domingo, agosto 16, 2026
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Fragmentos de una estancia en Vitoria

Tras avanzar en su carrera en CULagos, Ilse Nizel sintió que había llegado el momento de llevar la teoría a la práctica y vivir de cerca la cultura de otros países

Originaria de Tepic, Nayarit, Ilse Nizel León Lomelí cursa actualmente el octavo semestre de la licenciatura en Lenguas extranjeras del CULagos. Quienes conviven con ella en las aulas conocen su dedicación al estudio de los idiomas, un interés que la llevó a enfocar su trayectoria académica en el área de francés.

Tras haber avanzado la mayor parte de su carrera en el CULagos, sintió que había llegado el momento de llevar la teoría a la práctica y vivir de cerca la cultura de otros países. Por ello, al llegar a su séptimo semestre, decidió dar un paso clave y postularse al programa de movilidad académica de la Universidad de Guadalajara.

Para los estudiantes de su licenciatura, hacer un intercambio exige revisar minuciosamente los programas académicos de las universidades receptoras para encontrar equivalencias exactas.

Para nosotros, que somos de lenguas, hay bastantes opciones, sorprendentemente”, comparte Ilse al recordar la etapa en la que organizaba sus opciones. Su meta era revalidar asignaturas fundamentales de su especialidad, como Francés y Taller de traducción francés-español, mientras utilizaba los créditos de sus materias optativas para cursar asignaturas de su interés.

Tras un retador proceso de selección, papeleo y ajustes de horarios, la convocatoria terminó marcando su rumbo hacia la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco, en el municipio de Vitoria-Gasteiz.

Con esa planeación académica en marcha, Ilse emprendió el viaje a un territorio que no conocía. Antes de abordar el avión, imaginaba una localidad pequeña y apacible donde sus días transcurrirían enfocados casi en su totalidad en las exigencias de la carrera.

“Pensé que mi rutina se limitaría sólo a las clases, sin oportunidad de explorar mucho más allá”, recuerda al comparar sus ideas iniciales con la realidad. “Esperaba una vida muy tranquila, pero me equivoqué; encontré muchísima vida en la ciudad y entendí que el mayor aprendizaje también está afuera, en las experiencias y en la gente que conoces”.

Una vez instalada en Vitoria, la experiencia cotidiana la puso en contacto directo con una parte de la identidad cultural del territorio: el euskera (o vasco), la lengua propia de la región. A diferencia del español, el francés o el italiano, el euskera es una lengua aislada, lo que significa que no tiene ningún parentesco con las lenguas romances ni indoeuropeas, haciendo imposible su comprensión de forma intuitiva sin haberla estudiado previamente.

En el País Vasco el euskera está por todos lados; no hay una sola calle que camines sin escucharlo o verlo en los letreros”, detalla Ilse. A lo largo de su estancia, terminó incorporando a su vocabulario cotidiano palabras clave como calea (calle) o el habitual agur(adiós), descubriendo de cerca la riqueza de esta lengua milenaria.

Esa sensibilidad ante la diversidad lingüística se trasladó rápidamente a las aulas de la Facultad de Letras, donde compartió clases con estudiantes de diversos países de Europa y Latinoamérica. Al no dominar todos el español, el inglés se convirtió en la vía principal de integración comunitaria. Para Ilse, esa convivencia se transformó en un ejercicio constante de empatía.

“Influyó bastante en mi formación porque jamás me había vuelto tan consciente de cómo comunicarme. Al convivir con personas de tantos países, aprendí a hablar más despacio y a buscar la manera de explicar nuestras costumbres para que todos se incluyeran en la conversación”, relata.

Al reflexionar sobre los aprendizajes que se lleva para su desarrollo profesional y laboral, destaca principalmente la comunicación intercultural y la capacidad de resolución de problemas.

“Tuve la oportunidad de mejorar la forma en que hablo con personas que tienen experiencias distintas y  llegar al punto en el que ambas partes se entienden”, señala. Para ella, enfrentarse a situaciones imprevisibles y gestionar su día a día de manera independiente le permitió desarrollar habilidades que trascienden lo académico; además, esta misma capacidad de gestión y adaptación le dio la oportunidad de organizar su tiempo para viajar y conocer otros países durante su estancia, enriqueciendo aún más su visión del mundo.  

Para quienes contemplan iniciar un proceso de movilidad académica, Ilse deja algunas recomendaciones muy concretas:

1. Sean muy organizados con sus documentos y ténganlos siempre a la mano en una carpeta.
2. Hagan cuentas desde el primer día y dividan su dinero entre renta, comida y gustos.
3. Pierdan el miedo a acercarse a la gente, pues todos llegan solos y también quieren hacer amigos.
4. Busquen aerolíneas baratas para viajar y, como consejo extra, eviten rentar un Airbnb en Francia.
 

Y concluye con un mensaje para la comunidad universitaria: “Háganlo, es una gran experiencia. Sé que da miedo por la parte económica, pero vale la pena hacer todo el proceso porque vuelves como una persona completamente transformada”.

Atreverse a realizar un intercambio moldea la trayectoria de cualquier universitario, integrando el aprendizaje de aula con las lecciones más valiosas de la vida cotidiana. Más allá de los objetivos académicos cumplidos y las competencias lingüísticas desarrolladas, el paso de Ilse por el País Vasco reafirma que el gran regalo de cruzar fronteras es la gente con la que coincides, esos amigos que transformaron un semestre de estudios en un viaje inolvidable.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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