sábado, octubre 3, 2026
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El criterio humano ante el avance de las inteligencias artificiales

Para Juan Pablo Muñiz, docente del CUChapala, estas herramientas ayudan al estudiante, pero se debe cuestionar y verificar la información y utilizarlas con responsabilidad 

Frente al crecimiento de la inteligencia artificial en las aulas y el mundo profesional, Juan Pablo Muñiz Alcántar, docente del CUChapala, invita a los estudiantes a no temer a la tecnología, sino a aprender a cuestionarla, verificarla y a utilizarla con responsabilidad.

La IA ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Está en los teléfonos, las redes sociales, las herramientas de diseño y tiene cada vez mayor presencia en las aulas universitarias. Pero mientras la tecnología aprende a responder más rápido, surge una pregunta mucho más profunda: ¿qué capacidades no deberíamos dejar de ejercer por nosotros mismos?

Para Muñiz Alcántar, estudioso de las implicaciones legales de la IA, la respuesta está en aquello que ninguna herramienta debería sustituir: el criterio, la responsabilidad, la curiosidad y la conexión humana. Su trayectoria ha pasado por el servicio público, la iniciativa privada y ahora la docencia. ¿Qué le ha enseñado ese recorrido?

“Una de las lecciones más importantes ha sido entender que la universidad nos proporciona las bases, el lenguaje técnico y la estructura para ejercer una profesión, pero la realidad siempre es mucho más compleja. Me gusta decir que la universidad nos da el mapa, pero el mapa no es el territorio. Cuando llegas al mundo profesional encuentras incertidumbre, tiempos limitados, problemas que no tienen una única respuesta y, sobre todo, el factor humano. Por eso, como docente, intento que los estudiantes no solamente aprendan conceptos, sino que desarrollen la capacidad de adaptarse, cuestionar y resolver problemas reales”.

¿Cuándo comenzó a interesarle la IA?

“Cuando observé la velocidad con la que comenzó a incorporarse en empresas, instituciones y procesos profesionales. La tecnología avanzaba muy rápido mientras muchas discusiones sobre legislación, propiedad intelectual, datos personales y responsabilidad apenas comenzaban. Después llegó al aula. Ahí entendí que no podemos seguir formando a estudiantes para un mundo que ya cambió. En lugar de preguntarnos solamente si debemos permitir o prohibir la IA, deberíamos preguntarnos ¿cómo enseñamos a utilizarla con criterio?”.

¿Qué significa educar en una época en la que una máquina puede generar una respuesta en segundos?

“Significa que memorizar información ya no puede ser el centro del aprendizaje. Hoy el verdadero valor está en saber qué hacer con esa información: cuestionarla, contrastarla, reconocer posibles sesgos y verificar si tiene sustento. Una herramienta puede darnos un punto de partida, pero no debería tomar la decisión por nosotros. La IA puede proponer una respuesta; el criterio humano debe evaluarla. También debemos aprender a formular mejores preguntas. En un mundo donde obtener respuestas es cada vez más sencillo, saber identificar el verdadero problema será una de las habilidades más importantes”.

Existe preocupación porque los estudiantes utilicen la IA para hacer tareas. ¿Prohibirla es una solución?

“No creo que prohibirla resuelva el problema. La IA ya forma parte del entorno en el que vivimos y también estará presente en el mundo profesional de los estudiantes. El reto es evitar que se convierta en un sustituto del pensamiento. Si una persona simplemente le pide a la herramienta que haga todo por ella, pierde una parte fundamental del aprendizaje. Pero si la utiliza para comparar ideas, encontrar vacíos en un argumento, plantear escenarios o mejorar un proceso, puede convertirse en un apoyo muy poderoso. La pregunta debería dejar de ser, ¿usaste inteligencia artificial? para convertirse en ¿cómo la utilizas y qué hiciste tú con el resultado?”.

En ese proceso, ¿qué papel juega el pensamiento crítico?

“Es fundamental. Una respuesta bien redactada puede generar una falsa sensación de certeza. El hecho de que algo suene convincente no significa que sea verdadero. Por eso tenemos que conservar el hábito de dudar, verificar fuentes y preguntarnos de dónde viene la información. El estudiante no puede convertirse en un consumidor pasivo de respuestas. Debe asumir el papel de editor, investigador y responsable de lo que finalmente decide entregar o publicar”.

Usted impartirá el taller “Inteligencia artificial y su fundamento legal en México”. ¿Qué espera que los estudiantes se lleven de esta experiencia?

“Sobre todo, conciencia. Quiero que comprendan que pueden utilizar estas herramientas, pero que la responsabilidad sobre el resultado continúa siendo humana. También quiero que aprendan a cuidar la información que comparten, a respetar la propiedad intelectual, a verificar las fuentes y a reconocer que utilizar IA no significa renunciar al pensamiento propio. La tecnología debería ampliar nuestras capacidades, no reemplazarlas”.

Si hoy la IA puede contestarnos casi cualquier cosa, ¿qué cosas nunca deberíamos dejar de hacer por nosotros mismos?

“Pensar. Preguntar. Equivocarnos. Aprender del error. Y, especialmente, conectar con otras personas. Una IA puede generar lenguaje, pero una conversación humana implica presencia, contexto, empatía, miradas, silencios y experiencias compartidas. No debemos permitir que la facilidad de obtener una respuesta nos quite la curiosidad ni la disposición a construir nuestras propias ideas. El aprendizaje profundo muchas veces ocurre precisamente cuando algo no sale bien a la primera, cuando tenemos que intentarlo nuevamente y entender por qué nos equivocamos. Al final, la IA puede convertirse en un enorme amplificador. Lo importante será decidir qué queremos amplificar: la comodidad de no pensar o nuestra curiosidad, nuestro criterio y nuestra capacidad de crear”.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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