La esencia del olfato

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El olfato es tan importante en nuestras vidas, que inspiró al artista James Auger para realizar una sesión interactiva donde se podían usar una serie de aparatos (al que llamó “sistema de transferencia de secreciones glandulares apócrinas” —que se puede ver en el botón web) para oler las regiones más odoríferas de nuestra anatomía, para explorar la posibilidad de encontrar una pareja oliéndola.
Las investigaciones realizadas sobre el olfato han mostrado que no únicamente es uno de los mecanismos para elegir pareja, además, nos permite saber cosas como cuál es el estado emocional de una persona sin verla: si es homo o heterosexual, si es hombre o mujer, si es conocido o no.
 
Un sentido animal
La pérdida de la importancia del olfato comenzó con el auge de la limpieza y el comienzo de nuestra repugnancia hacia los olores; el olfato fue entonces devaluado y considerado un sentido bestial, casi animalístico.
A pesar de que, comparados con los animales, estamos muy lejos de algunos de ellos; por ejemplo, los perros sabuesos tienen 300 veces más detectores de olor que nosotros; o bien las ratas, que aunque sólo tienen el triple, tienen genes específicos ligados a olores específicos. Además, los animales están mejor diseñados para oler, ya que su nariz es más grande que la nuestra, tienen una mayor superficie olfativa y la tienen diseñada de tal manera que siempre está limpia, caliente y húmeda, condiciones todas para poder oler mejor.
En el caso de los humanos, los olores llegan a la nariz y llegan al epitelio olfativo que tiene unos 12 millones de células detectoras de olores, cada una de las cuales tiene un cilio (un pelito) que está cubierto de proteínas que se ligan a los olores en la medida en que entran a la nariz; cada célula tiene uno de los 350 diferentes tipos de proteínas receptoras de olores y está por lo tanto especializada en detectar un número limitado de moléculas olorosas; sin embargo, estas proteínas trabajan en diferentes combinaciones que permiten a las personas oler unas 10 mil esencias.
 
Siguiendo el rastro
Los científicos apenas están comenzando a revelar la gran importancia que tiene el olfato en nuestras vidas. En 2007 se publicó un estudio sobre la habilidad de seguir huellas olorosas, como si fuéramos un sabueso. Este estudio, llevado a cabo por Porter y colaboradores de la Universidad de Berkeley en California, utilizó a estudiantes para que siguieran un rastro de 33 pies de largo de olor a chocolate en zig-zag; se encontró que dos tercios de los 32 sujetos fue capaz de seguir el rastro a pesar de estar vendados de los ojos; y más sorprendente aún, con entrenamiento, mejoraron con mucho el tiempo y la precisión de seguimiento del rastro.
Esta capacidad para rastrear huellas olorosas, puede ser mejorada por medio del aprendizaje; Jay Gottfried y sus colegas de la Universidad del Noroeste, les presentaron a sus sujetos dos fragancias más o menos parecidas para que las distinguieran, ninguno de los cuales pudo hacerlo al inicio del experimento; pero después les dio choques eléctricos cuando olían uno de los aromas y después de unas cuantas sesiones todos pudieron diferenciar los olores.
 
Olfateando las relaciones sociales
No todos los humanos tenemos la misma capacidad para oler; de acuerdo a Rachel Hertz, de la Universidad de Brown, las mujeres son mejores que los hombres en la detección de olores, sobre todo si están ovulando; son capaces de distinguir el aroma de su hijo, aun a una hora de nacidos. Aparte de que los niños también pueden detectar a su mamá con sólo olerla a los dos días de nacidos.
Todos tenemos olores que son el resultado de la combinación de las sustancias segregadas por las glándulas que se encuentran en regiones como los pezones, genitales y las axilas; esas glándulas tienen unas 200 diferentes sustancias químicas, cuya combinación en diferentes cantidades, nos dan un toque personal. Y dan mucha información sobre nosotros.
En un estudio clásico, realizado en 1995, Claus Wedekind de la Universidad de Lausana en Suiza, demostró que las mujeres podían determinar si el sistema inmune de los hombres era diferente al suyo exclusivamente con oler sus camisas. Siguiendo esta investigación, Bettina Pause, de la Universidad Heinrich Heine, de Alemania, mostró que las personas pueden diferenciar entre diversos tipos de sistemas inmunes.
Pero no sólo eso. El sistema olfativo puede darnos información para saber la orientación sexual de las personas; esto fue comprobado por Yolanda Martins y sus colaboradores del Centro de Sentidos Químicos de Monell, quienes les dieron a oler algodones con sudor de homo y heterosexuales, para preguntarles cuál de los algodones olía mejor y la selección dependió de la orientación sexual de los que estaban oliendo: los heterosexuales decían que olía mejor el algodón de los heterosexuales, mientras que los homosexuales eligieron a los de su misma orientación sexual.
Los investigadores se han preguntado si estos olores podrán despertar la excitación sexual de las personas. Pregunta difícil de responder, puesto que las famosas feromonas no han sido bien documentadas en los humanos. Pero hay una sustancia química llamada androestadienón, que se encuentra en el sudor y el semen de los hombres, que puede aumentar el apetito sexual de las mujeres, así lo sugiere Claire Wyart de la Universidad de California en Berkeley, en un artículo del 2007.
Más allá de la sexualidad, los olores nos permiten identificar si las personas están felices o estresadas. La psicóloga Denise Chen, de la Universidad de Rice, colocó algodones en las axilas de sujetos que veían películas cómicas y de miedo, para posteriormente dárselas a oler a otros sujetos para que dijeran en qué estado de ánimo se encontraban. Atinaron con un nivel de precisión sorprendente. La doctora Chen también ha documentado que los olores pueden alterar nuestra cognición. Ella les dio a oler sudor de personas con miedo a unos sujetos que mejoraron su desempeño en tareas de asociación de palabras, probablemente porque el sudor inició una reacción de vigilancia, mejorando con ello el desempeño cognitivo.
Oler también nos permite identificar el olor de nuestros conocidos y los extraños. Lundstrí¶m y sus colegas mostraron, en el 2007, que las mujeres son capaces de distinguir el olor de viejos amigos y de extraños; además, cuando olieron el sudor de un extraño, se activó la amígdala y la ínsula, las regiones cerebrales que se encargan de procesar el miedo y el disgusto, entre otras emociones. La evidencia también indica que el olor de otra persona nos ayuda a decidir si nos va a caer bien el sujeto o no. Así lo reportó Gottfried en el 2007.

*Departamento de Neurociencias, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, Universidad de Guadalajara.

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