jueves, octubre 8, 2026
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Azucena Quintero, la mujer detrás del uniforme

La experiencia de subirse a una ambulancia cambió la vida de esta estudiante de CUValles: desde entonces ha dividido su tiempo entre diversos trabajos, los hijos, el voluntariado como paramédico y las clases, con un único objetivo: ser enfermera

Foto: Cortesía

El ruido de los niños se mezcla con el de los pájaros y el viento sobre los árboles. En Villa, una de las zonas del bosque de La Primavera que los habitantes de Tala, Jalisco, suelen visitar, María Azucena Quintero corre detrás de sus hijos. Por un momento no hay hospitales, tareas, ni uniformes; tampoco sirenas de ambulancia, ni horarios a seguir. Nada más están ella, sus dos hijos y un respiro de la rutina.

María Azucena tiene 30 años y estudia el séptimo semestre de la licenciatura en Enfermería en el Centro Universitario de los Valles (CUValles). Es madre, hija, hermana, amiga y trabajadora.

Sus días comienzan a las 5:30 horas. Primero, están sus hijos: les prepara su comida, los alista y los lleva a la escuela; después el resto. Algunas veces hay clases, otras, prácticas en el hospital; también trabaja poniendo uñas y los fines de semana en un restaurante. No todos los días son iguales.

Hace tiempo, ella misma habría dudado que algún día estaría aquí. Habían pasado nueve años desde que terminó la preparatoria, hasta que un incidente le hizo hacerse una pregunta. Su abuela había sufrido una caída que requirió una operación. Cuando llegó el día del alta, Azucena debía acompañarla de regreso a casa y subió a la ambulancia.

Durante el traslado comenzó a observar todo de otra manera. Le impresionó el vehículo, el trabajo que ahí se realizaba y la posibilidad de estar en medio de una emergencia. Y pensó: “¿Será interesante atender urgencias y subirme a una todo el tiempo?”.

La pregunta llegó en un momento en el que su vida tampoco tenía una respuesta clara. Era madre soltera y se dedicaba a hacer uñas, pero no tenía definido qué haría en el futuro. Su hermana le recordó: nunca es tarde para hacer algo que te gusta y te hace feliz.

Después apareció una publicación en redes sociales. En Tala había una nueva escuela donde podía estudiar para llegar a ser paramédica, así que decidió intentarlo. Durante un tiempo fue voluntaria en Servicios médicos municipales y después en Bomberos voluntarios BRAC. Pedía guardias que no se cruzaran con sus clases, ni con el tiempo que dedicaba a sus hijos. A veces hacía tareas durante las guardias, hasta que una emergencia la obligaba a dejar los cuadernos.

Cuando estaba por terminar su formación como paramédica, apareció otra posibilidad. El CUValles abría la licenciatura en Medicina y su hermano le habló de la oportunidad de continuar sus estudios. Pero el tiempo y la economía eran obstáculos que no podía ignorar.

Fue entonces cuando, inspirada por su mamá, quien también es enfermera, consideró estudiar Enfermería. Aunque nunca había estado entre sus primeros planes, su experiencia como paramédica había despertado una nueva inquietud: no quería limitarse a atender una emergencia, también quería saber qué sucedía con el paciente después y continuar acompañándolo durante su recuperación.

El cuarto semestre fue distinto. El campo clínico implicaba trasladarse hasta Ameca para realizar sus prácticas en el hospital. Entonces todo pareció demasiado. Pensó en sus hijos, en los traslados y en cómo conseguir que la carrera cupiera en su vida. Tuvo miedo. Quiso dejar la escuela. “No voy a poder”, recuerda.

Fue su mamá quien la hizo detenerse. Le recordó todo lo que ya había conseguido y que podía con eso y más; estaba a la mitad del camino. Y Azucena decidió seguir. Se dijo a sí misma que, si aquello era para ella, todo terminaría acomodándose. No fue sin sacrificios. Tuvo que dejar las ambulancias y los bomberos, reorganizar sus trabajos y aprender a distribuir cada hora disponible. Pero fue en el hospital donde terminó de confirmar que estaba en el camino correcto. Hoy sabe que todavía falta camino.

Quiere terminar la licenciatura y trabajar como enfermera, estar cerca de los pacientes y desarrollarse en el área clínica. También piensa en la docencia. Después de haber dado clases a paramédicos y auxiliares de enfermería, no descarta algún día convertirse en profesora universitaria.

Sus hijos son una parte fundamental de esa fuerza, la motivan a seguir adelante. Pero también está la certeza de haber encontrado una profesión que quiere ejercer. Hace unos años una ambulancia le dejó una pregunta; hoy, después de las guardias, los hospitales, los trabajos, los desvelos y el miedo del cuarto semestre, tiene una respuesta: quiere ser enfermera.

Al día siguiente volverá a sonar la alarma a las 5:30 horas. En Villa, mientras juega con sus hijos, parece haber encontrado uno de esos momentos que tanto procura construir para ellos. No hay prisa ni emergencias. Sólo están los tres. Quizá esos momentos son los que le recuerdan por qué vale la pena levantarse cada mañana, dormir poco y volver a empezar al siguiente día.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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