miércoles, octubre 21, 2026
miércoles 21, octubre, 2026

A dos de tres caídas sin límite de tiempo: Príncipe Tenoch

Con más de una década en la lucha libre, se formó como psicólogo en el CUCiénega, pero encontró su vocación en el cuadrilátero

La arena está expectante de la siguiente pelea. Las luces se dirigen a la entrada del ring, en tanto que en las bocinas se escucha: “Soy una águila en el nopal, devorando a la serpiente del mal. Muertos salgan de su tumba, que el sol nos quema y la tierra retumba”. La canción y los gritos del público avisan que viene el gran Príncipe Tenoch. 

La escena de la lucha libre en la región Ciénega, en específico en Ocotlán, es parte de la identidad comunitaria. El coliseo se convierte en un espacio de desahogo donde se corea el nombre del luchador favorito y tiene lugar una rivalidad histórica de rudos contra técnicos. Es cultura viva, sello de nuestras tradiciones y nuestra identidad.

Uno de los símbolos de la lucha libre es el Príncipe Tenoch, quien a sus treinta y cuatro años lleva casi una década en este oficio. Descendiente de la dinastía Corderos, de donde aprendió todo lo que sabe, sus propios hermanos fueron su inspiración, quienes lo llevaban a los eventos de lucha libre.

La Universidad de Guadalajara lo formó como psicólogo, pero ser bombero y luchador ganó su corazón. “Mi personaje antes se llamaba Quetzal. Me llama mucho la mitología de nuestros antepasados, de allí tomé mis nombres. En Guadalajara descubrí que alguien ya tenía el nombre de Quetzal, por eso me decidí por Príncipe Tenoch”.

La lucha libre corre por su sangre, pero el cuadrilátero también es una pasarela de modas, un escenario donde los luchadores demuestran su personalidad y su conexión mediante máscaras, maquillaje, vestimenta, botas, capas, etcétera. Es un lugar donde la hegemonía y los estereotipos sobran, mientras que la extravagancia, los colores que representan la cultura mexa hacen que más sea mejor.

Detrás de cada máscara hay una persona, que en ocasiones puede fusionarse, pero para Tenoch su máscara es como un hijo al que tiene que proteger: “Es como si fuera otra piel, una piel que se defiende a capa y espada. Debajo de esa máscara hay una persona, un hombre que tiene sentimientos, nervios. Es magnífica la sensación de subirse a un cuadrilátero, pero no dejas de ser hombre, no dejas de ser humano y los nervios te comen”, expresa Tenoch.

A pesar del gran acondicionamiento físico que deben tener los luchadores, las constantes lesiones, los miedos a fracturarse o a lastimar a alguien más, existe un estigma y un mito alrededor de este espectáculo, se dice que la lucha libre es “actuación” o algo falso.

“Cuando el luchador hace un buen papel se ve el desgaste físico, a pesar de que digan que la lucha libre es falsa. Los invito a que vean un evento de lucha, que se suban al ring, porque sí es mucho desgaste físico”, comentó.

Recuerda que de pequeño siempre jugaba a ser luchador con sus primos y hermanos, y ahora que este sueño se ha cumplido también presencia cómo otras infancias lo admiran y quieren ser como él. “Me dicen que ellos también quieren ser luchadores, e incluso, tres niños me han dicho que gracias a mí están cumpliendo su sueño de ser luchadores. Se siente muy bonito que te digan eso o que te pidan un consejo”, dijo.

Siempre recuerda de dónde vino y quién es, este mismo consejo se lo da a todos los que quieren que la lucha libre sea su vida, que desean que la máscara los acompañe. “Recuerden que la vida es un riesgo. Nunca olviden de dónde vienen y quién nos ha dado la mano, no hay que despegar los pies de la tierra”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

MÁS NOTAS

Post Views: 102