto adopción de una apariencia definida o engañosa; en el hombre se trata de una metamorfosis.”; “La razón esencial de una máscara es tomar un rostro, adaptarlo al propio comportamiento y hacerse pasar por otro. Se crea así una ilusión, se quiere ser otro o bien se hace pasar por otro…”

Más adelante los antropólogos formulan una definición que viene como anillo al dedo para describir a Batman. Dicen: “El hombre no es el único en utilizar (o hacer la comedia de la máscara), pues también el animal puede, instintivamente, hacerlo. Gracias a la movilidad de las máscaras surge una asombrosa analogía entre el hombre y el animal, pues éste último piensa, aunque sin saberlo…, pero es el mismo instinto, el del hombre y el animal, el que une sus máscaras psicológicas…”

El Guasón y el Pingüino
Quizá los personajes-enemigos de Batman más acabados sean los mencionados. El primero fue quien mató a sus padres (según algunas versiones) al salir del teatro: el Guasón es el último reducto, digámoslo así, que une a Bruno Díaz con sus padres, de allí que Batman anhele con toda su alma eliminarlo, pero nunca lo hará del todo, porque le recuerda a sus padres. Es el último lazo entre Bruno Díaz y sus progenitores. El caso del Pingüino es similar: este fue abandonado en las aguas de un río subterráneo y despojado de la opulencia y molicie que da un hogar de padres ricos.

Es decir, el Pingüino es la parte natural de Díaz, porque encarna al heredero de la riqueza paternal que lo hace un hombre poderoso y respetado en la sociedad de Ciudad Gótica. Por tanto, ambos personajes-enemigos son espejos de una parte de la vida de Bruno Díaz, es decir, representan una fracción de su historia. Y si se agrega que los personajes-enemigos padecen de locura, entonces se aproximan definitivamente a la locura que el propio Batman y Bruno Díaz sufren.

En 1987, la DC Comics dio a la luz pública una de las más memorables historietas de colección: “Batman: la broma mortal”, que revela la cercanía tan estrecha entre el Guasón y el propio Batman en la locura. La edición apareció en español en la editorial Vid, y su lectura puede ratificar lo aquí asentado.

El drama y la divina locura
Nadie a quien le maten a sus padres puede decir que no tiene un poco y un mucho de locura. A Bruno Díaz, el Guasón, en un callejón de Ciudad Gótica, les da muerte y deja al niño huérfano de padre y madre.

Ese es un recuerdo que hace que de adulto, el señor Bruno Díaz, un empresario millonario, locuaz y afectado por el recuerdo de esas muertes de sus seres queridos, aparece de entre la oscuridad de la ciudad para proteger a los desvalidos. Una ciudad repleta de criminales, tiene, en el enmascarado a un protector. A alguien de parte de la ley y que a la ley sirve. El drama de Bruno Díaz y después Batman, es uno de los más crueles y profundos en la historia de los cómics: es, se puede decir, lo que hizo que en 1939 lograra capturar a los lectores, primero de Estados Unidos y después del mundo. El drama humano del que surge este ser demencial es uno cercano a todas las personas, a todos los seres humanos. Porque, contrario a la historia de Superman, la de Batman resulta la que mejor se aproxima al mito de la historia del mundo, en general, y en particular a muchas historias personales. Pero en definitiva al drama griego.

De lo anterior se puede deducir que Batman es el personaje de historieta más parecido a cualquier semejante en circunstancias especiales como las de Bruno Díaz. Y si le aunamos la locura que representa al ponerse un disfraz (algo hay de travestismo en ello) para proteger a los habitantes de Ciudad Gótica, eso hace que, de cierta manera, el personaje cobre desde su creación una contundente aceptación de parte de los lectores.

Este 29 de mayo será lanzada al mercado la nueva historieta del Oscuro Señor, y ya se ve en internet la figura del héroe en la Sagrada Familia (una de las grandes obras de Antoni Gaudí), a donde “una serie de extraños asesinatos cometidos en Barcelona han llevado a Batman…”, según informa El País y EFE; se presentará durante la 27ª edición del Salón del Cómic de Barcelona, “y se publicará en Italia, España y Estados Unidos (DC Comics) de manera simultánea”.

Batman es el más grande y bien logrado de los héroes de las historietas, el más acabado y pleno de sugerencias míticas. No es de ninguna parte, porque pertenece a la noche. Y la noche está —perenne— en todos los rincones de Ciudad Gótica: origen de los pensamientos y de los seres que desde hace 70 años pueblan la cultura y la imaginación del mundo.

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