miércoles, octubre 28, 2026
miércoles 28, octubre, 2026

Entre cuentos y raíces: el amor por la lectura desde México hasta Los Ángeles

Alma Frausto, estudiante del CUChapala, compartió cuentos y actividades de fomento a la lectura con niñas y niños en LéaLA, la feria del libro en español en California

Leer puede ser una forma de viajar, pero para Alma Frausto, estudiante de segundo semestre de Psicología de la salud comunitaria del Centro Universitario de Chapala (CUChapala), el viaje ocurrió también fuera de las páginas de un libro.

A través de la Universidad de Guadalajara, Alma tuvo la oportunidad de viajar a Los Ángeles, California, para participar en LéaLA, feria del libro en español y festival literario, un espacio de promoción de la lectura en español que reúne actividades alrededor de los libros, las historias y la cultura hispana. Ahí, convivió con niñas y niños, les contó historias, realizó talleres y compartió una parte de la cultura y las raíces mexicanas.

Todo comenzó con una invitación que Alma jamás imaginó recibir. Una maestra se puso en contacto con ella para preguntarle si le gustaba convivir con niños. Después vinieron dos preguntas que despertaron su curiosidad: si tenía visa y pasaporte. Cuando finalmente supo que existía la posibilidad de viajar a Los Ángeles para participar en una actividad de fomento a la lectura, su emoción fue inmediata y aceptó sin pensarlo demasiado.

Cuando enseñar se convierte en aprender

Su primer encuentro con los niños no fue perfecto. Las primeras veces que leyó un cuento se trabó. Algunas palabras en maya representaban un desafío para su pronunciación y los nervios hicieron lo suyo; sin embargo, frente a ella había un grupo dispuesto a escucharla, y también dispuesto a ayudarla.

Alma recuerda especialmente a una niña que, al notar sus dificultades para comunicarse en inglés, le dijo: “No te preocupes, yo te traduzco”. La pequeña terminó convirtiéndose en su traductora: ayudaba a explicar a otros niños lo que ella decía y también le ayudaba a comprender algunas de sus preguntas. Para Alma, ese gesto cambió la perspectiva con la que había llegado.

Entre cuentos, conversaciones y actividades, hubo un momento en el que Alma sintió que realmente había logrado conectar con los niños. Mientras trabajaban, Alma aprovechaba para acercarse, conversar con ellos y conocer sus historias. Preguntaba por sus familias, por las razones que los llevaban a querer aprender español y hasta compartía expresiones mexicanas como “chido” o “padre”.

La actividad dejó de ser únicamente un taller. Se convirtió en un espacio para conversar, reír y compartir culturas. Hubo un niño particularmente tímido al que le costaba hablar español. Alma decidió acercarse poco a poco. Como su inglés tampoco era perfecto, buscó la manera de comunicarse con él y comenzaron a trabajar juntos: el niño empezó a responderle en español.

Aunque cometía errores, decidió no corregirlo. Prefirió darle confianza antes que hacerle sentir vergüenza. Poco a poco, aquel niño comenzó a soltarse y terminó hablando mucho más. Para ella, fue una pequeña victoria compartida: “Con un poco de paciencia, confianza y empatía podía ayudar a que un niño se sintiera más seguro”.

Llevar México en la voz

Los cuentos también fueron una manera de compartir algo más profundo: sus raíces. A través de historias como La mudubina y La boda de Xdnuúm, Alma no quería limitarse a leer. Quería que los niños conocieran una parte de México y escucharan el español desde una perspectiva distinta. Compartir el idioma era también compartir identidad. “Para mí no fue solamente leer un cuento; fue compartir mis raíces, mi identidad y algo que forma parte de mí”, expresa.

Al regresar a México, Alma volvió con una idea más clara sobre lo que significa fomentar la lectura. Antes sabía que leer era importante, después de convivir con los niños, entendió que decirles que deben leer no necesariamente hará que amen los libros.

Una flor para recordar

Si tuviera que guardar un solo recuerdo de LéaLA, Alma no elegiría necesariamente un gran escenario, sino una pequeña flor. Aquel día, mientras los niños recogían los materiales para ir a otro taller, una niña se acercó y le entregó una flor que había hecho con fomi moldeable. “Toma, esto es para ti”, le dijo la pequeña. Ese gesto sencillo para Alma significó mucho. En aquella pequeña figura encontró la confirmación de que la experiencia había sido también significativa para los niños.

El viaje a LéaLA no solamente le dejó cuentos, talleres y nuevos aprendizajes, también le permitió viajar sin sus padres, conocer un lugar diferente, desenvolverse por su cuenta y descubrir que podía hacer cosas que antes no imaginaba.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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