Cuando la pareja es dispareja

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A pesar de mantenerse en altos niveles la incidencia de divorcios en Jalisco durante los últimos años, no se puede hablar de un aumento o disminución del fenómeno, dijo el académico del Departamento de Ciencias Sociales, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Alejandro Ramos Escobedo.
Agregó que la disolución conyugal en Jalisco se ha quintuplicado entre 1991-2001. Más del 50 por ciento ocurre en la zona metropolitana de Guadalajara. A partir de esa fecha hay un estancamiento relativo, por una merma de los matrimonios civiles y religiosos (sobre todo los segundos) y el aumento de madres solteras y la unión libre.
De acuerdo con su investigación: “Toma de decisiones, relaciones de poder y significados en el divorcio”, México registró 57 mil 370 casos en 2001. Jalisco ocupó el quinto lugar, luego del Distrito Federal, el Estado de México, Chihuahua y Veracruz.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, para 1991 la entidad registró 50 mil 480 matrimonios, y para 2001, 47 mil 383, mientras que en divorcios hubo 546 para 1991 y tres mil 41 para 2001.
Ahora, el 90 por ciento de los divorcios son solicitados por la mujer, lo que significa que se salen de los moldes tradicionales, aunque existan cientos de féminas que “se aguantan” por los hijos o el ingreso económico.
El académico, quien ha realizado estudios de caso en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado, explicó que, en general, la mujer busca mejores condiciones de vida, porque cumplieron expectativas económicas o amorosas.
De acuerdo con su experiencia e investigación, las causas de divorcio son violencia, irresponsabilidad económica y maltrato de su cónyuge, mientras que los móviles radican en que uno de los miembros tiene nueva pareja o quiere la mitad de la casa. Otros factores han sido la desaparición del llamado divorcio administrativo y una mayor difusión de los derechos humanos y de la mujer.
El especialista en divorcio desde el ámbito antropológico, de la UdeG, dijo que la mayoría de estos procesos se concentran y corresponden a matrimonios jóvenes en edad y duración de la unión.
Consideró que la población acude más a terapias familiares, aunque la mayoría lo hace después del acto, de manera que no existe una cultura de la prevención. “La condición actual es de culpar al otro”.

Las parejas no cuidan su relación
En este fenómeno, el mayor problema es que la pareja no resuelve sus conflictos, algo que repercute en la familia, en aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales.
La coordinadora de la maestría en terapia familiar, del CUCS, maestra Columba Sánchez Martínez, coincidió en que las parejas no piensan en la unión para toda la vida. “Es una moda, pues saben que existe el divorcio, entonces muchas personas no cuidan la relación”.
Según especialistas, la falta de comunicación en la pareja, no disminuir las quejas y no brindar afecto, genera la posibilidad de ruptura física y emocional en un 97.5 por ciento.
Destacó que la apreciación de la relación amorosa está cambiando, pues parece que son más apreciadas “unas pompas o un busto, que quien tenga mayor calidez”.
Algunos indicadores de crisis son: no saber cómo resolver los problemas, mantener conversaciones difíciles, hacer comentarios con la intención de criticar o culpabilizar al otro, no aceptar el diálogo y estar a la defensiva.
Otro factor “es el menosprecio, manifestado en frases como ’Es que soy más que tú’ o ‘esto no lo sabes hacer’. Esto inhibe las expresiones o sentimientos y hace que impere la necesidad de castigar al otro”.
La profesora del Departamento de Clínicas de Salud Mental, del CUCS, dijo que en la medida en que aumentan tales pautas, hay un mayor distanciamiento e indiferencia por el otro. Es decir, se acaba la vida en común.
“Lo que sucede es que muchas veces regresa algún integrante de la pareja a su casa y siente el golpe al ver al otro (como una patada de mula), eso genera un estrés fisiológico. Imaginemos a las parejas que están diariamente con esto… se enferman”.
La tensión puede desencadenar en los hijos (menores de cinco años) falta de apetito o regresiones: orinarse en la cama o chuparse el dedo. En los adolescentes hay más daños, ya que están en desarrollo: se vuelven más hostiles, no se comunican, se deprimen y pierden la seguridad y confianza que le brindaba la familia.
En la pareja hay otros tipos de impacto: uno tiene que ver con alteraciones en el sueño, violencia, depresión, baja de autoestima, enfermedades del corazón, diabetes, así como alta y baja presión.
Incluso puede darse el mito de Medea, como sucedió el 14 de enero pasado, en la zona metropolitana de Guadalajara, cuando una mujer, por la infidelidad de su marido, mató a dos hijos e hirió a una. “En ese caso es necesario tratar y evaluar psicológicamente a la madre, antes de juzgarla”.
Columba Sánchez aseveró que cualquier momento es ideal para acudir con un terapeuta familiar, sobre todo para prevenir la ruptura o para que acomode las piezas y facilite el tránsito de esa etapa. “He tenido parejas de adultos mayores, en las que la mujer sigue reclamando una aventura que tuvo el marido a los 30 años. Son problemas que no han sabido resolver”.
Pero de acuerdo con su experiencia, los cambios sociales obligan a que cada vez más personas acudan con estos profesionales, sobre todo los hombres, pues son más sensibles a la infidelidad o al abandono del hohar, fenómeno que ha aumentado.

Recomendaciones para mejorar la relación de pareja

1 Debe aumentar la amistad con el cónyuge
2 Definir qué problema se pueden resolver o no
3 Aprender a vivir con lo que no puedes cambiar
4 Compartir los sueños y proyectos de ambos

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