Atender la rareza

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Si la directora de la Preparatoria 7 hubiera sabido que a los pocos minutos de recibir al escritor oiría en su propio despacho que “el sistema educativo tiene un problema”, y que él esta contra de ese sistema, no hubiese dejado entrar a Juan José Millás y menos darse a la tarea de promover un encuentro con los alumnos.
El periodista y escritor español habla sobre el proyecto Ecos de la FIL, al cual fue invitado a participar y afirma sentirse honrado. Para él el significado se encuentra en la periferia de las cosas: “el significado de la feria está en los ecos de la feria. Es la oportunidad de salir del centro, ir a la periferia, siempre, en todos los aspectos de la vida. Ahí es donde ocurre lo más interesante”.
Cuando Millás se sienta en la mesa dispuesta sobre el escenario del auditorio, se hace un silencio y en los pasillos que rodean a los asientos los alumnos parados y amontonados se callan entre sí para escuchar al escritor de El mundo. Millás busca puntos en común con el auditorio lleno de hormonas y, supuestamente, poco adepto a la lectura.
El escritor comenta la anécdota de un niño al que se le enseñan las partes del cuerpo humano en inglés a través de un muñeco llamado Johnny, que se arma en su salón de clases. A medida que pasan los días el niño aprende sobre las orejas, los pies, las cejas y hasta las uñas de Johnny, y con la intriga y el tabú que significa hablar del órgano sexual de un hombre –polla en el más básico español–, el niño se da cuenta que al finalizar el curso no se había hablado de ese símil. “¿Y dónde está la polla de Johnny?”. Estalla en risa el auditorio, dejando de manera unánime un silencio que permite la reflexión del escritor: “El resultado es que el niño deduce que los ingleses no tienen polla”. Nuevamente carcajadas. “No se habla de lo que se debe hablar en los colegios, y sobre todo, se amputa el aparato imaginativo de los jóvenes”. Es sano que un joven tenga preguntas, que dude, que invente, que crea cosas que no ve. “La amputación se da con la ya conocida frase: mantén los pies sobre la tierra”.
El escritor vuelve a ignorar (para nuestra fortuna) que está hablando en un colegio y planta su voz: “Vivimos en un mundo donde se estimula poco la creatividad, donde la escuela tiende a normalizar, en el sentido de hacer personas normales, y eso es un disparate. Hay que estimular la ‘anormalidad’”.
Cita un ensayo de Octavio Paz, del libro Corriente alterna, el que habla de la “rebeldía” como actitud contra el sistema. Dice que ésta no consiste en romper un teléfono público en la calle o escribir con aerosol la pared de una propiedad privada. La verdadera rebeldía empieza con una mente que piensa, y que no le da al sistema eso que necesita: los actos de vandalismo, sino que crea, proyecta e idealiza. Ese es el verdadero peligro para el sistema, y las mentes pensantes se forman leyendo. Reflexiona: “La delincuencia afianza al sistema”.
Juan José Millás está convencido que se escribe y lee desde el conflicto, por una falta de entendimiento con la realidad y porque el que lo hace es inadaptado o en la más simple de las palabras, “raro”. Declara odiar los tests de inteligencia, en los que se admite él como “tonto”. En este momento los preparatorianos prestan especial atención a lo pronunciado por el escritor: “Yo era un niño raro. Mis padres a veces me miraban con lástima, como diciendo ‘¿Este chico será capaz de ganarse la vida?’”.
Insiste en que la escuela debe fomentar la creatividad, porque debe ofrecer la oportunidad de que cada uno se encuentre con su pasión. Sostiene: “Creo que todos tenemos una pasión en la vida, y a veces esa pasión es rara. Alguien que no tiene la suerte de encontrarla, puede perderse”.
Después de tanto escuchar del fenómeno de los ninis, del vandalismo adolescente, de la pérdida de interés en la cultura tradicional y en los valores, el auditorio queda lleno de mitos desmentidos. Estos jóvenes preguntan con real interés, con lápices y plumas en la mano y algunos con el rechazo del coordinador que les anuncia que el escritor ya no puede recibir más preguntas, que fueron demasiadas.
Los que preguntan conocen la obra del autor, lo leen en el periódico El País, de España, y le siguen la pista. Los que “llegaron tarde” se entristecen por no ser de los escogidos a los que Millás responde mirándoles a la cara.

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