Evo el buen salvaje

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El presidente de Bolivia Evo Morales Ayma, antiguo pastor de llamas y líder cocalero, superó el pasado domingo 25 de enero una prueba electoral más que le permite avanzar en su proyecto de renovación nacional emprendido en 2005. Es, dentro del grupo de nuevos dirigentes de la izquierda latinoamericana, un caso singular. A diferencia de su homólogo venezolano, no se confronta abiertamente con sus adversarios políticos. Como su vecino Rafael Correa, de Ecuador, cuenta con un amplio apoyo popular. Como el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuenta con una oposición bastante activa. Y a diferencia del ecuatoriano, su régimen es objeto de investigaciones y señalamientos de corrupción.
En el más reciente proceso electoral, la opción socialista que representa Evo Morales salió de nuevo victoriosa ante la propuesta autonomista de las provincias más ricas del país; si bien algunos analistas bolivianos ven en la diferencia entre la votación del referéndum ratificatorio de su mandato (71 por ciento a favor) y el referéndum constitucional (58 por ciento a favor de la nueva constitución) una baja en el apoyo a Morales. René Zeballos, periodista y director de la Fundación UNIR Bolivia (organización civil dedicada al fomento de la ciudadanía y el diálogo social), explica desde la ciudad de La Paz, porqué esta visión es errónea: “Lo que ahora se prevé es que Evo Morales opte por una actitud de defensa del triunfo del sí. Los líderes de las regiones le han solicitado un pacto para negociar el texto constitucional aprobado. Pero el presidente Morales les ha propuesto un diálogo en base a lo ya aprobado. Es muy difícil que vaya a una negociación Evo Morales, porque sería para mucha gente como una traición. Se plantea que es necesario negociar la aplicación del texto constitucional, porque hay que aprobar las leyes derivadas.”
Si para Jorge Lazarte, ex asambleísta constituyente y columnista del diario paceño La Razón, la primera condición para el diálogo es “que el gobierno reconozca que no es todo el pueblo, sino que hay una parte del país que ha rechazado el texto y con la que es necesario ponerse de acuerdo”, para el comunicador René Zeballos: “Si el gobierno se cierra a no querer dialogar, no intercambiar puntos de vista sobre el nuevo texto constitucional, evidentemente eso puede quitarle algo de vigencia, de fuerza; pero si el gobierno se abre eso puede ayudarle a recuperar ciertos espacios perdidos”. Sobre el futuro del gobierno de Morales, el doctor Jorge Abel Rosales, jefe del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, apunta que es muy difícil pronosticar qué hará una vez reelecto en 2010, sin embargo subraya que “Evo Morales no es tan adicto al poder” como otros líderes carismáticos de la historia de América Latina. Rosales apunta además que el presidente boliviano tiene delante de sí una oposición más determinada y organizada, la cual “lo debe hacer mejor negociador y tener mayor sensibilidad para escucharla”.

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