Cerrar filas

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El país ya no puede más. Es tiempo de que  la sociedad civil, los empresarios, los partidos políticos, el sistema educativo y las autoridades firmen un gran pacto. Es hora de volver a empezar y rescatar las instituciones.

Quien dice estas palabras no es el presidente Enrique Peña Nieto, sino Luis Guillermo Patiño Aristizábal, especialista colombiano, al contestar sobre qué debe hacer México para salir de la crisis de inseguridad.

De visita en Guadalajara, compartió la experiencia que llevó a Medellín a dejar de ser la ciudad más violenta del planeta para transformarse en una urbe ejemplar para América Latina, gracias a una política inclusiva denominada urbanismo social. En entrevista, Patiño Aristizábal relata que cuando allá tocaron fondo—en 1991 esa ciudad llegó a tener 6 mil 500 homicidios a pesar que apenas rebasaba los dos millones de habitantes— el horror despertó de golpe y porrazo a toda la sociedad y vino el gran pacto. La charla se verificó la mañana del 3 de noviembre, apenas unas horas antes del anuncio que hizo el presidente Peña Nieto.

“Convocaré a la representación del Estado mexicano, a las fuerzas políticas y a las organizaciones de la sociedad para asumir el compromiso de emprender cambios de fondo, fortalecer nuestras instituciones y sobre todo asegurar la vigencia plena del Estado de derecho”, dijo el presidente mexicano.

Al preguntarle a Patiño Aristizábal cómo puede mantener el pueblo mexicano la esperanza luego de tragedias como la de Iguala, Guerrero, el egresado del programa de Seguridad y Política de Defensa de  la National Defense University, de Wa-shington no duda en recomendar lo mismo que se hizo en Colombia. Y es inevitable notar las similitudes con lo que propone Peña Nieto.

“Lo más importante en estos momentos tan complejos donde el crimen organizado comete este tipo de actos y trata de corromper a todas las instituciones, es que la sociedad civil cierre filas. Medellín en los años 90, cuando estábamos tocando fondo, la ciudad tuvo el índice de violencia más alto del mundo: 382 homicidios por cien mil habitantes. No lo ha sufrido ni siquiera ninguna ciudad centroamericana, ni mexicana. Lo que tuvimos que hacer como sociedad fue un pare, hacer un alto, y tanto organizaciones de la sociedad civil, empresarios, partidos políticos y en general todo el sistema educativo hicimos un gran pacto. Y el gran pacto consistía en volver a empezar. A rescatar las instituciones. Demostrar que es mucha más la gente buena que la mala, cerrar filas y empezar un proyecto de transformación y cambio a largo plazo”.

El también maestro en Estudios Políticos por la Universidad Pontificia Bolivariana abunda: “Creo que eso es lo que deberían hacer en este momento muchas ciudades de Centroamérica y de México. No podemos rendirnos, debemos seguir. Hay muchas más personas que quieren sacar nuestras sociedades adelante, y en el momento en que se cierren filas en contra de la delincuencia y seamos coherentes con las políticas públicas, no sólo de choque sino de inversión social, poco a poco se va ir saliendo de estos problemas, se va a devolver la esperanza y se va a ir derrotando a estos actores delictivos que ponen en jaque la institucionalidad y la supervivencia de nuestras sociedades”.

El urbanismo social, implementado en 2000 y 2004 por el alcalde Sergio Fajardo en Medellín, no se limitaba a estrategias policiales duras, sino que llevaba la inversión social a los lugares más pobres y apartados a través de escuelas, colegios, centros de desarrollo empresarial, bibliotecas y una serie de oportunidades que nunca habían tenido. Además integró las comunidades que antes estaban segregadas, con un efectivo sistema de transporte multimodal que permitía moverse rápidamente y con un solo pasaje. Y la inversión en arte y cultura también fue importante para sensibilizar a la ciudadanía. Se trató de una estrategia integral en la que todos participaron y se sintieron incluidos.

“No sólo se necesita una política dura policial sino también el componente social. Ese componente social que transforma las sociedades es fundamental para el desarrollo y la justicia. Esa es la perspectiva indicada”.

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