Salud pública y justicia social

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    Sobrada razón tiene el maestro Enrique Velázquez González, secretario del Sindicato de Trabajadores Académicos de nuestra Casa de Estudio, cuando advierte que “Un joven que fuma marihuana no es un delincuente. Incluso si éste es un adicto debe ser visto como un tema de salud y no un tema penal”, en su artículo titulado “Veamos hacia Portugal” (La gaceta, lunes 1º febrero 2016, página 13).

    Criminalizar la protesta social o los temas de salud, como el de las adicciones, ha sido la respuesta de varios gobiernos en nuestra América, para estar a tono con el llamado Consenso de Washington, es decir, para continuar en la ruta del llamado neoliberalismo.

    Por desgracia vivimos en medio de una cultura del narcotráfico, en la que se repiten, hasta el cansancio, los “logros” de algunos capos, considerados casi como empresarios exitosos. Por eso tienen tanto éxito las series y películas sobre dichos personajes.

    Ojalá algún día a los guionistas y directores de cine en México, Colombia, Perú y otras naciones de la región se les ocurra realizar filmes sobre promotores de la salud, como por ejemplo Elkin Patarroyo, el científico colombiano que trabajó una vacuna para combatir la malaria o también sobre programas incluyentes, como el materno-infantil de la república de Cuba, país que mantuvo en 4.2 por mil nacidos vivos la tasa de mortalidad infantil, pese al bloqueo y a las amenazas que ha padecido la nación caribeña desde 1960, cuando su población y gobierno decidieron privilegiar la educación y la salud.

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