lunes, noviembre 2, 2026
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Guadalajara, la ciudad que creó el imaginario de Guillermo del Toro

A partir de su infancia en la colonia Americana, el cineasta tapatío desarrolló una idea de lo gótico, lo oscuro y lo fantástico que se ha materializado en películas aclamadas internacionalmente

¿Cómo una ciudad puede contribuir a la imaginación de un niño que, décadas después, crearía uno de los universos de monstruos más reconocidos en el mundo?

Guillermo del Toro (Guadalajara, 9 de octubre de 1964) es hoy un cineasta prolífico que ha dejado una huella en el cine contemporáneo a escala internacional, a través de películas en las que cuestiona, siempre, quién es el verdadero monstruo: ¿las criaturas fantásticas que asombran y horrorizan a primera vista, o tan solo un ser humano roto? 

Filmes multipremiados como Pinocchio, Frankenstein, La cumbre escarlata, La forma del agua, El laberinto del Fauno, Hellboy, Titanes del Pacífico y más, no pudieron haber existido si un pequeño niño no se hubiera asombrado con los elementos urbanos que le rodeaban en sus recorridos por la ciudad. 

Guadalajara fue el semillero de un imaginario que hoy cuenta historias universales nacidas de la mente de Del Toro.

Lugares de asombro en la Perla Tapatía

Guillermo del Toro jugando con su hermana.

Para Guillermo, la infancia fue de las peores etapas de su vida: vivía atormentado.

En el documental Sangre del Toro (Yves Montmayeur, 2025), que se puede ver en Netflix, el director tapatío menciona que recuerda que, cuando era niño, padecía de un miedo constante por la muerte. 

Fue por ellos que recuerda ese periodo de su vida como lleno de pesadillas, con mucho miedo a la enfermedad, a envejecer. Por lo tanto, creció muy sensible al horror.

Y en eso, digamos que Guadalajara no ayudó.

 

El Expiatorio

Un templo gótico en el Centro de la Guadalajara del siglo XX es tan incongruente como una pirámide azteca levantada en una plaza pública de París. 

Y, sin embargo, esta contradicción puede parecer hermosa o al menos impresionante para los ojos de un pequeño que transitaba a diario por las calles de Escorza y López Cotilla durante los años 60 y 70.

“En Pedro Moreno viví de niño, luego en la esquina de Pedro Moreno y Robles Gil con mi abuela. Fui al colegio Unión y el templo Expiatorio me formó muchísimo de la idea del horror gótico”, comentó Del Toro durante la rueda de prensa de la exposición En casa con mis monstruos, que se realizó en el Museo de las Artes (MUSA) en 2019. 

“Yo era el orador oficial de la Congregación Mariana del Colegio Unión y los domingos íbamos a las catacumbas del Expiatorio a ensayar discursos sobre la Virgen María y a ver si veíamos un cadáver; era una combinación bastante bizarra”.

Este recinto católico llamado Templo Expiatorio del Santísimo Sacramento, está ubicado en la colonia Americana de Guadalajara y, de hech,o no es un templo gótico como tal, sino neogótico; es decir, se creó en un tiempo y espacio inspirado en la arquitectura europea del medievo. 

Es así que se lograron sus torres puntiagudas, arcos ojivales, vitrales, gárgolas y otras estatuas que moldearon la idea de los cuentos de hadas y horror en el joven Del Toro.

Como dato histórico, la construcción del también llamado “Expi” inició el 15 de agosto de 1897 y se prolongó a lo largo de 75 años, hasta 1972. De hecho, a Guillermo le pudo haber tocado presenciar la construcción de dicho inmueble. 

El arquitecto Ignacio Díaz Morales fue fundamental para concluir este recinto que recuerda las fachadas de catedrales medievales europeas.

El Paraninfo

El edificio que hoy alberga al Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara también vive en la memoria del cineasta tapatío, quien ha compartido en distintas ocasiones que cada mañana, antes de ir al Colegio Unión, le pedía a su abuela visitar “el aguilita”, escultura que yace en el extremo superior del asta de la bandera de la fachada de este recinto, sólo para saludarla.

“Es el corazón de mi infancia. Todo este espacio es la zona cero de lo que luego me convertí”, aseguró Guillermo Del Toro en el documental Sangre del Toro. 

El inmueble comenzó a construirse en 1914, bajo el diseño del ingeniero Alfredo Navarro Branca, con la intención de funcionar como escuela primaria. Posteriormente se proyectó como sede del Congreso de Jalisco, hasta que en 1937 pasó a formar parte de la Universidad de Guadalajara, convirtiéndose en uno de sus espacios más emblemáticos. 

Al interior del MUSA se encuentra el Paraninfo Enrique Díaz de León, donde, ese mismo año de 1937, el pintor zapotlense José Clemente Orozco creó los murales El hombre creador y rebelde y El pueblo y sus falsos líderes, cuyas figuras monumentales representan expresividad y dramatismo.

Del Toro ha manifestado que Orozco tiene la ferocidad de Miguel Ángel plasmando en trazos “una versión salvaje del Renacimiento”. De hecho, en la emblemática obra mural El hombre en llamas, el realizador tapatío encontró inspiración para algunas escenas de Hellboy, filme de 2004.

Cine Reforma

En el lugar donde hoy se ponen por las noches los “Dogos el Chino”, en contra esquina del edificio de Rectoría General de la UdeG, de 1938 a 1997 existió un cine que fue emblemático para las familias de Guadalajara: el Cine Reforma. 

En sus últimos años, la fachada fue remodelada para parecer un castillo de Walt Disney, con lo que atraía a niños que disfrutaron de las novedades de las películas infantiles.

Sin embargo, en los años 70 este espacio fue refugio para Guillermo del Toro y su hermano, quienes pasaban horas en las matinée de películas de horror del cine clásico, como las de Drácula, o La noche  de los muertos vivientes, entre muchas otras. “Uno de mis mayores pesadillas son los sueños con zombies”, aseguró. 

Mucho de su fanatismo hacia la creación de monstruos nació entonces en el cruce de Pedro Moreno y Escorza.

Panteón de Belén

Aunque no se encuentra en la colonia Americana, el Panteón de Santa Paula o de Belén, reconocido por sus leyendas y su destacada arquitectura funeraria, también se ha convertido en una fuente de imaginación para Del Toro.

Incluso este espacio, que hoy es el Museo Panteón de Belén, también ha tenido participación en el historial fílmico del director, ya que Guillermo trabajó ahí en la película llamada El corazón de la noche, de Jaime Humberto Hermosillo.

El tapatío explicó que le tocó cavar una tumba para el rodaje de una de las escenas: “Porque estábamos filmando ahí y no teníamos permiso; sí para filmar, pero no para cavar una tumba”, así que ese fue uno de sus primeros trabajos en el cine, dijo.

“Desde los 16 años iba a almorzar al cementerio, es muy elegante y silencioso. Leí todas las leyendas, hay muchas, la del niño Nachito y los fantasmas de los niños, dicen que ahí habían enterrado un vampiro y la sangre del vampiro alimentó un árbol”, contó.

https://youtu.be/ooGZyT_qqs0?si=mraaXWQ9hPYF8510&t=1861

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La ciudad que crea imaginarios

Pero ¿cómo es que las calles, los templos, los cementerios, las esculturas y los edificios de una ciudad pueden convertirse en imágenes que, décadas después, aparecen transformadas en una película?

Dafne Rodríguez González, coordinadora de la maestría en Estudios de la Literacidad del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), explica que las ciudades también pueden leerse desde la urbaliteracidad, pues están constituidas por símbolos, imágenes, prácticas sociales y expresiones culturales que las personas aprenden a interpretar desde su infancia.

La estética de una ciudad, por ejemplo, contribuye a formar los referentes visuales de quienes la habitan, Una persona acostumbrada a vivir entre edificios históricos, iglesias monumentales y cementerios antiguos desarrolla una familiaridad con esas imágenes que puede influir en su manera de imaginar otros espacios.

En el caso de Guillermo del Toro, los templos neogóticos, las criptas, las representaciones de cine de terror y los relatos asociados con la muerte formaron parte de su universo cotidiano.

“Si él miraba estas imágenes, cuando imagina cosas es sobre el tipo de símbolos y de estéticas que ya conoce”, explicó la doctora Rodríguez.

Aunque con el tiempo incorporamos nuevas experiencias y conocimientos, algunos de los símbolos que aprendimos a reconocer durante la infancia permanecen como parte de nuestra identidad.

“Siempre va a volver a eso que le es familiar y que le es natural, y que además también tiene que ver con que lo abrace”, señaló.

De esta manera, las calles de Guadalajara no sólo fueron los espacios que recorrió Guillermo del Toro durante su niñez: también constituyeron un repertorio de imágenes, sensaciones y significados que contribuyeron a construir su particular manera de representar lo monstruoso.

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