lunes, septiembre 14, 2026
lunes 14, septiembre, 2026

Identidad más allá de las palabras. La resiliencia de Mezcala

En una zona donde durante siglos prosperó el pueblo coca, sus descendientes mantienen una lucha por rescatar sus orígenes y tradiciones. Frente a la renuencia de las autoridades estatales a reconocerle el estatus de comunidad indígena, los pobladores de la localidad implementan distintas estrategias para revivir su cultura, desde el rescate de la lengua al de actividades artísticas

Especial

Para que la lluvia caiga del cielo y bendiga las aguas de la laguna, niños y hombres mayores suelen subir a la Nola. Esta piedra grande y rojiza, invadida por un musgo amarillo verdoso, es un centro ceremoial ubicado en El Pandillo, uno de los vigorosos cerros que enmarcan el lago más grande de México, el de Chapala y en cuya orilla se postra quieta Mezcala de Asunción, con sus calles de adoquín rojo y gris, y el aire húmedo casi tropical.

Nombrada así por la patrona que permanece firme en el altar de la parroquia del pueblo, la localidad cuenta con casi diez mil habitantes, la gran mayoría de origen coca, quienes han aprendido muy bien que la resistencia, las costumbres y la lucha por el territorio son, por mucho, algo que vale la pena preservar, incluso cuando algo tan importante como la lengua parece haberse extinguido. 

Del norte hacia el occidente: el origen del pueblo coca

En la región que comprende localidades y zonas lacustres que ahora se conocen como Chapala, Tlajomulco de Zúñiga, Cajititlán, Tizapán, Ocotlán, Poncitlán, la cuenca de Sayula y más municipios colindantes entre Colima y Michoacán, se resguardó por más de 600 años la población indígena coca. 

Rocío Moreno, comunera de Mezcala y profesora investigadora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), detalló que, según sus investigaciones, se ha podido constatar que el pueblo coca fue uno de los más hostigados durante la Conquista debido a la ubicación y la extensa cantidad de territorio que poseían. 

“Fue hasta el año de 1530 cuando, de la mano de Nuño Beltrán de Guzmán, se logra la conquista del pueblo de Mezcala. Sin embargo, ellos nunca cedieron sus tierras. Con el mandato del primer virrey de la entonces Nueva España, Antonio de Mendoza, los pobladores de la zona fueron declarados los dueños legítimos de las aguas, tierras, montes, cerros e islas”, comentó el historiador comunitario de Mezcala, guía de turistas y cronista, Noel Contreras.

El poco conocimiento que se tiene sobre la lengua de esta etnia llevó a algunos investigadores a suponer que aquellas personas que se asentaron en todo ese extenso territorio, que conforma Jalisco, Michoacán y Colima, tenían origen en el norte de nuestro país, compartiendo costumbres (y algo de lengua) con grupos indígenas de rama lingüística proveniente del taracahita, predominante en los estados de Sonora, Sinaloa y Chihuahua. 

Aunque el pueblo de Mezcala compartía esas raíces del norte del país, fue víctima del hostigamiento de otros pueblos que dominaban la región. Con la difusión e imposición de las lenguas náhuatl y purépecha, la coca comenzó a ser poco a poco desplazada, lo que facilitó la integración del español y de las costumbres occidentales.

Foto: Gustavo Alfonzo

La lengua que se llevó el viento

Lingüísticamente, en todo el Occidente de México y hasta Utah, en el suroeste de Estados Unidos, predomina una familia lingüística muy extensa que se llama yuto-nahua o yuto-azteca”, explicó Erick González Rizo, profesor de la maestría en Ciencias de la arquitectura del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD).

“Es una familia lingüística muy grande –añadió–, con muchas ramas muy diversas y que abarca desde los nahuas, que son los más conocidos, hasta grupos en Utah, pero también a los cocas”. 

¿Qué sería de nosotros sin el lenguaje, sin las palabras, escritas o habladas, almacenadas en nuestro cerebro desde la primera vez que escuchamos alguna oración pronunciada con cariño de nuestra madre? ¿Cómo saber quiénes somos si no hay manera de hablarlo, de pronunciarlo?

A partir de diversas investigaciones se puede suponer que la pérdida de la lengua coca se dio mucho antes de la Conquista, puesto que el náhuatl fue la lengua que predominó y ha logrado sobrevivir incluso a la imposición del español en tierras indígenas. 

En el libro Memoria del ciclo de conferencias sobre la historia de la región Ciénega de Jalisco, recopilación de textos de diferentes autores, Rosa Yáñez Rosales, profesora investigadora titular del departamento de Estudios mesoamericanos y mexicanos del CUCSH, en su colaboración menciona quelos pueblos de la ribera norte chapalense sustituyeron el coca por el náhuatl, y éste por el español. Lo que queda después de la enumeración de fuentes, es la seguridad de que su lucha por la sobrevivencia tuvo un costo sumamente alto, en tanto que la lengua y la cultura del pueblo coca son irrecuperables en gran medida”. 

La falta de escritura fue uno de los factores principales para que se fuera perdiendo poco a poco la lengua, debido a que, según explicó González Rizo, era una población que se apoyaba mucho en lo oral para transmitir sus enseñanzas y cultura. 

“No tenemos glifos como con los zapotecas o una escritura como con los mayas. Entonces, como son un grupo ágrafo, que no utilizó la escritura, mucho pervivió en tradiciones orales y lo que tenemos, que nos da un indicio un poquito de su cosmovisión, es sólo arte rupestre y soportes arqueológicos”, mencionó el historiador egresado del CUCSH. 

“Hay una referencia de que un fraile de Cocula hizo un diccionario en coca, pero está perdido. Entonces, no sabemos si usaron en ciertas regiones cocas el idioma para evangelizar. Pero ya todo el siglo XVI, XVII, XVIII vemos en los documentos de toda la zona, en especial en Tlajomulco, Ocotlán y demás, el uso del náhuatl tanto para confesiones, testamentos y demás; también lo usaban mucho los indígenas en la Real Audiencia. Los indígenas mismos empezaron a usar el náhuatl; lo religioso, lo legal, y este uso masivo del náhuatl fue desplazando lentamente a las lenguas locales. Entonces, en el caso, por ejemplo de Mezcala, tenemos algunas palabras mezcladas de coca con el náhuatl”, mencionó.

“Cuando los aztecas conquistaban un pueblo, se aliaban con los nahuatlatos (los intérpretes del náhuatl)”, explicó Noel Contreras. “Al conquistar un lugar, incendiaban la aldea como símbolo de triunfo, lo que provocó la pérdida de muchos argumentos, pergaminos, documentos y códigos de los antepasados. También influyeron las acciones de los españoles y el hecho de que la gente que la hablaba fue muriendo con el tiempo”, añadió.

Foto: Gustavo Alfonzo

Hasta por debajo de las piedra: la búsqueda de la lengua coca

A pesar del extenso territorio que conformaba la cuna de la lengua coca, solamente la comunidad de Mezcala se ha interesado por el rescate y la búsqueda extensa de cualquier rastro de esa lengua, misma que, según palabras de la investigadora Rocío Moreno, “buscan hasta por debajo de las piedras”. 

Por su parte, Yáñez Rosales estima que esta lengua pudo hablarse por última vez del siglo XVI al XIX, por lo que el registro de la misma es demasiado limitado. Explicó que cuando el autor José Ignacio Dávila Garibi buscó, mediante su libro El problema de la clasificación de la lengua coca (1943), explicar el origen de este idioma, logró identificar palabras cocas como: 

  • Taznahui: es el nombre para el lugar que hoy se conoce como Ocotlán. Significa “lugar de ocote” o “lugar de teas” (madera proveniente del pino que se utiliza para quemas).
  • Hey: existe la hipótesis de que esta palabra (utilizada para decir “sí” en una región amplia del Occidente mexicano) podría ser de origen coca, ya que coincide con el diptongo empleado para decir “sí” en varias lenguas yuto-aztecas (a excepción del náhuatl). 
  • Tonchi: usado hasta la fecha en muchas zonas de Jalisco como una manera de hablarle a los gatos, se dice que proviene de la lengua coca, aunque no se ha podido comprobar. 

Sin embargo, la búsqueda no se ha detenido ahí. Según nos cuenta Noel Contreras, gracias al trabajo de los historiadores locales, junto con Rocío Moreno, se han logrado rescatar 80 palabras cocas hasta el momento, obtenidas mediante exhaustivas investigaciones. 

“Consistieron en profundizar en registros de una investigación que hizo el Colegio Industrial de Chapala; en revisar mapa y estudios realizados en Tlajomulco y la zona del lago de Cajititlán; en intentar rescatar algunas palabras que la misma gente de Mezcala aún hablaba, muchas de ellas aprendidas del pueblo vecino de San Pedro Itzicán”, mencionó la académica del CUCSH. 

Entre las palabras rescatadas se destacan: 

  • Tlaltepetl: nombre que los indígenas daban a la isla de Mezcala (en honor al dios Tláloc; petl significa piedra o roca, traduciéndose como “isla de roca y agua”).
  • Mezcalapa: de donde proviene el nombre de Mezcala; significa “la casa de la luna en el agua” (meztli significa luna, apan en el agua).
  • Nola: nombre en lengua coca de la piedra sagrada de casi 50 metros venerada al pie del cerro más alto; significa “la vieja”, “la buena abuela”, “la sabia” o “la venerada”.
  • Nacatequilís: nombre del ritual de iniciación que realizaban los jóvenes varones en la isla, el cual significa “me corto la oreja y sangra”.
Foto: Gustavo Alfonzo

Sin lengua no hay reconocimiento

Fue hasta agosto del año 2024 que la comunidad de Mezcala apareció por primera vez en el Catálogo nacional de pueblos indígenas, es decir, fue reconocida por el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), lo que provocó una serie de modificaciones a la Ley sobre los derechos y desarrollo de los pueblos y comunidades indígenas de Jalisco, donde sólo eran reconocidas las culturas wixárika y nahua.

Sin embargo, en el Estado la cosa es muy diferente. Mezcala no es considerado un pueblo indígena, debido a que las autoridades argumentan que la comunidad perdió su lengua, usos e indumentaria indígena.

Según datos del sitio de noticias independiente Perimetral Press, la Comisión Estatal Indígena de Jalisco ha “dejado pasar” este reconocimiento por falta de dictamen técnico, esto desde 2024, por lo que el tema parece estar pausado y detenido en el tiempo. 

Para Amnistía Internacional, cuando un pueblo originario no es reconocido por el Estado puede provocar exclusión de sus marcos jurídicos, causando la vulneración sistemática de sus derechos humanos, incluyendo la pérdida de territorios ancestrales, falta de acceso a servicios básicos, marginación política y discriminación estructural.  

Esto lo sabe bien el pueblo de Mezcala, que ha tenido que luchar por la reivindicación de sus derechos, sobre todo el de ser propietarios de sus tierras. 

Legalmente, la localidad cuenta con una extensión territorial que supera las tres mil hectáreas, incluyendo la Isla de Mezcala, considerada “el corazón de la comunidad” y, según explicó el historiador Noel Contreras, para respetar el estatuto comunal que se ha conservado por más de 500 años se mantiene la postura de no vender tierras a gente de fuera, por lo que los visitantes pueden acampar, rentar habitaciones de hotel o en alguno de los pocos hostales, pero no comprar.

Foto: Gustavo Alfonzo

Actualmente, el territorio es administrado por la Asamblea de comuneros, presidida por el comisionado (presidente, secretario y tesorero) y el consejo de vigilancia (presidente, secretario y tesorero), junto con los ancianos y todos los integrantes del censo básico de comuneros, quienes rigen la comunidad bajo asamblea y un estatuto propio; sin embargo, la deuda con la población por parte del Estado permanece. 

Jalisco ha argumentado la falta de la lengua para no considerarlos como pueblo originario; es decir, sostienen que como el coca ya no se habla, entonces la comunidad no existe como indígena”, mencionó Rosa Yáñez.

La investigadora agregó que existe una falta de voluntad política y de empatía por parte del gobierno, ya que hay pruebas documentales del siglo XVI que delimitan perfectamente al pueblo coca y su extensión territorial; además, existe una postura de prejuicio por parte de sectores oficiales, dijo. 

“El gobierno ha señalado que la comunidad nada más quiere pedir dinero, ignorando la deuda histórica, económica, de reconocimiento y diversidad lingüística y cultural que el Estado tiene con estos pueblos. El Estado mexicano promovió históricamente la idea de que hablar una lengua indígena era la causa de la pobreza; sin embargo, las comunidades reclaman que ahora hablan español y siguen siendo pobres, por lo que exigen que el gobierno invierta en investigación, en dar presencia a la lengua y en permitirles recuperarla”, agregó Yáñez.

Foto: Gustavo Alfonzo

Música, baile y poesía: señales de resistencia

Debajo de un kiosco de cantera, a pocos pasos del lago que parece nunca tener fin, don Noel Contreras comienza a contarnos la historia de Mezcala; una que incluye a indígenas defensores del territorio, a colonizadores dispuestos a robar la tierra, a frailes e insurgentes preparados para luchar por la libertad; ésa que fue ganada a base de sangre, sudor y esfuerzo por parte de los pueblos originarios. 

Aquella lucha y resistencia continúa presente en el aire limpio que se respira en Mezcala y se mantiene viva mediante tradiciones que alegran los días de fiesta en el pueblo. 

Noel Contreras explicó que la comunidad cuenta con tres danzas consideradas autóctonas, a las cuales Mezcala les ha dado un toque especial. Como la Danza de los tlahualiles, que representa la alegría, la siembra y el fin de la cosecha, así como también la “luz” y el “guerrero” (por ello a los danzantes se les llama “guerreros de luz”).

La Danza de los huenches, que significa “baila viejo baila” o “mi querido viejito”, que es la danza de los abuelos, caracterizada por el uso de una trenza de flores de papel que llega hasta abajo, una máscara, un traje llamativo (“chillante”) y una sonaja; y, finalmente, la Danza conquista, que consiste en una representación con una fila de aztecas y otra de españoles, la cual cuenta la historia de la defensa de la isla y el pueblo de Mezcala. 

Producto de este choque entre españoles e indígenas, la música en Mezcala es, hasta la fecha, una mezcla de tradiciones; el balance perfecto entre el “viejo continente” y la civilización espiritual de los indígenas que habitaban estas tierras, y que se toca con peculiares instrumentos, como la gaita, la chirimía y la vihuela. 

La creación de poemas y canciones también forma parte de las actividades artísticas que se realizan en la comunidad. El propio Noel Contreras compartió un poema de su autoría, titulada “Los insurgentes de Mezcala”, que rinde homenaje a la lucha histórica de los indígenas de la isla contra los españoles entre 1812 y 1816.

El movimiento insurgente
surgió en Mezcala
con Encarnación Rosas 
y José Santana. 
Fueron cuatro años de lucha 
y nunca se rindieron, 
en todas las batallas nunca los vencieron. 
Ofrendaron su vida por darnos tierra y libertad. 
Hoy los recordamos por su valor y lealtad. 
Mezcala tiene historia 
por estos seres valientes 
y en honor a su memoria 
estamos todos presentes. 
El indulto se les dio
con toda consideración 
y el armisticio se firmó 
con dignidad y gran honor. 

Foto: Gustavo Alfonzo

Gráfica y revolución

Fue durante el periodo de la Revolución Mexicana que el grabado tuvo un impacto mayor en nuestro país, convirtiéndose en el estandarte visual de la lucha campesina y obrera que, a través de poderosas imágenes en claroscuros, denunciaba las desigualdades, documentaba el conflicto y ayudaba a difundir los ideales revolucionarios.

Entre robles arraigados a las profundidades del lago de Chapala, con el ruido de las cigarras que cantan y, según cuentan, anuncian la llegada de las más pesadas lluvias, subsiste el taller de gráfica “La Chayotera”, una casa pintoresca, amarilla Barragán, con bugambilias y enredaderas, donde niños y niñas toman clases de linografía, dibujo y pintura sobre mesas de fibras y cuero, y donde aquellos ideales revolucionarios revolotean al mismo ritmo que las alas de las mariposas que se posan cerca de las flores. 

En este taller, dirigido por Rodolfo Moreno, estudiante de la licenciatura en Artes plásticas del CUAAD y la maestra María Asunción Moreno, se instruye a más de 15 niños, niñas y jóvenes de entre 8 hasta 18 años, diferentes técnicas de grabado, dibujo y pintura, ofreciendo un espacio creativo, digno y comunitario. 

Foto: Gustavo Alfonzo

Para Rodolfo representa una oportunidad para que las y los niños conozcan su cultura, sus tradiciones y sus orígenes, incluyendo la lucha de la comunidad y cómo ha aportado esto a la cultura de Jalisco; todo esto, mientras se alejan de actividades nocivas que prosperan en la región, como el narcotráfico y la drogadicción. 

“Consideramos que la gráfica es muy importante, porque a través de ella se puede hacer protesta. Utilizamos esta disciplina para expresar lo que no queremos y manifestarnos en contra de cuestiones que dañan a la comunidad. Los niños han elaborado carteles para protestar específicamente contra problemas como la contaminación del agua y contra las industrias o empresas que quieren apropiarse de estas tierras”, comentó Moreno. 

“La Chayotera” ha abierto sus puertas a artistas de diferentes latitudes, quienes mediante la gubia y la piel sintética, han logrado impactar positivamente a las y los alumnos, además de tener un acercamiento con las tradiciones y costumbres de Mezcala. 

Según mencionó María Asunción, este taller ha logrado sostenerse gracias a la venta de su arte, que ha sido expuesto en galerías tapatías como Distrito 350, Café Tenango y Plataforma, lugares que han permitido a las y los pequeños artistas mostrar un poco de su cosmovisión, preocupaciones y sueños.

Video: Identidad más allá de las palabras. La resiliencia de Mezcala

MÁS NOTAS

Post Views: 35