Baja natalidad: ser joven ante un futuro incierto y la búsqueda de un mejor presente
Factores sociales y económicos empujan a las nuevas generaciones a tener menos hijos, o simplemente a no tenerlos. Lo que a simple vista puede parecer “egoísmo” o falta de interés para formar una familia es el resultado de políticas públicas que han desatendido sus necesidades
iNVESTIGACIÓN
La divulgación y promoción de métodos anticonceptivos y de programas que, muchas veces, atentaron contra la autonomía de las mujeres más vulnerables, tuvieron un importante apogeo en las décadas de los 70 y 80 en nuestro país, cuyo propósito era disminuir considerablemente la natalidad en diversos sectores de la población, sobre todo en aquellos donde solían –o suelen– concentrarse las estadísticas más altas de pobreza y desigualdad.
En la actualidad, según datos del Instituto nacional de estadística y geografía (Inegi), hay registros de una reducción anual de 8.16 por ciento en la tasa de natalidad en México, siendo la Ciudad de México la que presenta el porcentaje más bajo, con un promedio de 0.8 hijas e hijos, mientras que en Jalisco se registró una baja de 65.3 por ciento, al pasar de 45.38 nacimientos por cada mil habitantes en 1970, a 15.76 en los últimos años.
Con respecto a esta situación, lo que más sorprende a especialistas es la rapidez con la que la tasa de natalidad disminuyó entre los años 2015 a 2025, explicó el profesor del departamento de Sociología del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), Máximo E. Jaramillo Molina.
“Desde que se promovieron esos programas de anticoncepción, las familias cada vez estaban más interesadas en reducir el número de hijos e hijas, y lo podemos ver con la cantidad que tuvieron nuestros abuelos y después nuestros padres”, explicó. Sin embargo, “es importante señalar que la decisión de no tener hijos de la mayoría de las personas de esta generación (19 a 29 años), es multifactorial y multidimensional”, agregó.
Para Jaramillo es importante destacar factores como la economía, la crisis de vivienda –que se replica en todo el mundo–, la seguridad, la crisis climática y ambiental, como algunos de los principales factores para que personas de todas las clases sociales opten por la decisión de no tener hijos.
A esto se le suma la calidad de vida. “Expulsaron la crianza de los planos, no sólo de las viviendas, sino de la construcción y urbanización de los espacios, cada vez vemos la promoción de más lofts o apartamentos con espacio insuficiente para la crianza de un niño”, subrayó Jaramillo Molina, autor del libro Pobres porque quieren: mitos de la desigualdad y la meritocracia.
A eso hay que sumarle que tener hijos “ya es una decisión completamente independiente. Antes parecía una norma, un mandato social y ahora, por primera vez, existe la posibilidad de tomar una decisión informada y planificada”, añadió.
Lo que podría dimensionar la realidad de este fenómeno no es la despoblación ni la sobrepoblación del mundo, sino que las y los jóvenes no están logrando tener la cantidad de hijos que quisieran tener, dijo.
“Ahí es donde deberían centrarse, y no lo hacen, porque lo cierto es que sí hay personas que quisieran tener hijos teniendo una mayor estabilidad laboral, de vivienda, económica; teniendo políticas de cuidados que favorezcan la equidad entre hombres y mujeres. Deberían pensar en apoyos que mejoren la calidad de vida, pugnar en la política social para quienes deseen establecer una familia”, subrayó Jaramillo Molina.
Jalisco y las pocas condiciones de crianza digna
Daniel Zapién, hombre casado de 29 años e ingeniero químico egresado del CUCEI, considera que tener hijos antes de los 35 años es algo que le gustaría cumplir, a pesar de que antes le generaba una especie de rechazo el pensar en la crianza, sus costos y la responsabilidad.
“Antes de tenerlo me gustaría alcanzar cierto grado de estabilidad económica, tener una casa propia, tener disponible un buen sistema de salud, tener tiempo de calidad con él o ella”, dijo.
Para Mario Cervantes, profesor e investigador adscrito al Centro Universitario de Tlaquepaque y presidente de la Red internacional de investigadoras e investigadores en estudios sobre la juventud, es importante destacar que las condiciones que se viven en Jalisco y en el país son un factor determinante para que las y los jóvenes pertenecientes a las generaciones denominadas “Millenials” o “Z” decidan no tener hijos.
“La baja natalidad no significa necesariamente que las y los jóvenes hayan dejado de querer tener hijos. Lo que se está observando es que muchos están retrasando la maternidad y la paternidad, reduciendo el número de hijos que pudieran o planean tener y en algunos casos, si deciden no tenerlos. Es una transformación social relacionada con la economía, básicamente los proyectos de vida, las relaciones de pareja y una mayor libertad para decidir”, declaró Cervantes.
Y es que ahora muchos jóvenes ven, con algo de presión social, la continuación de sus estudios como una necesidad, puesto que las condiciones económicas han cambiado: “Antes, estaba asegurada una vida digna con obtener una licenciatura; en este momento, las condiciones han cambiado y los jóvenes se dan cuenta de que con un solo trabajo o con el estudio más básico no pueden lograr sus planes de vida, incluyendo la crianza de hijos o hijas”, aclaró Cervantes.
Además de las restricciones económicas, en Jalisco el tema de la vivienda obstaculiza conseguir la independencia: “El gran negocio de los ayuntamientos de aumentar el predial hizo que se dispararan las rentas, las casas mismas, y lo que era un departamentito con dos habitaciones te anda costando el triple que antes; entonces, con rentas que no son nada asequibles pues se retrasa que no puedas salir a formar una familia”, subrayó.
Para Susana Covarrubias, a sus 26 años de edad y teniendo un empleo de tiempo completo como cajera de un banco, lo prioritario, antes de formar una familia, es poder alcanzar sus metas personales: tener una casa, viajar más y lograr estabilidad económica. “Yo tendría un hijo si me sintiera emocionalmente bien y si pudiera estar segura de que le voy a poder dar una buena calidad de vida”, mencionó.
Incertidumbre de cara al futuro
Los cambios en la manera de pensar también son un factor importante, agregó Cervantes. Las maneras de percibir la vida y sus propósitos han hecho que las juventudes opten primero por alcanzar muchas de sus metas personales antes de querer asentarse; esto, ligado al papel que tienen las mujeres en la sociedad, sobre todo en puestos laborales.
“Todavía existe una brecha de desigualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres ahora trabajan y ocupan puestos dentro del mercado laboral y, sin embargo, en su mayoría siguen siendo las principales trabajadoras dentro del hogar. No se ha eliminado esa disparidad, por lo que muchas mujeres prefieren no involucrarse con ello y perseguir su independencia, aunque eso signifique no formar una familia”, señaló.
Además de esto, la poca esperanza que tienen las y los jóvenes en el futuro del mundo también es un punto determinante: guerras, conflictos sociales, incertidumbre política y ambiental afectan la calidad de vida de quienes habitan el mundo, por lo que también afecta la percepción de quienes pueden decidir procrear.
Un estudio publicado este 2026 por la Fundación SM y el Observatorio de la juventud en Iberoamérica, por el caso de México indica que 4 de cada 10 jóvenes sienten que “no se hallan en ningún lugar”.
“En la mayoría de la bibliografía revisada se advierte que la crisis económica, social, cultural y política implica para los jóvenes una cierta crisis de identidad, y de manera significativa una incertidumbre respecto al futuro y a las posibilidades de construir uno que sea medianamente certero y estable”, reafirma al respecto el documento.
En el caso de Felipe Martínez, estudiante de ingeniería, el tener hijos no es una prioridad en su vida; sin embargo, para él es importante que las condiciones sociales mejoren para poder lograr otros de sus objetivos, como el tener un trabajo digno o una estabilidad económica que le permita desarrollar sus proyectos personales.
Las y los entrevistados estuvieron de acuerdo en que es importante mejorar muchas de las políticas públicas que existen en nuestro estado: vivienda, transporte público, guarderías de tiempo completo, empleos con salarios dignos, baja de impuestos en productos para bebés como leche, pañales, etcétera; políticas de cuidados dentro del hogar, permisos de paternidad y maternidad que sean equitativos, apoyos para la manutención, creación de espacios públicos accesibles para las infancias, entre otros.

Un mundo envejecido
Diversos países europeos enfrentan en la actualidad unas de las crisis más importantes en su historia, puesto que, con la poca cantidad de jóvenes que tienen, son sociedades envejecidas.
Jesús Daniel Zazueta Borboa, egresado de la licenciatura en Sociologías del CUCSH e investigador posdoctoral en el Centro de estudios demográficos de la Universidad de Oxford, explicó: “La fecundidad en el mundo ha ido descendiendo; comenzó a bajar en años distintos para los países y regiones del mundo. Por ejemplo, en México en los años 70 la fecundidad fue muy alta (una tasa global de fecundidad de 6.7 hijos por mujer) y actualmente, de acuerdo con el último censo, es de 1.6 hijos por mujer”.
En este periodo la población mexicana ha crecido y seguirá creciendo, indicó, “pero la repercusión que ha tenido es transformar la composición etaria de la población, como por ejemplo pasar de una población joven a una donde la mayoría de personas se concentran en edades laborales (15 a 64 años de edad)”.
Los efectos de tener una sociedad más envejecida podrían verse en algunos años, ya que al llegar a esta edad se requieren diferentes cuidados, infraestructuras y otras políticas que aseguren una vejez digna, refirió Máximo Jaramillo.
“La proporción de personas dependientes por cada persona no dependiente irá en aumento a largo plazo. El sistema de pensiones podría volverse impagable (incluyendo programas actuales como la Pensión universal), debido a que la disminución de la población joven reduce el número de trabajadores activos necesarios para sostener a los jubilados”, mencionó.
Además “una población envejecida implicará costos de salud mucho más altos y todo ello se verá influenciado por la desigualdad socioeconómica, que afectará la calidad de salud con la que las personas llegan a la vejez y la viabilidad de los recursos públicos, si no se atienden con políticas de justicia y reformas fiscales”, subrayó.
Por ahora, los países europeos continúan apostando por programas que incentiven a la población a tener hijos, mientras que en México, desde el gobierno federal, se pide analizar la situación de las y los jóvenes para determinar qué es lo que les preocupa por no tener hijos.
“El objetivo final es que haya políticas de fecundidad que no penalicen a nadie. Países nórdicos (como Suecia) han logrado incrementar sus niveles de fecundidad porque han generado políticas públicas donde no penalizan a las mujeres, por ejemplo, generando licencias de paternidad que ayudan a distribuir los cuidados, sobre todo en los primeros años, que es cuando los bebés más requieren atención, además de manutención y acceso digno a vivienda durante los años laborales”, concluyó Zazueta.


