Juego perverso

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    Una oda a la adversidad y a la imperfecta relación entre individuos. Así es como puede traducirse la película Una fiesta de placer (Une partie de plaisir, 1974) del prestigioso director francés Claude Chabrol. Con un guión autobiográfico de Paul Gegauff —quien también protagoniza el filme— narra la historia de Phillipe, Esther, y su pequeña hija Elise. El cineasta muestra en primer plano a una familia inmersa en convenciones sociales. La relación matrimonial entre Phillipe y Esther se encuentra en plenitud y poseen solvencia económica, equilibrio y reglas morales. Todo su entorno parece ser inquebrantable. Sin embargo, esta quietud conduce lentamente a las diferencias y debilidades más profundas entre los personajes, convirtiendo su relación en un inmenso caos. De manera perturbadora, Claude Chabrol da un giro a la historia y realiza un tratado que revela un mundo confuso, abrasivo y violento.
    La historia abandona las reglas morales y se convierte en un relato transgresor, en un juego perverso sin escape. Aparecen las confesiones sobre las infidelidades y deviene la humillación. Sobresale el carácter hedonista de Phillipe, quien somete a Esther a su extravagancia señalándole: “La vida es horrible”.
    Una fiesta de placer fue calificada de ofensiva y repulsiva, pero sin duda marcó uno de los momentos más decisivos en la trayectoria del novelista y guionista Paul Gegauff, ya que está basada en su propia vida e incluso cuenta con la actuación de Danielle Gegauff, quien fuera su esposa. Paul Gegauff fue un personaje fascinante, aunque para muchos cineastas resultó siempre alguien incómodo. Aún así, la relación fue muy diferente entre Chabrol y Gegauff, quienes se convirtieron en una buena mancuerna y lograron cintas de culto como: Les biches, La femme infidele y Le boucher.
    Es así como Una fiesta de placer resultó ser una especie de premonición para Gegauff, el final de la película es simplemente devastador. En 1983 Paul Gegauff fue apuñalado por su segunda esposa, hecho que le causó la muerte. Claude Chabrol mencionaría que poco antes mantuvo una conversación con él, en la que pudo apreciar una extraña lucidez.

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