miércoles, septiembre 9, 2026
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Ángel Anguiano y su carrera hacia la F1

Este estudiante de la UdeG cumplió un sueño que tenía desde que trabajaba en un autolavado: ser entrenador de alto rendimiento. Su pasión, entrega y preparación le ofrecieron una oportunidad que supo aprovechar de la mejor manera: trabajar con Checo Pérez

Entrevista

CORRESPONSAL GACETA UDG

Hace apenas unos años, Ángel Anguiano dedicaba sus días a lavar carros mientras soñaba en convertirse en entrenador deportivo. Hoy, ese estudiante de la licenciatura en Nutrición de la Universidad de Guadalajara forma parte del equipo que acompaña físicamente al piloto mexicano Sergio “Checo” Pérez; una oportunidad que, asegura, le llegó antes de sentirse completamente listo. 

“Tienes que tomarla, estés preparado o no. Estar seguro de lo que vas a hacer va a ser el punto clave para que la gente crea en ti”, afirma.

Cuando la oportunidad de trabajar con el piloto mexicano tocó a su puerta, Ángel asumió el compromiso de fortalecer su preparación profesional, complementando su experiencia con certificaciones y herramientas que acreditaran su formación. Esa decisión de mantenerse en constante aprendizaje fue la que, según cuenta, ha marcado el rumbo de su carrera hasta el día de hoy.

Su interés por el entrenamiento no nació de un día para otro. Mientras trabajaba en un autolavado, imaginaba cómo sería dedicarse profesionalmente a acompañar a otras personas en el deporte. “Siempre me encantaba decir que me gustaría ser coach y entrenar gente. Y te mentiría si te digo que nunca lo creí. Sí fantaseaba con decir: ‘Imagínate entrenar a Checo’. Y pues, un día, se dio la oportunidad”.

Aunque hoy trabaja con uno de los deportistas tapatíos más reconocidos en el mundo, Ángel considera que muchas personas tienen una idea equivocada de lo que realmente implica trabajar con atletas de alto rendimiento. “Ser entrenador sólo es la fachada”, explica.

El trabajo va mucho más allá de diseñar rutinas o supervisar ejercicios, dice. En el día a día, el entrenador termina convirtiéndose también en apoyo emocional, organizador, acompañante, e incluso en la persona que resuelve cualquier necesidad que pueda surgir alrededor del atleta. 

“No solamente eres coach para entrenarlo; también escuchas sus problemas. Hay veces que te toca ver situaciones difíciles y al final, tú eres quien está ahí. La haces de psicólogo… en fin, tienes que hacer de todo”, relata.

Esa realidad le permitió descubrir una cara poco conocida del deporte profesional. Desde afuera, reconoce que el trabajo puede parecer el empleo soñado; sin embargo, detrás existen jornadas exigentes, responsabilidades constantes y una dedicación que pocas veces es visible para el público. Incluso admite que, desde que comenzó a trabajar de entrenador, él mismo ha tenido que sacrificar parte de su propio entrenamiento. 

“Mucha gente piensa que el coach se la pasa entrenando. Yo, desde que empecé a trabajar de coach, empecé a dejar de entrenar”, confiesa.

Lejos de verlo como una derrota, esa experiencia le ha enseñado a desarrollar resiliencia y fortaleza mental; y aprendió que la disciplina no consiste únicamente en cumplir una rutina deportiva, sino también en mantenerse firme, sobre todo cuando el trabajo exige dejar por momentos los intereses personales. 

“Hay veces que tú tampoco te vas a encontrar bien, pero tienes que aprender a sobrellevar la situación, ser profesional y no mezclar tu vida personal con el trabajo”.

Mientras construye su carrera en el deporte de alto rendimiento, Ángel continúa con sus estudios en la Universidad de Guadalajara. Para él, el respaldo de sus profesores y la fraternidad universitaria han sido parte importante de este proceso. La comprensión ante sus responsabilidades laborales, así como el interés y entusiasmo de sus docentes por su crecimiento profesional, le han permitido avanzar en ambos caminos sin dejar de lado su formación académica.

Más allá de la preparación física, una de las lecciones más importantes que dice haber aprendido proviene de la persona con quien trabaja diariamente. Estoy muy agradecido con ‘Checo’. Es una gran persona y he aprendido mucho, sobre todo de la humildad”. 

Sonríe cuando recuerda que algunas personas le preguntan si trabajar junto a un atleta de élite ha cambiado su forma de verse a sí mismo. “La gente me dice: ‘¿No te crees mucho por estar ahí?’. La verdad, no se cree ni él. ¿Qué va a hacer que yo me crea? Si no se cree él, menos me voy a creer yo”.

Con el tiempo, Ángel también ha aprendido que no todas las metas se cumplen cuando uno espera y que el progreso tampoco siempre es visible. Para él, lo importante es seguir intentando, ajustar lo necesario y volver a empezar cuando algo no sale como se esperaba. “No siempre se van a poder llegar a las metas. Si llegamos, bueno; y si no, la siguiente semana será. Lo importante es la constancia”.

Dice que, si pudiera darle un consejo a ese Ángel de hace tres años, sería sencillo: “Que no se rinda”. Porque, asegura, muchas veces el mayor obstáculo no está en las circunstancias, sino en uno mismo. “No hay imposibles”, afirma.

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