La actividad minera de extracción de ópalo en el municipio de Magdalena, Jalisco, volvió al uso exclusivo del pico y la pala, pues en octubre del año pasado, fue decomisado material explosivo localizado en camionetas abandonadas en una brecha del municipio, material que según relata el director de Promoción Económica del ayuntamiento, Francisco Barco Achutegui, les había sido supuestamente robado a mineros de la región por algún grupo criminal, por lo que después del decomiso, fueron cancelados los permisos para su uso en la minería.
Esta situación ha provocado la disminución de la producción de ópalo en más de un 50 por ciento, debido a lo complicado que resulta su extracción con el uso de herramientas rudimentarias, logrando extraer apenas un pequeño porcentaje comparado al que se obtiene con el uso de explosivos.
“Tenemos ya meses sin actividad en las minas, prácticamente se trabaja con el material ya existente, son muy pocos los que se animan a trabajar en las minas sólo con marros y picos, pues representa mucho esfuerzo, se pasan días trabajando y extraen muy poco”, dijo Francisco Barco.
Los municipios de la región Valles, Magdalena, Hostotipaquillo y Tequila conforman la principal región productora de este mineral en el estado de Jalisco, mientras que a nivel nacional Jalisco es la segunda entidad productora, sólo después del estado de Querétaro. A nivel internacional, Australia concentra un 95 por ciento de la producción mundial de esta piedra catalogada como semipreciosa.
De acuerdo con el director de promoción económica de Magdalena, a pesar de no ser la principal actividad económica del municipio, se ubica después de la agricultura y la ganadería.
La mayoría de las familias —casi un 70 por ciento—, se dedican a alguna actividad relacionada con la producción de ópalo, ya sea a la explotación de minas, tallado para artesanías de la piedra o su comercialización.
“Todos ellos, aunque siembren o tengan su ganado o tengan otro trabajo, dedican parte de su tiempo a trabajar en el ópalo, algunos aunque sea a la pepena. Van y buscan a ver que se encuentran en las sobras de las minas”.
Los productores sienten que falta más apoyo a la minería, reconoció Barco Achutegui, dado que poco a poco la producción va decreciendo; con el tiempo ha ido disminuyendo y cuesta más la extracción de la piedra colibrí, llamada así por la gran cantidad de colores que contiene.
“El gobierno no quiere apostarle a esta actividad, porque la consideran casi como comprar un boleto de lotería: se puede sacar hasta 10 veces de lo que se invirtió o puede sacarse nada”.
En esto coincide el maestro Héctor Flores Magón, miembro de la División de Tecnología y Procesos, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), quien estuvo trabajando durante dos años con productores de ópalo y obsidiana. El académico detectó, entre otras problemáticas, la falta de apoyo que tienen sobre todo los pequeños productores para trabajar y comercializar el ópalo.
“Si el gobierno se decidiera a apoyar los procesos productivos, podría sostener muchas fuentes de empleo para estas localidades y con eso lograr que la gente se quede en sus lugares de origen. Porque al no haber apoyo, las nuevas generaciones van dejando estas actividades, que se van perdiendo”.
El trabajo con los productores consistió en asesoría para el diseño de piezas, diseño de organización productiva, elementos de apoyo, catálogos, entre otros, y fue realizado por Flores Magón en conjunto con un grupo de profesores y alumnos del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño, del Centro Universitario de los Valles y del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas.
“En el municipio de Magdalena se llevaron a cabo talleres para la definición de una marca colectiva que los representara en el mercado, porque uno de los problemas más fuertes es la comercialización, como sucede con muchos productos en otras partes de la república”.
Peligro constante
Los accidentes son una constante en las minas ubicadas en este municipio. Varios involucran a quienes sólo acuden a espulgar las sobras que dejan los mineros, por el hecho de que frecuentemente lo hacen cuando la mina cierra sus labores y el personal de la mina se ha retirado.
Tal fue el caso de tres habitantes del municipio de Magdalena, que en mayo de 2011 murieron debido a un derrumbe en la mina denominada Pata de Gallo, ubicada en la población de Tequesquite.








