Los ecos de Rulfo

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La obra de Rulfo está llena de ecos: voces que viajan en el espacio y en el tiempo. Recordemos el inicio de “El llano en llamas”, cuya estructura fonética es un eco: “¡Viva Petronilo Flores!”,  una secuencia de percusiones fónicas: ¡Vi-va Pe-tro-ni-lo Flores. Y por si no bastara la ejecución sonora, se dice a continuación: “el grito se vino rebotando por las paredes de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros”. Pareciera que el personaje no es ya Petronilo Flores sino el grito, ese que “se vino rebotando por las paredes de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros”.  Lo repito no por redundancia, sino por asir la música de Rulfo: su ritmo, su fraseo construido de sonoras voces y prolongados silencios. 

Cuando sabemos que Pedro Páramo originalmente se llamaba Los murmullos, casi los estamos escuchando en forma de arpegios, murmullos que se escalonan en un suceder constante y discreto. Las voces de Pedro Páramo permanecen en nuestra mente mucho más allá del punto final de la novela. Porque un buen lector no puede decir que leyó la obra de Rulfo, nadie que se precie de ser un lector de literatura leyó a Rulfo, porque un buen lector está permanentemente leyendo a Rulfo, ya sea porque vuelve a sus libros, ya por los ecos que permanentemente se hacen presentes al leer literatura y al leer la vida.

También podemos leer sus fotografías como una serie de ecos de ida y vuelta en relación con sus textos. Con frecuencia se dice que sus fotos evocan los paisajes de sus libros, salvo que muchas de éstas anteceden a los cuentos. Las imágenes son como esas voces “que rebotan por las paredes de la barranca y llegan hasta nosotros”.

Ayer por la tarde, al salir del trabajo, hacía un calor agobiante. Mi compañera, que es una apasionada de las fotografías de Rulfo, me dijo: “Hace un calor como el de los cuentos de Rulfo”. Y entonces vino como un eco “Nos han dado la tierra” y tantos otros textos acosados por la canícula, ese calor de perros cuyos ladridos rebotan en las paredes de nuestra mente.

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