martes, agosto 11, 2026
martes 11, agosto, 2026

Aprender a mirar el territorio como ingeniero en Recursos naturales y agropecuarios

Egresadas del CUCSur coinciden en que elegir esta profesión implica comprender las relaciones entre la naturaleza y la sociedad

En una región donde en pocas horas es posible pasar de las montañas y los cultivos a la costa, estudiar ingeniería en Recursos naturales y agropecuarios (IRNA) significa aprender a entender el territorio como un conjunto de relaciones. El agua, el suelo, los ecosistemas, los cultivos, los animales y las comunidades forman parte de un mismo sistema, y atender sus problemas requiere de una mirada interdisciplinar.

Así lo han vivido Andrea Valentina Tovar Vaca, estudiante que está por comenzar quinto semestre de dicha ingeniería en el CUCSur; Gloria Paulina Preciado, recién egresada de la misma carrera y Maru Rubio Castañeda, egresada y próxima a comenzar una maestría en Ecosur. 

Desde distintas etapas de su formación, las tres coinciden en que convertirse en ingeniera en recursos naturales implica más que aprender sobre ecosistemas, significa comprender las relaciones entre naturaleza y sociedad, acercarse a las comunidades y encontrar maneras de poner el conocimiento al servicio del territorio.

“Es una mezcla entre biología, lo social y agronomía”, explica Andrea Valentina. Para ella, una de las principales características de la carrera es esa visión integral: “No nos enfocamos simplemente en una cosa, sino que vemos todo lo que se relaciona con eso, en lo social con las comunidades, con los cultivos, con lo referente a la ciencia”.

Esa mirada comienza a construirse en el aula, pero toma otra dimensión en el campo. Las prácticas en lugares como la Sierra de Manantlán, campamentos tortugueros y comunidades aledañas les permiten a los estudiantes conocer en directo los ecosistemas que estudian. 

Andrea Valentina recuerda que una de las primeras cosas que la sorprendió fue descubrir la biodiversidad que existía tan cerca de su ciudad. Con el tiempo, esa observación se convierte en una forma distinta de relacionarse con el entorno: “Empiezas a notar los pequeños detalles que normalmente no se ven, se hacen más obvios”.

Para Gloria Paulina, esa transformación también pasa por reconocer la relación entre las personas y la naturaleza. “Parte de ti forma parte de la naturaleza, parte de la naturaleza forma parte de ti. Y estás en conexión”.

Desde su perspectiva, el trabajo de un ingeniero en Recursos naturales y agropecuarios puede entenderse en tres distintas áreas: aprovechamiento, conservación y restauración.

“Se divide en tres sectores, aprovechamiento, conservación y restauración; aprovechamiento, porque te enseñan a explotar el recurso sin sobreexplotar; conservación, porque cada espacio es importante para el equilibrio y restauración, porque somos los encargados de acercar a las personas las herramientas para volver a recuperar parte de la salud de sus tierras, de sus plantas, de sus animales, de ellos mismos”, relata.

Resume su papel en una frase: “Somos facilitadores, mas nunca la solución completa”.

Ser facilitador implica también reconocer que la universidad no tiene todas las respuestas. Una parte fundamental de la formación ocurre cuando los estudiantes salen del aula, conocen otros territorios y escuchan a quienes viven en ellos. Para Gloria Paulina, ese acercamiento le permitió comprender problemas que difícilmente aparecen en un salón de clases.

“Aprendí que hay silencio, que hay conocimiento. Ahí hay saberes en la palabra, en lo que callan y en lo que comparten las comunidades. Aprendí el valor de respetar nuestras raíces y nuestro origen; el valor de avanzar, de ser resilientes; el valor del trabajo duro y honesto”, recalca con emoción.

Para un ingeniero en recursos naturales acercarse a las comunidades significa entonces mucho más que llevar información; implica escuchar, reconocer conocimientos construidos durante generaciones y entender que las personas que habitan un territorio también tienen respuestas y herramientas para enfrentar sus problemas. Ahí aparece una de las responsabilidades más importantes de la profesión: compartir. No basta con investigar un ecosistema, identificar un problema o desarrollar una herramienta, si ese conocimiento permanece únicamente dentro de la universidad. El reto está en encontrar la manera de devolverlo a las comunidades, explicarlo, hacerlo accesible y utilizarlo para que las personas puedan tomar decisiones sobre sus propios territorios.

La experiencia de Maru muestra cómo la formación puede convertirse, con el tiempo, en una forma distinta de mirar el territorio. Ahora egresada, recuerda que durante la carrera el contacto con las comunidades y el trabajo de campo fueron fundamentales para comprender que los problemas ambientales rara vez tienen una sola causa. “Ahí es donde sale el conocimiento”, explica. “Aprendes cómo las comunidades están manejando realmente los recursos, cómo se están adaptando al cambio climático, cómo están haciendo frente a la crisis climática y cómo están tomando decisiones y organizándose”.

Esa experiencia también transforma la relación entre quien estudia los recursos naturales y las personas que habitan los territorios. “Después puedes aportar ideas o conocimientos, pero ellos también siempre te van a aportar a ti”, señala.

Su trayectoria refleja una de las posibilidades de la carrera: pasar del conocimiento adquirido en las aulas a espacios donde las decisiones sobre el ambiente realmente ocurren. “En realidad, entender todo el contexto es como mi superpoder”. No se trata solamente de conocer los ecosistemas, sino de entender a las personas, las instituciones y los conflictos que existen alrededor de ellos.

En IRNA, conocer la naturaleza también implica comprender las relaciones que existen alrededor de ella: las comunidades que la habitan, los problemas que enfrentan y las decisiones que determinan su futuro. Es aprender a observar, cuestionar, escuchar y, sobre todo, a compartir el conocimiento para convertirlo en algo que pueda regresar al territorio. 

Aprender sobre el territorio también implica aprender a compartirlo: compartir conocimiento, escuchar saberes y construir soluciones junto con quienes lo habitan.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

MÁS NOTAS

Post Views: 25