Los universitarios ante los problemas de hoy

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    Nuestro entorno social, político y educativo en el ámbito mundial, está en deterioro. Quien no lo perciba así de grave, será porque su condición en los tres aspectos le permite ignorarlo, lo cual le lleva a una ignorancia autoinducida, que nunca le permitirá comprender el impacto de las prácticas impositivas y restrictivas que rodean a los fenómenos sociales, políticos y educativos.
    No se trata de creer que hay deterioro porque otro diga que existe –como tampoco de creer que “hemos avanzado” porque otro lo dice-: se trata de verlo, sentirlo, vivirlo. ¿Cómo? Inhibiendo la apatía que alimenta el desinterés para documentarnos, investigar, informarnos. De lo contrario, tendrá razón Salinas Pliego al preferir transmitir el futbol, que el debate presidencial. ¿La razón? Pocos lo verían (ni aunque se pareciera al de Sarkozy y Hollande, que fue visto por 17 millones de personas en Francia el 2 de mayo pasado) y de éstos, otros pocos serían universitarios, seguramente porque estarían ocupados en sus tareas, exámenes y cuidando el promedio para mantener un sistema que no –irónicamente- impacta a la educación, aunque sea planteado por competencias. No importa lo que pase en mi país ni en el mundo, si tengo un promedio de 10, ¿no importa?
    No debemos adaptarnos pasivamente a la realidad política, social y educativa. Podemos y debemos ser partícipes de su transformación y sólo las nuevas generaciones pueden transformarlas antes de que se dejen influir por viejos vicios, costumbres e inercias que nos han deteriorado invirtiendo nuestras prioridades.
    Como decía Deódoro Roca: “En la universidad está el secreto de la futura transformación. Ir a nuestras universidades a vivir, no a pasar por ellas…”

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